viernes, 17 de enero de 2020

MADELEINE

MADELEINE



Cuando Picasso llegó a París, a Montmartre , se instaló en 1904 en el Bateau Lavoire, que al principio una fábrica de pianos y después una cerrajería, o algo parecido, pero con el tiempo el dueño decidió convertirlo en una especie de estudios-apartamentos, con una mala construcción, humedad, carencia de luz y de gas, y en invierno se helaban las tuberías y el olor a moho impregnaba aquel laberinto de pasillos oscuros y escaleras desgastadas...

El poeta Max Jacob amigo de Picasso, había bautizado como Bateau-Lavoir aquella casa de los altos de Montmartre, porque realmente se parecía a una de las barcazas del Sena en que trabajan las lavanderas. Era un ruidoso y desvencijado edificio construido con maderas, cinc y sucios vidrios, del que sobresalían las chimeneas de las estufas. El caserón apenas tenía luz y solo disponía de una fuente para todos los inquilinos. En verano un verdadero horno; en invierno, una nevera, pero de alquileres baratos que se ocuparon enseguida. 




Allí pasaría el pintor malagueño sus primeros cinco años parisienses, en un ambiente bohemio…Montmartre, la hija pecadora del París de la Belle Époque, un mundo casi rural y mundano, donde rivalizaban las chicas del Can-can del Mouline Rouge, al pie de la colina, donde Germaine Aymos se hiciera famosa quitándose la ropa en la búsqueda infructuosa de una pulga…

Montmartre, donde los artistas de la pintura y la poesía moderna se entregan en los brazos del alcohol y del opio, convirtiendo la noche en día, y el día, del mediodía a la noche de nuevo, en unas calles donde se pintan retratos de forasteros ladrones, mendigos artistas, pícaros callejeros, prostitutas modelos, modestas lavanderas, vendedores callejeros, costureras, buscavidas y Madeleine…con la vida entre bastidores de Le Chat Noir en el Boulevard Rochechouart, donde el vino malo tenía la fama de ser bien servido y mejor bebido por los poetas y pintores que llegaban escoltados por el guardia suizo vestido de oro de la puerta, cuya tranquera era infranqueable a los sacerdotes y militares de una Francia de la Tercera República, recién estrenada tras el fracaso del Napoleón III contra los prusianos en la batalla de Sedán…




Le Chat Noir, que sirviera de inspiración a Els Cuatre Gats de Barcelona, Le Chat Noir y Madeleine, donde un trago de vino malo hacía las veces de cena…Le Chat Noir, las calles oscuras del Montmartre, el ruido de vasos y barros de taberna, el canto de risas embriagadas de poetas y pintores, pícaros de taberna y busconas hambrientas vestidas de modelos y musas y Madeleine…Madeleine, cuya belleza frágil, delgada, casi enfermiza, dejaba embriagado a Picasso, y la pintaba después de darle a cambio lo que bastase para mal comer en la Comida Frugal y triste de un dormitorio de catre, o inmortalizando sus dotes en el periodo azul de La Planchadora…




Madeleine, la mujer de mirada triste, quedaba embarazada, para abortar después, y marcharse en el mismo sigilo con el que había llegado, y con el que había vivido dentro de los cuadros del pintor, o formado parte de aquel teatro de sombras de su vida, donde una lámpara en la noche, y una figura de mujer, dan vida juglar y comediante al anhelo de un sueño de verano, o al amparo de una fría lluvia de invierno, bajo el arrebato lascivo de una primavera eternamente carnal, o en el otoño del silencio de la soledad, y el olvido…

Símbolo del “Periodo Azul” de Picasso, reflejo dramático de la tristeza, el dolor, la desolación y la pobreza, teñido en su pintura Madeleine es la esencia no la manera gozosa de la imagen de la mujer, en toda su desnudez, como solía escenificar Picasso, si no el propio simbolismo de la miseria sistemática de la que emana una profunda tristeza, en un prototipo de mujer joven, delgada, enfermiza, y con una belleza extremadamente frágil, cuando la propia fragilidad de la belleza se rompe al mismo tiempo que se parte en mil pedazos el amor. En la imagen, Madeleine, posando para la obra “Joven en camisa”.



Fue durante aquel verano de 1904 en el que apareció Madeleine, la cual aparece en varios dibujos y pinturas como "La mujer del acróbata" (Instituto de Arte de Chicago).



Fue Madeleine quien inspiró el tema de "La familia de Arlequín" (1905). Este es el punto de partida por una vida sentimental que marcaría su obra y dejaría bastantes cadáveres por el camino…poco antes, ya había tenido sus remedios nocturnos con Margot, una prostituta a la que significaría en una sublime imagen que lo dice todo en “La mujer del Cuervo”.




Pero Madeleine era otra cosa, Madeleine significaba la frialdad comparable al contrapunto de la austeridad cromática en su pintura, y en su sentimiento, con un embarazo perdido, y una mirada vacía en la fijación por la propia conformidad de su suerte…imágenes de madres y bebés de esa época crecían en su imaginación, como una reflexión de su propia existencia, y su recuerdo lo inmortalizó en esos puntos de la miseria de la vida en una imagen de “La Comida frugal”.




Madeleine era el rostro de la compasión abandonada que clamaba a la misericordia en el olvido, a un aire fugaz de frescura que se apagaba antes de llegar, como si no hubiera estado nunca, como si de un efímero sueño se tratara, Picasso comenzaba así su andadura por el campo del amor lleno de flores, con la única idea en su mente de marchitarlas a todas.



Madeleine siguió ocupando el imaginario del artista aún tras haber conocido a Fernande Olivier en 1904. Podríamos decir que ella fue la síntesis femenina del periodo azul, mientras Fernande representaba para Picasso otra cosa, ella era igualmente bella, pero robusta y llena de vida…sin duda, esa doble relación en sus inicios, el abandono de Madeleine a favor de Fernande escenifica en la vida de Picasso el paso sin ruptura del periodo azul como metáfora de la antigua amante a la paleta rosa, pero eso vendrá después…

La mirada triste de Madeleine, escenifica la suerte de otras muchas que vinieron detrás, pero ella tuvo la fortuna de salir de su vida, sin ser convertida en un adefesio enmarcado en una pared, al menos, su tristeza pudo pasar al recuerdo de una tonalidad esencia del romanticismo, para ir pasando a convertirse casi en una materia, luego en una luz, y finalmente en una sensación de tristeza.




Aingeru Daóiz Velarde.- 








miércoles, 1 de enero de 2020

CACEROLAZO DIGITAL



¡¡CACEROLAZO DIGITAL !!




EXIJAMOS QUE, LA OPOSICIÓN SE UNA PARA SALVAR A NUESTRO QUERIDO PAÍS ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE.
QUE DEJEN SUS DIFERENCIAS PARA OTRO MOMENTO Y QUE ELLOS JUNTOS CONVOQUEN A UN ACTO DE DESAGRAVIO PARA IMPEDIR QUE SIGAN HACIENDO LO QUE SE LE VIENE EN GANA.


¡Vamos con el cacerolazo digital! 1 x 10.
Este es un cacerolazo DIGITAL
Hay que demostrar que somos más los descontentos con su PROYECTO POLITICO!!!! . Ellos son nuestros empleados... NOSOTROS SOMOS EL ESTADO !


DICHO DE MANDELA (ex presidente de Sudáfrica):
"NO ME PREOCUPAN LOS GRITOS DE LOS DESHONESTOS,DE LA GENTE SIN ESCRÚPULOS Y DE LOS DELINCUENTES*... MÁS, ME PREOCUPA EL SILENCIO DE LOS BUENOS"... 


DEDICA 1 MINUTO DE TIEMPO POR TU PAIS
Envía este mensaje, hoy mismo, a 10 personas más y pídeles que continúen enviándola.
Implementa tu mismo el 1 x 10.


Sé parte y haz lo posible que este mensaje pueda llegar a millones de personas.
Por un PAIS libre, por la verdadera paz, por un país sin odios, ni divisiones, ni rencores, ni perseguidos.

No más distribución de la pobreza.
Por un país seguro, donde exista el Estado de Derecho y se ponga en prisión al delincuente, al ladrón de cuello blanco, a los asesinos sueltos que andan por las calles, a los terroristas escondidos en casas de pueblos tranquilos.

Que nuestros recursos no sean dilapidados, y mucho menos, regalados a los amigos y socios del poder.
Si te quedas callado o indiferente, continuaran haciendo lo que le venga en gana... y seguirán usando nuestros dineros como más les convenga.
Su gran ventaja... ha sido nuestra apatía!!! y cuentan con que sigamos siendo apáticos.
¿Hasta cuándo la apatía y la falta de reacción de nuestro pueblo!!!???...

Recordemos que los dictadores... llegan hasta donde su pueblo los deja llegar!!!...
Por tí, por tus hijos, por nuestros hijos, por nuestros nietos, por todos nosotros.

NO ROMPAS ESTE CACEROLAZO DIGITAL !!!MUCHAS GRACIAS!!!!! 





sábado, 28 de diciembre de 2019

LA MALDICIÓN DE NOTRE DAME



Fue en uno de esos baches de la vida, en los que el tedio y la desolación se habían propuesto hacer guardia y enclaustrarme dentro del presidio de mi conciencia, para buscar ahí alguna lógica a ese paso del tiempo en el que uno, empieza a hacerse demasiadas preguntas a las que no puede contestar…me dio entonces por indagar en la lectura, por la que había perdido un poco de afición, y retomar de nuevo la senda de las letras, esta vez, en clásicos franceses como la comedia humana de Honoré de Balzac, Madame Bovary de Gustave Flaubert, Alexandre Dumas y el Conde de Montecristo, Víctor Hugo, con quien hice doblete con Nuestra Señora de París y Los miserables, y algunos poemas de Charles Baudelaire, del cual me quedé con una frase que dice que hay un invencible gusto por la prostitución en el corazón del hombre, del cual procede su miedo a la soledad...y quizás fue ese miedo a la soledad, lo que me hizo tomar la decisión de salir en busca de algo que ya había perdido la ilusión de encontrar. 





Tengo que reconocer, que nunca me apeteció demasiado viajar a París, pero la esperanza se había abierto de nuevo paso de entre las malezas del desengaño, y la decepción por uno mismo empezaba a plantearse más como un yerro del destino, al cual lo separa un pequeño paso de la casualidad, o la mala suerte, con lo que empecé a creer más en aquel pensamiento, no sé de quién, que dice que del único destino que podemos estar seguros, es el de la muerte, y recordé e hice mía una frase de Mahatma Gandhi que leí en uno de esos libros sobre los pensamientos negativos para intentar ahuyentar a los cuervos de mis reflexiones, que dice que el hombre se convierte en lo que él cree de sí mismo…



No estaba como se dice, el horno para bollos, pero tras una amigable y entretenida charla nocturna en compañía de un doctor escocés de doce años de nombre Cardhu, me templó el espíritu, y acepté la invitación de Agnes, una entrañable señora, algo ya entrada en años, como un servidor, y que intentaba aferrase, quizás por última vez, al tren de la esperanza, también como un servidor, y con la que tuve ciertas aspiraciones sentimentales tiempo atrás, que por razones de intendencia emocional, se habían quedado en otra estación… Agnes había estudiado y dado clases de danza en Londres… bella como la luna, menuda y morena, pero de una mirada radiante cuya gracia envenenaba de pasión el corazón. La llegué a conocer gracias a cierta negociación de compra y venta de antigüedades, en este caso, de una serie de libros, de los que su padre, era propietario, y el cual, era de origen español, cosa que avivó el interés de nuestra simpatía. 


Agnes me había invitado a París, donde sus padres residían, y con los que hice una buena amistad, como ya he dicho. Me dijo que no era el mejor de los momentos para ver París, puesto que la ciudad estaba sumida en la tristeza por el incendio sufrido por el alma de la ciudad, la Catedral de Notre Dame, pero siempre sería buen momento recordar que París era la ciudad del amor, y no Agra, con su espectacular maravilla del mundo, el Taj Mahal, gran palacio que fue construido en honor a la esposa favorita del emperador Shah Jahan, como pensaba yo.


El encanto del río Sena, un beso pasional frente a la Torre Eiffel, el Temple Romantique que se sitúa en Île de Reuilly, un lugar para susurros prohibidos en mitad de un pequeño lago, el barrio bohemio de Monmartre y su muro de “los te quiero”, e incluso un puente del que no recuerdo su nombre, lleno de candados, pero sobre todo, la Catedral de Notre Dame…




Una fina lluvia, casi imperceptible, bañaba la tarde noche de París, y a lo lejos, en las alturas de Nuestra Señora, nos observaban las gárgolas, esos animales fantásticos que prolongan los canalones, y más arriba, las quimeras que nacen de la imaginación y las lecturas de Eugène Viollet-Le- Duc, que miran de reojo a su reina, la Stryge, esa vampiresa insaciable que representa a la lujuria…





Agnes, me miró en silencio, divertida ante mi admiración, al observar y tocar con mis manos los muros de la Catedral de Notre Dame atacada por la quimera del fuego. Mi dulce compañera se apiadó de mí, y me contó la hazaña de esta hija de campesinos, que comenzó con la aparición del arcángel Miguel que protegía el reino de Francia. Juana de Arco escuchaba los mensajes divinos que en su día la incitaron a la acción; debía unirse al ejército del rey de Francia y recuperar los territorios ocupados por los ingleses. Se limitó a cumplir la voluntad de Dios, según confesó posteriormente ante los jueces de la Inquisición que la sentenciaron.

La joven doncella se desplazó a Chinon, donde se encontraba la corte de Carlos VII, y ataviada con ropas masculinas, tal y como le habían indicado las voces, convenció al delfín de que ella era la enviada para ayudarle a reconquistar Francia. Equipada con una armadura blanca y portando un estandarte, como ha sido representada en numerosas pinturas, se puso al frente de las tropas y obligó a los ingleses a levantar el sitio de Orleans, derrotó al general británico Talbot en Patay y, ese mismo año, Carlos VII fue coronado rey en Reims, el 17 de julio de 1429. Sin embargo, un año después, y tras el fracaso de la ofensiva contra París, fue hecha prisionera y entregada a los ingleses, que la acusaron de herejía y la condenaron a morir en la hoguera.


Juana de Arco no se retractó, sino que reafirmó sus revelaciones y atada a una estaca y condenada por herejía, fue quemada viva en la plaza del Mercado Viejo de Ruán, al noroeste de Francia, y sus cenizas fueron arrojadas al río Sena… Por cierto, Juana de Arco, jamás fue beatificada en Notre Dame, pero en su interior, la imagen de la joven santa, daba un calor especial al alma de las gentes que la observan en silencio.



Recordé las palabras de Nostradamus, “Un símbolo de la cristiandad en Francia o España arderá en fuego purificador. Nuestra Señora llorará por todos nosotros y brillará en la lejanía. Con la entrada de la primavera una iglesia de todos los tiempos arderá por los pecadores”…


La Isla de la Cité, a orillas del Sena, estaba desierta, y el manto oscuro de la noche empezaba apenas dejar pasar la luz del cuarto menguante de luna… paseábamos en silencio, con el único sonido del compás de los zapatos de Agnes, y con el pensamiento en la evocación de nuestro último encuentro un par de años atrás, cuando salí de París por un incendio del espíritu, y regresaba de nuevo tras un incendio del alma de la ciudad, no podía recordar quién dijo alguna vez que la casualidad, es la otra cara del destino, ¿o era que el destino, era una simple casualidad?...


En estas cosas estaba, mientras Agnes, con la mirada perdida en el ocaso de las emociones, se atrevió a tararear una canción para un recuerdo de tiempos, para no olvidar en el mejor de los casos, o para borrar para siempre de la memoria y romper el disco, cuyo título era “Venecia sin ti” de un tal Charles Aznavour, víctima de un proyecto en común que jamás pudimos llevar a cabo, cuando de repente, desde un lateral de la Catedral, se entreabrió la puerta del Diablo, bautizada como puerta de Santa Ana, y desde cuyo interior salió una fantasmagórica figura , presentándose como el cerrajero Biscornet, quien vendiera su alma al diablo para que le ayudara en su trabajo de orfebrería, puesto que según nos dijo él era el artesano del trabajo en la citada puerta…miramos hacia uno y otro lado sin saber qué hacer, y Agnes, aterrada, se aferró a mi brazo con fuerza, y la impresión, nos dejó mudos a los dos…




Nos invitó a pasar con un gesto de silencio, y en susurros, nos contó la maldición de Notre dame. Al poco de su muerte, tras unos días después de haber terminado su trabajo, nadie sabía cómo abrir la Puerta del Diablo que llevaban la ornamenta de Biscornet… pero cuando comenzó la ceremonia de apertura, un sacerdote, contratado para bendecir la catedral, oró y arrojó agua bendita a sus puertas para finalizar la bendición. Ahí, para sorpresa de todos, las puertas se abrieron…el Diablo, contrariado, colocó con su mano las gárgolas como símbolo de su poder y escupió sobre ellas, dando la sentencia a la Catedral que unía los caminos de Francia, y por ende, de la Europa entera…el alma de Biscornet, quedaría condenada eternamente a vagar por las inmediaciones de la Catedral.


Más allá, desde las apagadas tinieblas del interior, se escuchó un gemido, un llanto tenue, casi un lamento, y de entre las cenizas de la Catedral de Notre Dame, surgió sucia y ennegrecida la imagen de una legendaria mujer, con una espada en el flanco izquierdo, y una bandera entre sus brazos, cuyas manos unidas en un gesto de plegaria, levantaba su mirada hacia el cielo desde el mismo pedestal de roca adherida a las paredes de la Iglesia…su suerte de campesina, se unió a la historia que Víctor Hugo le diera a su vez a la gitana Esmeralda, rompiendo el corazón, y avivando la llama de la leyenda. 


De pelo corto, y un vestido casi masculino, casi parecía hablarnos, para contarnos la maldición del diablo, después de que fuera condenada viva a la hoguera por el duque Juan de Bedford, y las gárgolas cobraran vida al caer la noche, abandonando su caparazón de piedra para vengar su muerte y arrasar la ciudad, por la injusticia de su ejecución. 





Vencido ante la majestad del dolor, imploré al Reino de los cielos, para que desde allí, Juana de Arco tocara mis oídos para que yo también pudiera escuchar la voz de Dios y cumplir los cometidos que Él envía a la humanidad carente ya de corazón. Pedí a la imagen de piedra, que me observaba ahora desde la tenue luz de mis pensamientos, que me prestara su espada para librar a los enemigos de mi alma, y que la sombra de su escudo me protegiera de los golpes del enemigo traidor, y con el dulce calor de su aliento, cuidara mis heridas. Supliqué a la dama de roca, para que acariciara mis ojos, y alumbrara la luz que dejara ver el camino de la justicia a aquellos desprotegidos por la crueldad del mundo, y me ayudara a socorrer a los necesitados. Rogué aferrado a sus fríos pies de mármol, que me diera un beso en los labios, y con él, el aliento y la sabiduría necesaria para albergar el espíritu de la verdad, y defenderla de los ataques de la infamia y la traición, y dar testimonio con mi ejemplo a todas esas almas perdidas en las tinieblas del infierno.

Oré sin voz, desde lo más profundo de mi alma, para que Juana acariciara con su pétrea mano mi corazón, y supiera tener el valor de defender la Cruz de Cristo con el coraje necesario hasta el último rincón del dolor y la muerte. Apelé a la dama de Arco, cuya mirada de piedra dejaba resbalar una lágrima en mi honor, para que me acompañara en su espíritu, por todos esos malos trances que el camino de la vida se empeña en ponernos como piedras con las que tropezamos una y otra vez. Insté a mi Señora, cuyas cenizas habían dado alimento a mi espíritu esparcidas en el Sena, que intercediera por mí en el reino de Dios, cuando llegando ya al final de mi peregrinar en el camino de mi vida, me llegara la hora de rendir cuentas, y pidiera por mí compasión al Altísimo para purgar mis deudas y mis muchos pecados, y pudiera reencontrarme con todos mis antepasados y allegados en el dulce calor de la eternidad.

Levanté al final la mirada, me puse de nuevo en pie, y observé a Agnes, seria, con los ojos humedecidos quizás, por el llanto apagado de la tristeza, o de la misericordia del alma, al observar la magnitud del desastre del fuego, y no pude sino recordar en su imagen la misma de Esmeralda, aquella a la que Víctor Hugo inmortalizara para siempre en “Nuestra Señora de París”. 




Observando la dulce belleza morena de Agnes, y en los pensamientos aturdidos por el entorno y la noche, albergué cierto temor en volver a caer en las redes de Eros o Cupido, ya que a cualquiera de los dos les guardaba el mismo resentimiento, y como si de un pasaje novelado de Víctor Hugo se tratara, cuya mirada nos observaba en silencio en mitad de unas imágenes de devastación y soledad que pasmaban los sentidos, me sentía a la vez como uno de esos personajes de su novela “Los miserables”, con la clara idea que alguien dijo alguna vez de que la raíz del sufrimiento, es el deseo, así que para no sufrir, hay que librarse de los deseos, y si el amor es uno de ellos, mejor olvidarlo, dar media vuelta, y salir en la oscuridad de la noche, de la ciudad de la luz…

Al instante un sobresalto terrible espantó el silencio con la atronadora irrupción de un ser de aspecto pavoroso, como bajado de la Galería de las Quimeras que une las dos torres de la Catedral, descolgándose de una oscura balaustrada del fondo, y el mismo aspecto de la muerte, con unos ojos abiertos a la demencia, que se le salían casi de las órbitas, enrojecidas como la sangre, y de mirada, no amenazadora, si no más bien de sentencia firme de expiración, vestido con una especie de toga de Juez o sotana larga, negra como su propia alma y una especie de gorro o birrete del mismo color, y unas manos huesudas de dedos largos y afilados como los de una guadaña, sacando espumarajos de cólera por su deformada boca, vociferando no se qué angustias incomprensibles en latín, y en cuyas manos, llevaba una alarmante soga trenzada, con la que sujetó brutalmente a Agnes por el cuello a la vez que bramaba:

- Me han cerrado las puertas del infierno por terror a mi presencia, Belial, el demonio del amor estéril y la pasión inconfesable ha sucumbido a mi ira, Agramon, el demonio del miedo, me rinde pleitesía, Araziel me ha vendido su secreto por mi alma, solo yo he probado la esencia inmortal de la Piedra Filosofal…lo juré en el pasado, si no es mía para siempre, no será de nadie…




Me quedé exánime y aterrado por un momento, el cual aprovechó el aparecido para darme un zarpazo descomunal que me tiró de espaldas al suelo, y lo vi desaparecer con una viveza asombrosa casi inhumana, arrastrando tras de sí a la pobre Agnes detrás del monumento a la Piedad.

Me levanté medio aturdido y agarré la pata rota de un banco destruido para salir lo más rápido posible intentando rescatarla de las fauces de la bestialidad, cuando al instante, vi derrumbarse la cruz de oro de detrás de la Piedad, con el consiguiente estruendo que me estremeció, todo lo poco que me quedaba por estremecer…un silencio absoluto después, y al instante, una voz dulce y serena, dijo detrás de mi…

- He escuchado tus súplicas desde más allá de donde el entendimiento de las almas vivientes puede siquiera imaginar, y como desde este Sagrado lugar, elevaron las plegarias por mi devoción, y me elevaron a los altares del cielo, también desde aquí se ha cumplido por dos veces el castigo de la injusticia, una, por el fuego de la maldición, otra, por mi súplica durante el martirio, para que sostuvieran la Cruz en alto, y así poder verla a través de las llamas de mi muerte…hoy, esa Cruz forrada de oro, ha hecho la justicia de Dios en mi nombre, y el maligno volverá al abismo del averno para su eterno encierro...




Me giré, y aún pasmado como estaba, no vi a nadie…sólo la estatua de la Doncella de Orleans a la que antes me había encomendado, y me rehíce al instante como pude, para salir tras La Piedad, donde estaba la Cruz caída, y Agnes, en el suelo, desmayada, pero sana… ni sombra de la aparición que se la intentó llevar; Claude Frollo, el archidiácono que Víctor Hugo inmortalizara en su novela, había pagado su pecado. Recogí del suelo a Agnes, que aterida de horror, empezaba a despejarse, y nos recostamos en el Altar que permanecía intacto pese al fuego de las fechas pasadas, para recuperar el aliento, y entrar en lucidez, pero abrazados, nos quedamos dormidos los dos.

Cuando desperté recostado en el sofá, miré alrededor para cerciorarme de que no estaba soñando, y pude garantizar de realmente estaba en mi hogar, y me había quedado dormido leyendo a Nuestra Señora de París, y con la compañía algo inmoderada del doctor Cardhu vestido de vidrio, al que le censure su comportamiento guardándolo en el mueble aparador bajo llave, al tiempo que hice lo propio con el acomodo en su estantería de Nuestra Señora de París y toda la literatura francesa que tenía esparcida por el salón, y que me dio por pensar si no estaría yo en las costumbres y cabales de un caballero andante inmortalizado por un manco de Lepanto, de cuyos nombre no me puedo acordar, y que debió tener sus vivencias allá por un lugar de La Mancha…sonó el teléfono y lo cogí, era Agnes, recién llegada de Londres, y tras un intercambio de recuerdos, buenos argumentos y parabienes, me invitaba a visitar Paris en su compañía, y así, recuperar el tiempo perdido…

El sol, empezaba a entrar por el ventanal del salón de mi casa, y me paré a pensar un instante mientras recordaba una frase de Paulo Coelho que dice “No dejes que la persona imaginaria que está dentro de tu cabeza te impida amar a la persona correcta que está delante de ti”, consentí en olvidar a Esmeralda y me propuse aceptar la invitación de Agnes, con la condición de que, como le decía Humphrey Bogart a Ingrid Bergman en "Casablanca", siempre tendremos París, pero de momento, prefería tener el recuerdo de un reencuentro en Venecia, y sus paseos en una góndola romántica por los canales de la ciudad…Por la causalidad, Esmeralda había nacido con el nombre de Agnes en la novela de Víctor Hugo, y había acaparado mi corazón en una fantasía, y era ahora la verdadera Agnes de mi conciencia, quien tomaba posesión de la digna necesidad del sentimiento, y recordé que había olvidado  la casualidad de haberla conocido en un sueño.

Aingeru Daóiz Velarde.-











sábado, 7 de diciembre de 2019

GUZMAN DE ALFARACHE DE MATEO ALEMÁN


GUZMAN DE ALFARACHE DE MATEO ALEMÁN

La novela moderna europea no nace en 1605 con 'El Quijote' aisladamente como obra de ruptura, sino a partir de la interacción de la novela inmortal de Cervantes con Mateo Alemán y su obra picaresca 'Guzmán de Alfarache', originaria de 1599, es decir, seis años antes…y como dijo en su momento el catedrático emérito de la Universidad francesa Paul Valéry-Montpellier III, Edmond Cros, sobre la comparación de Guzmán de Alfarache y El Quijote, son dos obras que se contradicen, que polemizan, que se entrecruzan, sin Mateo Alemán y su 'Guzmán de Alfarache', 'El Quijote' no sería hoy lo que es…




De entre los géneros narrativos, el picaresco, se adaptaba perfectamente a los nuevos gustos, a la estética y a la ética. En la época en que asoma al mundo la picaresca, la sociedad entra en crisis, y sucumben los valores tradicionales, propagándose el desengaño el pesimismo y la frustración…No corren tiempos para ideales caballeros y doncellas, damas y justas, historias de guerreros, duendes y castillos, no… son tiempos crudos, ideales para el triunfo del pícaro, para la genialidad, para el gusto por la fealdad, por esos lúgubres ambientes marginales de marginados, por los contrastes entre el detalle del lujo y el deseo y la necesidad por sobrevivir, por la crueldad y la farsa, esbozos de la picaresca, de los cuales extrae los recursos naturales de su esencia.


UN PÍCARO HOMBRE DE LETRAS, LLAMADO MATEO ALEMÁN, Y LA INJUSTICIA DE UNA VENGANZA.

Mateo Alemán nació en Sevilla El 28 de septiembre de 1547, el mismo año que Cervantes, sólo que unos doce días antes…buen año para las letras españolas. Nacido de las segundas nupcias de su padre con Juana del Nero, hija del comerciante Juan López del Nero.


Su padre fue médico en la cárcel de Sevilla y, al parecer, tenía ascendencia conversa, por parentesco con un Alemán, mayordomo en la Sevilla del siglo XV que acabó en la hoguera de la Inquisición, cosa que Mateo Alemán intentó ocultar de mil maneras, y sus más fieles enemigos le llamaban “Poca sangre”, debido a su linaje judío. Fue bachiller, e inició los estudios de Medicina y de Leyes, aunque nunca llegó a concluirlos, a causa de la enfermedad y muerte de su padre. Sabemos, sin embargo, que dedicó no poco esfuerzo a la caligrafía, practicando todo tipo de letras, cuando poca gente sabía leer y escribir.


Durante años trabajó como funcionario en la Real Hacienda. Sin embargo, pasó la mayor parte de su vida acuciado por problemas económicos, y no necesitó del oficio de su padre para conocer el fondo del presidio, ya que estuvo en la cárcel por deudas, y en contacto directo con maleantes de toda condición y oficio. Entre los escritores del momento, disfrutó de la amistad de Lope de Vega cuando este estuvo en Sevilla, y como Lope, tuvo varios hijos fuera del matrimonio, una unión a la que se sintió forzado por las deudas, y en la que no fue feliz.


También como Lope de Vega era un hombre muy preocupado por su vida religiosa, pero se sentía débil y pecador, cayendo y arrepintiéndose continuamente como el protagonista de su novela Guzmán de Alfarache.


En 1608 obtuvo licencia para pasar a México, ciudad donde llegó ya viejo y cansado, y entró a servir allí al arzobispo fray García Guerra. En 1609 publicó una Ortografía castellana, que defendía la tendencia fonetista frente a la etimologista. En 1613 escribió Sucesos de don fray García Guerra, arzobispo de México, a cuyo cargo estuvo el gobierno de Nueva España, obra que incluye una “Oración fúnebre” en memoria del prelado. Los últimos datos de su vida lo sitúan en la localidad mexicana de Chalco. Se desconoce la fecha exacta de su muerte. Imagen del retrato grabado en cobre de Mateo Alemán.




No es menos cierto que se conoce al autor por su obra, al igual que Cervantes, lleva cosido el apellido de El Quijote, Mateo Alemán, lleva tras de si la sombra o la luz de Guzmán de Alfarache, un obra que no se libró de polémicas, y digamos de ella que se publicó en dos partes, la primera en Madrid en 1599, con un grandioso éxito no sólo en España, si no en el resto de Europa, y la curiosidad de la picaresca es que no sólo se argumentaba y desarrollaba en los escritos novelados, sino también en la sufrida vida real, que paradojas aparte, le cayera encima al mismo Mateo Alemán, y al igual que le ocurriera al propio Cervantes, el autor de Guzmán de Alfarache tuvo que padecer que otro le copiara la idea y la obra, pues en 1601, dos años después de la primera parte, un tal Juan Martí, publicaría una segunda parte de Guzmán de Alfarache en Valencia, bajo el pseudónimo de Mateo Luxán de Sayavedra, pero he aquí que el destino ejerce de mal Juez y mal verdugo, puesto que estudios recientes, y además con argumentos muy convincentes, la aparición apunta más a las claras a la autoría de Juan Felipe Mey, hermano del impresor de la primera edición del apócrifo aparecida en Valencia…el caso es que Mateo Alemán, muy contrariado, como es natural, decidió publicar la auténtica segunda parte, que apareció en Lisboa en 1604. En esta segunda parte incluyó a Mateo Luxán como personaje y lo hizo matar o morir, en una especie de venganza literaria plácida, y ahora también, vemos que injusta… Esta segunda parte disfrutó a su vez de un gran éxito y fue traducida al italiano, al alemán, al francés, al inglés e incluso al latín.

Mateo Alemán, conocía, sin duda, las vicisitudes de la vida del Lazarillo de Tormes , nacido en el anonimato por la vigilancia inquisitorial, de la popular ironía despiadada de la sociedad del momento, repleta de vicios hipócritas de las clases más pudientes, y en verdad, no se aleja demasiado a la actual sociedad en la que nos ha tocado vivir, y de esos parabienes, o paramales para decir mejor, vemos a las actuales vicisitudes humorísticas como bufonadas con sentido y criterio de humor, con lo cual, si tenemos en cuenta las poderosas implicaciones del humor como un ingenio y un arte, podemos estar de acuerdo en que si es cierto que reírse es sencillo, el hacer reír no lo es tanto, porque requiere del ingenio de la picardía como principal objetivo comprometido a evocar risa por medio de un actor principal, que es lo que algunos autores han venido a llamar o conocer como bufón, el anónimo Lazarillo de Tormes y el Guzmán de Alfarache escrito por Mateo Alemán, las dos novelas y sus protagonistas personifican al arquetípico de pícaro, el bromista, el aventurero, y convendría preguntarse entonces, ¿es pícaro el bufón o es bufonesco el pícaro? no conviene, a mi parecer, confundir lo estrafalario del bufón, con el buscavidas del pícaro, y Mateo Alemán lo supo escenificar muy bien, apoyándose en el anonimato de la vida del Lazarillo de Tormes, escrita cincuenta años atrás. Imagen que ilustra uno de los pasajes de la novela.




ARGUMENTO DEL GUZMÁN

Al igual que el Lazarillo de Tormes, enseguida se advierte el Guzmán es la autobiografía de un pícaro narrada en primera persona por un mozo de muchos amos en una serie de relatos de mirada atrás en la que ambos cuentan la vida de un huérfano, en este caso, la del Guzmán de Alfarache, fruto del pecado de un adulterio y huérfano de dos padres, el de su progenitor, y el de su acogimiento en el engaño. Se podría definir como la vida de un perpetuo vagabundo que ha aprendido desde su infancia que el resto de los humanos está siempre al acecho y sufre escarmientos a causa de su inocente buena fe que le sirven para justificar moralmente su desconfianza. Descendiente de un origen perturbador, y casi obligado por las circunstancias a abandonar su familia en Sevilla, tiene unos comienzos muy problemáticos a los que se va adaptando, aprendiendo poco a poco a burlar y a engañar, para regresar después a un proceso de enderezamiento y mejora, para volver nuevamente a caer en los desmanes de la vida y la antigua costumbre del engaño picaresco, a la que regresa para manchar de nuevo su conciencia, con una constante relación de reflexiones morales que nos conducen a rememorar una premisa de Platón que dice que parecer justo sin serlo, es la mayor injusticia…


RESEÑA

Cierto es, como cuenta el propio Guzmán de Alfarache a su vida, que si bien nació sin padre que en su cuna sembrasen las primicias de su oficio, en su vida novelada, da muestras que tuvo su juventud al propio vicio como padre y a la fortuna como madrastra. Posiblemente la primera novela moderna antes de El Quijote, para muchos, no es menos cierto como él mismo apuesta que sus letras, vencerán los borrones del olvido, si bien, la premura por pasar página a la lección de desengaños y reflexiones, nos deje un hastiado sabor de boca que nos nuble la belleza de la intención de la obra, y su bien merecida fama en la cumbre de las letras españolas, posiblemente algún director avispado podría convertir por un momento el papel, en leyenda de cine, pero como resulta difícil encontrar buen director, me complace recomendar la lectura de esta novela, que a buen seguro, no defraudará a nadie a quien su gusto sea la lectura del buen papel.

Como dijo el propio Guzmán de Alfarache, ya con las desventuras iba comenzando a ver la luz de los que siguen la virtud, sea pues virtud la lectura, y desventura, perderse la oportunidad de vivir la novela, y oler el gusto de su sabor, y denunciar así un agrio olvido para hacer justicia, ya que aunque si es cierto que Mateo Alemán, vendió más que el propio Miguel de Cervantes, a quedado relegado a una segunda posición en la excelencia de la literatura española, posiblemente por su breve producción, falta quizás, del apoyo necesario y oficial.

Aingeru Daóiz Velarde.- 
















lunes, 2 de diciembre de 2019

LA LEYENDA DEL NEGRO DE TRIANA


LA LEYENDA DEL NEGRO DE TRIANA

Las leyendas nunca mueren, sobreviven, y se transmiten en la memoria, de generación en generación, como si de un caro regalo se tratara del pretérito de la historia, envuelto en el misterio de la tradición y el credo, como un dulce que mezcla el sabor del pecado a veces, la lucha contra la resignación las más, y siempre, todas, con el calor de la esperanza.

El rey Alfonso X, que tenía una enfermedad en la vista que se le denominaba el dolor de clavo, los glaucomas actuales, era muy devoto de Santa Ana, la madre de la Virgen María, y le pedía cada día por la desaparición de su dolencia. Le prometió llevar a cabo algo grande en su nombre si conseguía mejoría y así ocurrió en 1266, haciendo construir la Iglesia de Santa Ana, la más antigua de Sevilla.

La Parroquia de Santa Ana es conocida también como la Catedral de Triana, y la razón es que durante siglos, la iglesia de Santa Ana fue a Triana lo que la catedral era a Sevilla. Hasta el XIX era destino de la estación de penitencia de las hermandades del barrio de Triana que partían en procesión de Semana Santa, en tanto que las de la otra orilla del río se dirigían a la Catedral. En 1.830, la Hermandad de Nuestra Señora de la O fue la primera en cruzar el puente de barcas para hacer estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, a lo que en años sucesivos se sumarían el resto de las hermandades trianeras. El puente de Isabel II, conocido popularmente como puente de Triana, se terminó de construir en 1.852, lo que permitió una más fácil comunicación entre Triana y Sevilla. Aunque a simple vista si la observamos a pie de calle no nos parezca tan antigua, esto se debe a las muchas reformas exteriores que ha vivido a lo largo de la historia, especialmente la que sufrió a causa del famoso Terremoto de Lisboa (1755) que dañó gravemente su estructura externa. 




Sin embargo adentrándonos en su interior, entre sus secretos, tiene entre sus muros un gran número de obras de arte de gran importancia histórica fruto de sus más de 700 años de antigüedad, pero en la nave derecha del templo, junto a la capilla de la Divina Pastora, a poca distancia del suelo se encuentra un sepulcro con una lapida de azulejos de la que es fruto una de las leyendas más particulares de Sevilla, pero no por ello es muy conocida.

Cuenta esta leyenda popular, que en el año 1842 , después de un invierno de terrible crudeza, un alfarero del barrio de Triana, acudió a la parroquia trianera de Santa Ana para dar gracias a la Santa por ser curado de unas fiebres que lo habían tenido postrado varios meses, casi al borde mismo de la muerte, y para ofrecer para bautizar a un nieto suyo, estando rezando frente al altar de las Ánimas del Purgatorio lo que hoy es actual capilla de la Virgen del Carmen junto a la capilla de la Divina Pastora, un anciano apareció de la nada junto a él y le dijo enérgicamente mientras señalaba el altar de Santa Cecilia: – “Ahí está enterrado el esclavo asesinado por un Marques... Sorprendido por tal repentina intervención, el alfarero giró la cabeza y miró donde apuntaba la mano del hombre pero cuando volvió la vista a éste no se encontraba nadie en dicho lugar.

Aterrado y confundido, Castro , que así se llamaba el alfarero, salió de la Parroquia y volvió a su taller para intentar olvidar esta aparición, y debió pensar que con total probabilidad, se trataba de una especie de ofuscamiento fuera de la realidad, debido a la enfermedad y las fiebres que había sufrido hacía poco tiempo, con lo cual, ya creyendo que estaba totalmente repuesto de fiebres y de visiones, pasadas unas semanas, decidió regresar a la Parroquia, para acabar de dar las gracias con sus oraciones, y mientras rezaba en el mismo altar de las Ánimas, en la misa de doce, notó que lo agitaban del hombro y el mismo hombre de la anterior vez le refería aun con más excitación: -“ ¡Castro, Castro! Ahí está el esclavo asesinado, el que te dije la última vez, debes comunicárselo al Señor Cura… ¡Ahí está!”- .

En esta ocasión, convencido de la veracidad de dicha aparición, Castro corrió a comunicarlo a los curas de la Iglesia obteniendo solo burlas y respuestas incrédulas, siendo pronto extendida esta historia por el barrio acompañada de la fama de loco y embustero sobre el alfarero, mácula que perduró hasta que murió el pobre hombre al poco tiempo.

Después de tres años y ya fallecido el señor Castro, se llevaron a cabo unas obras de restauración y ajuste de dicho altar de Santa Cecilia, para las cuales se debió retirar la parte inferior de éste, descubriéndose detrás un sorprendente sepulcro…Ante tal descubrimiento, de forma inmediata, todo el mundo empezó a recordar la historia del alfarero y las apariciones, con lo cual, el cabildo de la Parroquia decidió retirar permanentemente el altar y dejar al descubierto la susodicha lápida. Además de ello se comenzó a investigar la identidad de dicho personaje y se dio con unos legajos que hacían referencia al tal Íñigo Lopes…como así consta…En la imagen siguiente, antigua foto de la Lauda (Lápida) sepulcral de Iñigo Lopes, aun con el rostro reconocible, sin sufrir los pormenores de los que hablaremos seguidamente.




La sepultura que guarda una curiosa historia, tiene una altísima calidad artística, y cuyo autor no es otro que Francisco Niculoso Pisano, uno de los más grandes ceramistas de la historia, el cual tiene muy pocas obras documentadas y que introdujo el oficio de la alfarería en el arrabal, y es una historia que se cuenta en la obra de José Gestoso y Pérez, “Sevilla monumental y artística”, la cual se compone de tres tomos, y cuya primera edición data de 1889, y aquí dejo constancia de la curiosidad…

En la páginas 186 y 187 del Tomo I, el cual he podido inspeccionar, se lee lo siguiente… (sic) En el ángulo opuesto al en que se halla la capilla de San Francisco, hay otra igual á ésta y de tan desatinado gusto que no contiene nada notable, y pasada la inmediata, en el trozo de zócalo que desde ella se comprende hasta la puerta lateral del templo, hay una laude de azulejos ante la cual hemos de detenernos. Es de forma rectangular, mide de largo 1 Metro 43 de largo y 0,71 de alto, y se representa en ella sobre fondo azul muy oscuro la figura yacente de un hombre con un bonetillo morado en la cabeza, el cabello cortado á la usanza del siglo XVI, las manos cruzadas sobre el pecho y vestido de una loba ó sotana amarilla, calzas verdes y zapatos negros. Por dos aberturas laterales, aparecen los brazos con mangas de tela morada. En la parte lateral derecha de la figura tiene el siguiente letrero con caracteres góticos:

ESTA FIGURA ES DE IÑIGO LOPES

Otros han leído en vez de Iñigo mingo como contracción de Domingo.

Siguen unas carclinas de estilo ojival, y después En caracteres romanos esta fecha:

EN EL AGNO DEI MIL CCCCCIII

En una cartelilla sobre la cabeza de la figura;

NICVLOSO FRANCISCO—ITALIANO ME FEClT 

Curiosa tradición corre acerca de esta sepultura, asegurándose por ella que en el espacio destruido en el epitafio después del apellido del difunto, Lopes, se leía la palabra esclavo, la cual se destruyó, quizá, para evitar las hablillas del vulgo, que señalaban al sugeto allí sepultado como víctima del asesinato del Marqués de…y aquí, enlaza con la Leyenda antes comentada del Alfarero.

De los legajos encontrados, se pudo conocer la historia que aquí dejamos. El 16 de noviembre de 1493, las naves españolas comandadas por Colón avistaron la isla caribeña de Borinquén, lo que hoy se conoce como el actual Puerto Rico. Los españoles no tardaron en encontrar un poblado habitado por indígenas, gentes dóciles y ermitañas, que se sometieron a los que entendían ellos que eran dioses. Colón dispuso su marcha y pidió como tributo a algún joven que le sirviera de ayudante, lejos de negarse el jefe de la tribu le ofreció a su propio hijo. Colón a su vuelta a España lo manda a un convento Sevillano de San Francisco. Allí el Negro, como así le apodaban, aprendió a seguir la llamada de Dios a amarlo y como buen fraile permaneció en el convento, algo más de 8 años. Durante ese tiempo, fue bautizado por su padrino y benefactor de la orden franciscana, un Marqués, cuyo nombre desconocemos, por las razones que luego, vendremos a dar…

Poco a poco, el Marqués fue consiguiendo que el Íñigo Lopes “el Negro“, confiara en él, hasta tal punto que consiguió un día arrancarlo del convento para ponerlo a su servicio. Íñigo no tardó en adaptarse al nuevo cambio, disponía de todo lo que podía desear, ese mismo deseo fue lo que le costó la vida…Una mañana, Íñigo se estaba bañándose desnudo en un estanque de la casa, cuando el Marqués le asaltó y le pidió, o más bien le obligó, a que le dejara estar junto a él para bañarse juntos, lo que Íñigo por su educación de castidad que había recibido en el convento se negó. Poco acostumbrado a que nadie le llevara la contraria, lo mató a golpes acabando así con la vida de Íñigo. Arrepentido de dicho acto, el Marqués estableció que el esclavo tan amado por él debía ser enterrado en el suelo sagrado de la parroquia con una lápida lujosa y con azulejos renacentistas.

Debido a esta historia que se escuchaba por Triana del amante asesinado, se extendió el rumor que las mujeres solteras en busca de maridos, tendrían que ir a la tumba del popularmente conocido como Negro de Triana, y que dieran siete patadas con el zapato a la tumba y en poco tiempo se casarían. Es por ello que desde su descubrimiento hacia 1850, mujeres de todo el barrio se han acercado al sepulcro de Íñigo Lopes a cumplir dicho ritual, con el consiguiente daño sufrido por los azulejos. En las imágenes siguientes, se puede observar el estado actual de la lápida sepulcral.





En los años 70 del siglo XX se coloco una reja protectora para que de esta manera no dañara así la tumba de unos de los personajes más conocido en toda Triana.




A continuación del apellido Lopes, algo está borrado, como ya se ha comentado, y además, intencionadamente y no como consecuencia de las patadas...la pregunta sería, ¿pudo haber otro apellido, y otra sería ¿Quién lo borró? A buen seguro la historia real sería más interesante que esa siniestra leyenda. La cabeza es la parte más deteriorada del cuerpo, posiblemente también de una forma intencionada. Según testimonios como el de Antonio Murillo, coadjutor de la parroquia, corroboran la certeza de las patadas de costumbre, aunque también dice que posiblemente ninguna moza llegó a darle las siete patadas de rigor, porque allí estaba, al quite, El Mudo, que se había convertido en fiel vigilante y guardián de la lauda sepulcral del negro o esclavo.

Aparte de la leyenda, invita la posibilidad puede realizar un breve estudio histórico artístico del sepulcro.

En realidad no se sabe si dicha tumba es efectivamente del sirviente o de dicho Marqués, ya que ha desaparecido la palabra que prosigue al nombre “Iñigo Lopes” y no se tiene constancia de la razón de dicha pérdida aunque se piensa que fue eliminada intencionadamente por algún interesado en el desconocimiento del dato que ella ofrecía, y que ya hemos podido exponer con anterioridad, como también se ha expuesto que aparece un hombre de apariencia joven de piel oscura, con ropajes tardo medievales y de buen aspecto, con una cruz en el pecho y un gran almohadón bajo la cabeza...No aparece por tanto ningún elemento que dé a pensar que se tratara de un caballero ni de un clérigo. Tampoco existe algún elemento característico de alguna familia nobiliaria de la época, pero las ropas y la novedad de la técnica de la sepultura para dicho momento da a pensar que se trataría de un miembro de alguna familia importante de Sevilla ya fuese legitimo o no, y es que la ausencia de elementos que ayuden a su identificación hacen decantarse más por esta segunda opción. 


En relación a la cara del difunto, a pesar de ser conocido como el Negro se debe decir que Niculoso Pisano efectúa la misma técnica en toda su obra para reflejar el color de la carne humana siempre de un tenue color azulado por lo que no se puede extraer de esta que fuese un hombre de otra etnia diferente a la europea. Por último se debe indicar que algunos historiadores del arte piensan que no se encuentra en su lugar original por las diferentes marcas que muestran los azulejos en sus bordes, siendo probable su origen en el suelo y posteriormente su traslado a la pared donde hoy se sitúa…De ahí, surge una incógnita, pues no se sabe si está enterrado Íñigo López o uno de sus sirvientes negros, a quien asesinó. De ahí el nombre de la leyenda.

Ésta es la legendaria historia de aquel indio conocido como El Negro, que murió asesinado, fue enterrado como un noble y acabó recibiendo patadas de las trianeras sin novio, quién sabe si como recuerdo a ese amor no correspondido hacia el marqués, que le provocó la muerte… tal vez como consecuencia de siete patadas recibidas…en conclusión, leyendas de enamorados, que como muchas de sus historias, acaban con un final trágico y regado de la tragedia cruel, pero retraigámonos en el tiempo para culpar a la diosa Astarté, estrella de la tarde, diosa del amor apasionado, la cual huyendo de la persecución amorosa de Hércules, fundador mitológico de Sevilla, vino a refugiarse en la orilla occidental del Guadalquivir fundando Triana, y aquellos que navegan la historia del río Guadalquivir, conocen bien interesantes historias de las leyendas del amor y el desamor que sus aguas atestiguan, ahí tenemos el ejemplo de dos alfareras trianeras, Justa y Rufina, que al no sucumbir a los deseos de Diogeniano, las asesinó, o el de Florinda, la hija del conde don Julián, cuyo palacio se encontraba en la vega de Triana, y el ardor no correspondido de don Rodrigo, último rey visigodo, la convirtió para siempre en La Cava, y en mito y leyenda de España a costa de una traición…no creo que las muchachas casaderas de Triana, necesiten darle siete patadas a compás a una lauda sepulcral, para oler el aroma eterno del azahar, el simple brillo del espejo del río, es testigo directo de su belleza, y ésta, navega más allá de su imagen, justo en las profundidades del sentimiento sincero de su corazón, y sus leyendas.

Aingeru Daóiz Velarde.- 

















domingo, 24 de noviembre de 2019

LA CONJURA DE LOS NECIOS

LA CONJURA DE LOS NECIOS 


La Conjura de los necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia. Ignatius J. Really es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistral Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.




El autor, John K. Toole, consigue una crítica clase media. Logra mantener el interés del lector (incluso mayor en una segunda lectura que en la primera) con un abanico de personajes a cuál más desagradable, que podríamos también definir como un carnaval esperpéntico de marginados que sobreviven hábilmente revolcándose en el desdén de la hipócrita clase dominante, entre los que destacan Darlene la stripteaseuse de la cacatúa; Burma Jones, el quisquilloso portero negro del cabaret Noche de Alegría, regentado por la rapaz Lana Lee, quien completa sus ingresos como modelo de fotos porno; el patrullero Mancuso, el policía más incompetente de la ciudad; Myrna Minkoff, la estudiante contestataria, amiga de Ignatius; Dorian Greene, un líder de la comunidad gay; la desternillante octogenaria Miss Trixie, siempre enfurecida porque no le dan la jubilación... el propio Ignatus Reilly, la madre de éste y tantos otros personajes inolvidables.

No deja títere con cabeza y, a través de la tortuosa y enrevesada personalidad de Ignatius, da un repaso a la época que le tocó vivir en un tono de burla que contrasta con la triste visión de las vidas de los personajes retratados. No encontramos únicamente una loca y angustiosa historia de crítica social, sino que el argumento engancha desde el comienzo. Momento en el que, como dice su protagonista, Fortuna hace girar su rueda hacia abajo y nunca sabemos cuál es la desagradable sorpresa que nos depara el destino. A partir de aquí, unas situaciones enganchan con otras, al igual que lo van haciendo los personajes, y se va formando una enorme bola de nieve que terminará estallando al final de la novela.En la imagen, John Kennedy Toole.




Escrito a principios de los 60, el autor no pudo conseguir que se editara y, frustrado, en 1969, cansado de intentar la publicación en multitud de editoriales, tuvo la trágica iniciativa de inhalar los gases del tubo de escape de un coche en marcha, emulando lo que se conoce como la muerte dulce, posiblemente contrapuesta a la vida amarga, y ambas, lentas y sufridas hasta sus últimas consecuencias que enlazan, como dos hermanas del destino, al final de los tiempos de la triste realidad…

Su madre, Thelma, siguió intentando de forma insistente y sin descanso la publicación, y lo consiguió en 1980, cuando ella contaba ya con 79 años, gracias al apoyo de otro novelista, Walter Percy, en una única editorial, la Editorial Universitaria de Louisiana, que sin embargo, en muy poco tiempo, el libro alcanzó un éxito inmenso que, finalmente en 1981, logró subirse al cajón del Premio Pulitzer. Digamos que todo comenzó cuando en 1976, Walker Percy abre con desgana el manuscrito. Él es un prestigioso filósofo y escritor, y leer la obra de un don nadie que ya ha muerto no le apetece nada, pero Thelma Ducoing, la enlutada madre del autor, le ha acorralado con su perseverancia, quizá espoleada por el remordimiento, quizá por el recuerdo, o quizá, por el amor. No había resquicio para negarse. Percy, con cierta desidia, comienza a pasar las páginas, y finalmente queda rendido ante la pasión.




John Knnedy Toole, Ken, como todos lo conocían, fue el único hijo de un matrimonio mayor que ya se resignaba a no tener descendencia. Su nacimiento fue una inspiración para la sobreprotectora Thelma, su madre. Se volcó con su hijo y le proporcionó una excelente educación, pero su energía también acabaría anulándole la personalidad.

Una beca para estudiar en Nueva York le permitió a Toole escapar de su agobiante madre. Realizó un máster en Literatura Inglesa en Columbia y emprendió una carrera como docente antes de ser llamado a filas. En el ejército trabajó como profesor de inglés para soldados puertorriqueños, una tarea que combinó con la redacción de los primeros borradores de "la Conjura de los necios".

Una vez finalizada su instrucción militar, Toole regresó a su Nueva Orleans natal. Pero ya no era el mismo. se había convertido en un ávido bebedor, era excéntrico al vestir y no había ni rastro de aquel maestro extrovertido que encandilaba a los alumnos. Siempre se ha sospechado de su frustración por no conseguir publicar su obra, como hemos comentado, pero no obstante, algunos biógrafos de Toole insinúan que su probable homosexualidad, reprimida a la sombra de su autoritaria madre, fue el factor clave en su mutación y trágico desenlace.

En un arranque melancólico y, quizás, demasiado pasional, podría decirse que Toole desapareció un 20 de enero de 1969, después de una acalorada pelea con su madre, Thelma. Tras encontrar su cadáver en el coche, se hallaron también en la guantera unos recibos de gasolina que señalaban que viajó a la costa oeste, para luego cruzar el país en dirección a Midgeville, Georgia, donde visitó la tumba de Flannery O'Connor, también escritora, también hija única, y quien es considerada entre los mejores escritores estadounidenses del siglo XX; fue autora de dos novelas y 32 relatos, publicó también ensayos y reseñas. Su obra es ampliamente estudiada en el contexto de la literatura del Sur de Estados Unidos; sus personajes y el ambiente que describe son sureños, y a la vez su obra trasciende el ámbito local para crear ficciones de alcance universal. Se cree que regresaba hacia Nueva Orleans cuando paró en una carretera secundaria a las afueras de Biloxi, Mississippi. Allí encontraron su cuerpo el 26 de marzo, y en el mismo ligar de la tragedia se halló una nota de suicidio, que Thelma destruyó tras leerla. Sus comentarios acerca del contenido de la carta fueron contradictorios, y las razones por la que su madre la destruyó, también. En la imagen, Flannery O'Connor. 


La verdad es que resulta difícil catalogar la obra como una comedia, una tragedia, un ensayo o quizás, todo un drama en el que el protagonista, Ignatius, cae mal desde el principio hasta el final, pero engancha por todos los lados a pesar de la desagradable existencia que proyecta hacia los demás, e incluso él mismo, se da cuenta del rechazo de la sociedad hacia su persona, y precisamente la historia, circula en torno a la lucha contra la sociedad del momento que le tocó vivir, ésa es la razón por la que arremeta contra ella con todas sus fuerzas, una sociedad en la que se entremezclaban la corrupción, el miedo, la pobreza y la difícil lucha por la supervivencia social. 

Ciertamente, pese a un argumento muy complicado de explicar, podemos llegar en un momento dado, a imaginar que el propio autor, es el reflejo inédito del personaje de su obra, una obra que despierta sentimientos encontrados como humor, repugnancia, impotencia o la misma tristeza, y que conforme va avanzando hasta el final, van creciendo, como a la vez, crece la imagen complicada que representa el personaje en cuestión.

Ambientada, como hemos dicho, en los bajos fondos de la Nueva Orleans de la época, en un hilo argumental con situaciones cotidianas, que van enlazando a una cuadrilla de personajes esperpénticos, en una mezcla sin parangón, liderados por nuestro protagonista, como ya hemos comentado. Se da la circunstancia que, del mismo autor, podemos encontrar publicada otra obra titulada “La Bíblia de Neón”, que escribió con 16 años, y mantenía guardada en un cajón. 

Puestos a elucubrar, me gustaría dejar claro que La Conjura de los necios, desde luego, es una obra maestra, brillante a lo mejor y depende de los gustos de cada cual, universal posiblemente debido a la leyenda que lleva cosida, compleja y disparatada con total certeza al considerarse una sátira moderna, que ha entrado de la mano de la suerte o la desdicha en la historia de la literatura a base de la insistencia, pero que no se aleja para nada, de otra visión que rompe con los falsos mitos que envuelven el halo de misterio que la identifican. 

El primero de ellos, es si se puede considerar el rechazo de la obra de Toole, el motivo real del suicidio del autor, e investigando un poco, hemos podido saber que un editor llamado Robert Gottlieb un mensaje que parece ser que no fue una negación cerrada a la edición del libro, pero que Toole, decidió no enviar la obra a otra editorial, y al parecer, la razón es que la familia estaba pasando una situación económica difícil, y Toole tenía dos opciones y debía decidirse por una de las dos, algo que le resultó muy complicado, y que, sinceramente, de forma personal, mi opinión es que había decidido ser escritor, y había confiado demasiado en un libro que creía una obra maestra que a la postre lo fue, pero pudo sentir una especie de desdén el primer contacto que tuvo con una editorial, y también, posiblemente influyera el que Toole, sintiera una especio de pasión fraterna con un grupo literario de escritores estadounidenses conocido como Generación beat de la década de los cincuenta, así como al fenómeno cultural sobre el cual escribieron. Algunos elementos definitorios son el rechazo a los valores estadounidenses clásicos, el uso de drogas, una gran libertad sexual y el estudio de la filosofía oriental. Esta nueva forma de ver las cosas dejó su principal influencia y legado en la posterior contracultura o movimiento hippie.




Tampoco podemos considerar a Toole como un escritor loco, ya que por el contrario, pensamos que cuando escribió la novela o como queramos llamarle, debía estar absolutamente centrado para escribirla en tan sólo seis meses. Por otra parte, nos hacemos la pregunta de que si podemos considerar a la madre del escritor, como la única fuente fidedigna para llegar a conocer su vida, y nos resalta esta duda ya que también es conocida la complicada relación que mantenían, con un control excesivo posiblemente razonable quizás, y que la documentación aportada para prologar su obra y darle el empuje comercial necesario, sólo ha sido seleccionada por ella, Thelma, y tomó la decisión de buscar editora después de la muerte de su padre, en 1974. Además, existe otra variante, y es la existencia de una posible carta que Toole escribió a una mujer en la que le propuso matrimonio...o el amor platónico por la escritora antes mencionada Flannery O'Connor...difícil de saber.

Entramos ahora en la opinión citada anteriormente de que si cabe la posibilidad de que Ignatius Reilly, protagonista principal de la obra de Toole, fuera el espejo en el que se reflejaba el propio autor, y hemos podido saber que, fuera aparte de la anécdota de vendedor de perritos calientes, resulta que el autor, tenía un amigo íntimo llamado Bobby Byrne, que al parecer cuadra a la perfección con la del protagonista de La Conjura de los Necios, el bigote, el sobrepeso, alto, torpe, adoraba los perritos calientes, estaba obsesionado con la filosofía medieval, era un intelectual pero al mismo tenía un punto grotesco, era conocido por tirarse pedos en público...en fin, datos contrapuestos que espero que ayuden a sentir el cosquilleo del deseo a leer la obra, que en todo caso, resulta fantástica a mi parecer, de lo contrario, Ignatius Really se apoderará de sus mentes cada día por la noche antes de dormir, les recuerdo que su adaptación al cine, ha sufrido toda una maldición... 

Aingeru Daóiz Velarde.- 





BIBLIOGRAFÍA

La Conjura de los necios. John Kennedy Toole.



Una mariposa en la máquina de escribir. La vida trágica de J. K. Toole y la extraordinaria historia de La conjura de los necios. Cory MacLauchlin.

EL SECRETO DE LOARRE


EL SECRETO DE LOARRE

Verónica Martínez Amat





RESUMEN

En 1295, Diego Garcés de Tortosa es enviado a Loarre para servir como guardia en su fortaleza. Pero ahí no acaba su misión: tras los muros del insigne bastión se oculta un secreto cuya posible revelación haría tambalearse los cimientos del reino de Aragón. Su insistente búsqueda le llevará hasta oscuras conspiraciones del pasado, que todavía perduran latentes. Aun así, su empeño solo se verá alterado cuando una noble dama irrumpe en su vida, logrando que sus aspiraciones se trastornen por completo. Cuando Elvira Ximénez de Blau abandona sus tierras valencianas, viene a refugiarse al amparo hospitalario de un familiar en el Castillo de Loarre. Su anterior y despreocupada juventud queda afectada por las malas condiciones económicas en las que la muerte de sus progenitores la han sumido. Mientras la inquietud por ese incierto futuro la embarga, un encuentro casual con el aguerrido guardia de la fortaleza la hace despertar a una nueva y apasionante vida en la que comparte misterios, intrigas y una irresistible atracción por el apuesto guerrero que acaba de cruzarse en su camino…

LA AUTORA

Ganadora del I Premio de Novela corta Castillo de Loarre, en 2013,  es una novela romántica, que nadie espere encontrar una trama, donde el romanticismo no encuentre su parte fundamental, sirva esta reseña como aviso, y dicho esto, aprovecho la oportunidad para presentar a la autora, que ha tenido la deferencia de cederme el honor de presentar a su vez la Novela que nos ocupa en este artículo, y como bien conocéis, se trata de Verónica Martínez Amat, compañera en este grupo de CLÍO POR LOS LARES DE HISPANIA, de lo que este Administrador, de forma muy particular, se siente personalmente muy orgulloso…como ella misma asegura, nació y reside un pueblo del interior de la provincia de Alicante. 

Verónica Martínez Amat, licenciada en Filología Inglesa y Máster en Investigación Histórica, amén de haber realizado otros estudios relacionados con la Archivística y la Biblioteconomía. Su pasión por los libros y la lectura dice venirle desde muy niña, despertando su imaginación a nuevos mundos y aventuras que, como no podía ser de otra manera, han acabado plasmados en un papel. Más tarde, descubrió en la Historia aquella inclinación natural que le faltaba para convertirse en una escritora de novelas, y dice bien, porque no es la única novela de la que es autora, las demás, las iremos presentando conforme vayamos descubriendo su lectura… Es de hecho en acontecimientos y hechos históricos poco conocidos, o que han pasado de puntillas por los libros de Historia, donde nos dice encontrar  la inspiración para sus narraciones, cuentos y leyendas de esas épocas pretéritas que tanto le entusiasman.




Madre a la vez, juega su papel en la vida, con la pasión de escribir, lo que resulta una suerte para los apasionados por la lectura, como es mi particular caso, aunque ya el espacio para mis libros está empezando a escasear…
Aceptamos desde este humilde sitio que el espacio virtual nos brinda, para aceptar la invitación de nuestra amiga, para conocerla mediante sus escritos, y a la vez, como moneda de cambio, le pedimos que nos ayude a seguir adelante con este pequeño proyecto que iniciamos con ilusión, que no es otro que la divulgación de todo aquello que la cultura, la música y las pequeñas inquietudes particulares nos den la oportunidad de exponerlos aquí, en esto Lares donde Clio nos observa en el silencio del tiempo. Si la escritura fuera la pintura de la voz, estamos convencidos de que la lectura es vivir mil veces en la imagen de un cuadro que no muere nunca…demos pues la oportunidad de dar las pinceladas necesarias para recrear la esencia de la vida, y darle un tiro de gracia a la ignorancia.
UNA PERSONAL RESEÑA

Una historia de amor, de intriga, de misterio en la búsqueda de un secreto que, poco a poco, como emergiendo de entre las brumas, vamos viendo la claridad de la finalidad de la novela,  y el desvelo del misterio nos va dejando la sensación de buen gusto de un cocido literario con sabores tan intensos como las propias emociones de la intriga y el misterio, el suspense y la belleza, el amor en la excelencia de su momento… pero como decía Dostoyevski, todo se hace maravilloso en la bruma cuando es la incertidumbre lo que a uno le encanta…Tanto es así, que con toda probabilidad, la sensación romántica que queda al final de la lectura, es no de una novela, si no del sueño recreado de una vivencia más allá del tiempo y el espacio, donde el tiempo nos traslada a una fortaleza rodeada de historia y de leyenda a la vez, y el espacio, es la mágica luz que encuadra el ambiente y el aroma de unos momentos inciertos tras los muros, allá donde se extiende una llanura de incertidumbres, guerras, ilusiones y ardores llenos de esperanza, donde esa misma esperanza a veces no es ni realidad ni quimera, si no un hecho en la historia que da lugar a la pasión. La prosa, es como un arado magistralmente elaborado en una tierra áspera y dura, de donde soñamos con el anhelo de extraer un fruto dulce y sabroso, que sacie el hambre y el deseo de que no acabe nunca, para volverlo a saborear una y otra vez, y la doble sensación de resolver el final del último suspiro del alimento deseado, para lamer la yema de unos dedos en la remembranza acalorada del sabor de una acción de entusiasmo que se convierte casi en gula.


Aingeru Daóiz Velarde.-