sábado, 7 de diciembre de 2019

GUZMAN DE ALFARACHE DE MATEO ALEMÁN


GUZMAN DE ALFARACHE DE MATEO ALEMÁN

La novela moderna europea no nace en 1605 con 'El Quijote' aisladamente como obra de ruptura, sino a partir de la interacción de la novela inmortal de Cervantes con Mateo Alemán y su obra picaresca 'Guzmán de Alfarache', originaria de 1599, es decir, seis años antes…y como dijo en su momento el catedrático emérito de la Universidad francesa Paul Valéry-Montpellier III, Edmond Cros, sobre la comparación de Guzmán de Alfarache y El Quijote, son dos obras que se contradicen, que polemizan, que se entrecruzan, sin Mateo Alemán y su 'Guzmán de Alfarache', 'El Quijote' no sería hoy lo que es…




De entre los géneros narrativos, el picaresco, se adaptaba perfectamente a los nuevos gustos, a la estética y a la ética. En la época en que asoma al mundo la picaresca, la sociedad entra en crisis, y sucumben los valores tradicionales, propagándose el desengaño el pesimismo y la frustración…No corren tiempos para ideales caballeros y doncellas, damas y justas, historias de guerreros, duendes y castillos, no… son tiempos crudos, ideales para el triunfo del pícaro, para la genialidad, para el gusto por la fealdad, por esos lúgubres ambientes marginales de marginados, por los contrastes entre el detalle del lujo y el deseo y la necesidad por sobrevivir, por la crueldad y la farsa, esbozos de la picaresca, de los cuales extrae los recursos naturales de su esencia.


UN PÍCARO HOMBRE DE LETRAS, LLAMADO MATEO ALEMÁN, Y LA INJUSTICIA DE UNA VENGANZA.

Mateo Alemán nació en Sevilla El 28 de septiembre de 1547, el mismo año que Cervantes, sólo que unos doce días antes…buen año para las letras españolas. Nacido de las segundas nupcias de su padre con Juana del Nero, hija del comerciante Juan López del Nero.


Su padre fue médico en la cárcel de Sevilla y, al parecer, tenía ascendencia conversa, por parentesco con un Alemán, mayordomo en la Sevilla del siglo XV que acabó en la hoguera de la Inquisición, cosa que Mateo Alemán intentó ocultar de mil maneras, y sus más fieles enemigos le llamaban “Poca sangre”, debido a su linaje judío. Fue bachiller, e inició los estudios de Medicina y de Leyes, aunque nunca llegó a concluirlos, a causa de la enfermedad y muerte de su padre. Sabemos, sin embargo, que dedicó no poco esfuerzo a la caligrafía, practicando todo tipo de letras, cuando poca gente sabía leer y escribir.


Durante años trabajó como funcionario en la Real Hacienda. Sin embargo, pasó la mayor parte de su vida acuciado por problemas económicos, y no necesitó del oficio de su padre para conocer el fondo del presidio, ya que estuvo en la cárcel por deudas, y en contacto directo con maleantes de toda condición y oficio. Entre los escritores del momento, disfrutó de la amistad de Lope de Vega cuando este estuvo en Sevilla, y como Lope, tuvo varios hijos fuera del matrimonio, una unión a la que se sintió forzado por las deudas, y en la que no fue feliz.


También como Lope de Vega era un hombre muy preocupado por su vida religiosa, pero se sentía débil y pecador, cayendo y arrepintiéndose continuamente como el protagonista de su novela Guzmán de Alfarache.


En 1608 obtuvo licencia para pasar a México, ciudad donde llegó ya viejo y cansado, y entró a servir allí al arzobispo fray García Guerra. En 1609 publicó una Ortografía castellana, que defendía la tendencia fonetista frente a la etimologista. En 1613 escribió Sucesos de don fray García Guerra, arzobispo de México, a cuyo cargo estuvo el gobierno de Nueva España, obra que incluye una “Oración fúnebre” en memoria del prelado. Los últimos datos de su vida lo sitúan en la localidad mexicana de Chalco. Se desconoce la fecha exacta de su muerte. Imagen del retrato grabado en cobre de Mateo Alemán.




No es menos cierto que se conoce al autor por su obra, al igual que Cervantes, lleva cosido el apellido de El Quijote, Mateo Alemán, lleva tras de si la sombra o la luz de Guzmán de Alfarache, un obra que no se libró de polémicas, y digamos de ella que se publicó en dos partes, la primera en Madrid en 1599, con un grandioso éxito no sólo en España, si no en el resto de Europa, y la curiosidad de la picaresca es que no sólo se argumentaba y desarrollaba en los escritos novelados, sino también en la sufrida vida real, que paradojas aparte, le cayera encima al mismo Mateo Alemán, y al igual que le ocurriera al propio Cervantes, el autor de Guzmán de Alfarache tuvo que padecer que otro le copiara la idea y la obra, pues en 1601, dos años después de la primera parte, un tal Juan Martí, publicaría una segunda parte de Guzmán de Alfarache en Valencia, bajo el pseudónimo de Mateo Luxán de Sayavedra, pero he aquí que el destino ejerce de mal Juez y mal verdugo, puesto que estudios recientes, y además con argumentos muy convincentes, la aparición apunta más a las claras a la autoría de Juan Felipe Mey, hermano del impresor de la primera edición del apócrifo aparecida en Valencia…el caso es que Mateo Alemán, muy contrariado, como es natural, decidió publicar la auténtica segunda parte, que apareció en Lisboa en 1604. En esta segunda parte incluyó a Mateo Luxán como personaje y lo hizo matar o morir, en una especie de venganza literaria plácida, y ahora también, vemos que injusta… Esta segunda parte disfrutó a su vez de un gran éxito y fue traducida al italiano, al alemán, al francés, al inglés e incluso al latín.

Mateo Alemán, conocía, sin duda, las vicisitudes de la vida del Lazarillo de Tormes , nacido en el anonimato por la vigilancia inquisitorial, de la popular ironía despiadada de la sociedad del momento, repleta de vicios hipócritas de las clases más pudientes, y en verdad, no se aleja demasiado a la actual sociedad en la que nos ha tocado vivir, y de esos parabienes, o paramales para decir mejor, vemos a las actuales vicisitudes humorísticas como bufonadas con sentido y criterio de humor, con lo cual, si tenemos en cuenta las poderosas implicaciones del humor como un ingenio y un arte, podemos estar de acuerdo en que si es cierto que reírse es sencillo, el hacer reír no lo es tanto, porque requiere del ingenio de la picardía como principal objetivo comprometido a evocar risa por medio de un actor principal, que es lo que algunos autores han venido a llamar o conocer como bufón, el anónimo Lazarillo de Tormes y el Guzmán de Alfarache escrito por Mateo Alemán, las dos novelas y sus protagonistas personifican al arquetípico de pícaro, el bromista, el aventurero, y convendría preguntarse entonces, ¿es pícaro el bufón o es bufonesco el pícaro? no conviene, a mi parecer, confundir lo estrafalario del bufón, con el buscavidas del pícaro, y Mateo Alemán lo supo escenificar muy bien, apoyándose en el anonimato de la vida del Lazarillo de Tormes, escrita cincuenta años atrás. Imagen que ilustra uno de los pasajes de la novela.




ARGUMENTO DEL GUZMÁN

Al igual que el Lazarillo de Tormes, enseguida se advierte el Guzmán es la autobiografía de un pícaro narrada en primera persona por un mozo de muchos amos en una serie de relatos de mirada atrás en la que ambos cuentan la vida de un huérfano, en este caso, la del Guzmán de Alfarache, fruto del pecado de un adulterio y huérfano de dos padres, el de su progenitor, y el de su acogimiento en el engaño. Se podría definir como la vida de un perpetuo vagabundo que ha aprendido desde su infancia que el resto de los humanos está siempre al acecho y sufre escarmientos a causa de su inocente buena fe que le sirven para justificar moralmente su desconfianza. Descendiente de un origen perturbador, y casi obligado por las circunstancias a abandonar su familia en Sevilla, tiene unos comienzos muy problemáticos a los que se va adaptando, aprendiendo poco a poco a burlar y a engañar, para regresar después a un proceso de enderezamiento y mejora, para volver nuevamente a caer en los desmanes de la vida y la antigua costumbre del engaño picaresco, a la que regresa para manchar de nuevo su conciencia, con una constante relación de reflexiones morales que nos conducen a rememorar una premisa de Platón que dice que parecer justo sin serlo, es la mayor injusticia…


RESEÑA

Cierto es, como cuenta el propio Guzmán de Alfarache a su vida, que si bien nació sin padre que en su cuna sembrasen las primicias de su oficio, en su vida novelada, da muestras que tuvo su juventud al propio vicio como padre y a la fortuna como madrastra. Posiblemente la primera novela moderna antes de El Quijote, para muchos, no es menos cierto como él mismo apuesta que sus letras, vencerán los borrones del olvido, si bien, la premura por pasar página a la lección de desengaños y reflexiones, nos deje un hastiado sabor de boca que nos nuble la belleza de la intención de la obra, y su bien merecida fama en la cumbre de las letras españolas, posiblemente algún director avispado podría convertir por un momento el papel, en leyenda de cine, pero como resulta difícil encontrar buen director, me complace recomendar la lectura de esta novela, que a buen seguro, no defraudará a nadie a quien su gusto sea la lectura del buen papel.

Como dijo el propio Guzmán de Alfarache, ya con las desventuras iba comenzando a ver la luz de los que siguen la virtud, sea pues virtud la lectura, y desventura, perderse la oportunidad de vivir la novela, y oler el gusto de su sabor, y denunciar así un agrio olvido para hacer justicia, ya que aunque si es cierto que Mateo Alemán, vendió más que el propio Miguel de Cervantes, a quedado relegado a una segunda posición en la excelencia de la literatura española, posiblemente por su breve producción, falta quizás, del apoyo necesario y oficial.

Aingeru Daóiz Velarde.- 
















lunes, 2 de diciembre de 2019

LA LEYENDA DEL NEGRO DE TRIANA


LA LEYENDA DEL NEGRO DE TRIANA

Las leyendas nunca mueren, sobreviven, y se transmiten en la memoria, de generación en generación, como si de un caro regalo se tratara del pretérito de la historia, envuelto en el misterio de la tradición y el credo, como un dulce que mezcla el sabor del pecado a veces, la lucha contra la resignación las más, y siempre, todas, con el calor de la esperanza.

El rey Alfonso X, que tenía una enfermedad en la vista que se le denominaba el dolor de clavo, los glaucomas actuales, era muy devoto de Santa Ana, la madre de la Virgen María, y le pedía cada día por la desaparición de su dolencia. Le prometió llevar a cabo algo grande en su nombre si conseguía mejoría y así ocurrió en 1266, haciendo construir la Iglesia de Santa Ana, la más antigua de Sevilla.

La Parroquia de Santa Ana es conocida también como la Catedral de Triana, y la razón es que durante siglos, la iglesia de Santa Ana fue a Triana lo que la catedral era a Sevilla. Hasta el XIX era destino de la estación de penitencia de las hermandades del barrio de Triana que partían en procesión de Semana Santa, en tanto que las de la otra orilla del río se dirigían a la Catedral. En 1.830, la Hermandad de Nuestra Señora de la O fue la primera en cruzar el puente de barcas para hacer estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, a lo que en años sucesivos se sumarían el resto de las hermandades trianeras. El puente de Isabel II, conocido popularmente como puente de Triana, se terminó de construir en 1.852, lo que permitió una más fácil comunicación entre Triana y Sevilla. Aunque a simple vista si la observamos a pie de calle no nos parezca tan antigua, esto se debe a las muchas reformas exteriores que ha vivido a lo largo de la historia, especialmente la que sufrió a causa del famoso Terremoto de Lisboa (1755) que dañó gravemente su estructura externa. 




Sin embargo adentrándonos en su interior, entre sus secretos, tiene entre sus muros un gran número de obras de arte de gran importancia histórica fruto de sus más de 700 años de antigüedad, pero en la nave derecha del templo, junto a la capilla de la Divina Pastora, a poca distancia del suelo se encuentra un sepulcro con una lapida de azulejos de la que es fruto una de las leyendas más particulares de Sevilla, pero no por ello es muy conocida.

Cuenta esta leyenda popular, que en el año 1842 , después de un invierno de terrible crudeza, un alfarero del barrio de Triana, acudió a la parroquia trianera de Santa Ana para dar gracias a la Santa por ser curado de unas fiebres que lo habían tenido postrado varios meses, casi al borde mismo de la muerte, y para ofrecer para bautizar a un nieto suyo, estando rezando frente al altar de las Ánimas del Purgatorio lo que hoy es actual capilla de la Virgen del Carmen junto a la capilla de la Divina Pastora, un anciano apareció de la nada junto a él y le dijo enérgicamente mientras señalaba el altar de Santa Cecilia: – “Ahí está enterrado el esclavo asesinado por un Marques... Sorprendido por tal repentina intervención, el alfarero giró la cabeza y miró donde apuntaba la mano del hombre pero cuando volvió la vista a éste no se encontraba nadie en dicho lugar.

Aterrado y confundido, Castro , que así se llamaba el alfarero, salió de la Parroquia y volvió a su taller para intentar olvidar esta aparición, y debió pensar que con total probabilidad, se trataba de una especie de ofuscamiento fuera de la realidad, debido a la enfermedad y las fiebres que había sufrido hacía poco tiempo, con lo cual, ya creyendo que estaba totalmente repuesto de fiebres y de visiones, pasadas unas semanas, decidió regresar a la Parroquia, para acabar de dar las gracias con sus oraciones, y mientras rezaba en el mismo altar de las Ánimas, en la misa de doce, notó que lo agitaban del hombro y el mismo hombre de la anterior vez le refería aun con más excitación: -“ ¡Castro, Castro! Ahí está el esclavo asesinado, el que te dije la última vez, debes comunicárselo al Señor Cura… ¡Ahí está!”- .

En esta ocasión, convencido de la veracidad de dicha aparición, Castro corrió a comunicarlo a los curas de la Iglesia obteniendo solo burlas y respuestas incrédulas, siendo pronto extendida esta historia por el barrio acompañada de la fama de loco y embustero sobre el alfarero, mácula que perduró hasta que murió el pobre hombre al poco tiempo.

Después de tres años y ya fallecido el señor Castro, se llevaron a cabo unas obras de restauración y ajuste de dicho altar de Santa Cecilia, para las cuales se debió retirar la parte inferior de éste, descubriéndose detrás un sorprendente sepulcro…Ante tal descubrimiento, de forma inmediata, todo el mundo empezó a recordar la historia del alfarero y las apariciones, con lo cual, el cabildo de la Parroquia decidió retirar permanentemente el altar y dejar al descubierto la susodicha lápida. Además de ello se comenzó a investigar la identidad de dicho personaje y se dio con unos legajos que hacían referencia al tal Íñigo Lopes…como así consta…En la imagen siguiente, antigua foto de la Lauda (Lápida) sepulcral de Iñigo Lopes, aun con el rostro reconocible, sin sufrir los pormenores de los que hablaremos seguidamente.




La sepultura que guarda una curiosa historia, tiene una altísima calidad artística, y cuyo autor no es otro que Francisco Niculoso Pisano, uno de los más grandes ceramistas de la historia, el cual tiene muy pocas obras documentadas y que introdujo el oficio de la alfarería en el arrabal, y es una historia que se cuenta en la obra de José Gestoso y Pérez, “Sevilla monumental y artística”, la cual se compone de tres tomos, y cuya primera edición data de 1889, y aquí dejo constancia de la curiosidad…

En la páginas 186 y 187 del Tomo I, el cual he podido inspeccionar, se lee lo siguiente… (sic) En el ángulo opuesto al en que se halla la capilla de San Francisco, hay otra igual á ésta y de tan desatinado gusto que no contiene nada notable, y pasada la inmediata, en el trozo de zócalo que desde ella se comprende hasta la puerta lateral del templo, hay una laude de azulejos ante la cual hemos de detenernos. Es de forma rectangular, mide de largo 1 Metro 43 de largo y 0,71 de alto, y se representa en ella sobre fondo azul muy oscuro la figura yacente de un hombre con un bonetillo morado en la cabeza, el cabello cortado á la usanza del siglo XVI, las manos cruzadas sobre el pecho y vestido de una loba ó sotana amarilla, calzas verdes y zapatos negros. Por dos aberturas laterales, aparecen los brazos con mangas de tela morada. En la parte lateral derecha de la figura tiene el siguiente letrero con caracteres góticos:

ESTA FIGURA ES DE IÑIGO LOPES

Otros han leído en vez de Iñigo mingo como contracción de Domingo.

Siguen unas carclinas de estilo ojival, y después En caracteres romanos esta fecha:

EN EL AGNO DEI MIL CCCCCIII

En una cartelilla sobre la cabeza de la figura;

NICVLOSO FRANCISCO—ITALIANO ME FEClT 

Curiosa tradición corre acerca de esta sepultura, asegurándose por ella que en el espacio destruido en el epitafio después del apellido del difunto, Lopes, se leía la palabra esclavo, la cual se destruyó, quizá, para evitar las hablillas del vulgo, que señalaban al sugeto allí sepultado como víctima del asesinato del Marqués de…y aquí, enlaza con la Leyenda antes comentada del Alfarero.

De los legajos encontrados, se pudo conocer la historia que aquí dejamos. El 16 de noviembre de 1493, las naves españolas comandadas por Colón avistaron la isla caribeña de Borinquén, lo que hoy se conoce como el actual Puerto Rico. Los españoles no tardaron en encontrar un poblado habitado por indígenas, gentes dóciles y ermitañas, que se sometieron a los que entendían ellos que eran dioses. Colón dispuso su marcha y pidió como tributo a algún joven que le sirviera de ayudante, lejos de negarse el jefe de la tribu le ofreció a su propio hijo. Colón a su vuelta a España lo manda a un convento Sevillano de San Francisco. Allí el Negro, como así le apodaban, aprendió a seguir la llamada de Dios a amarlo y como buen fraile permaneció en el convento, algo más de 8 años. Durante ese tiempo, fue bautizado por su padrino y benefactor de la orden franciscana, un Marqués, cuyo nombre desconocemos, por las razones que luego, vendremos a dar…

Poco a poco, el Marqués fue consiguiendo que el Íñigo Lopes “el Negro“, confiara en él, hasta tal punto que consiguió un día arrancarlo del convento para ponerlo a su servicio. Íñigo no tardó en adaptarse al nuevo cambio, disponía de todo lo que podía desear, ese mismo deseo fue lo que le costó la vida…Una mañana, Íñigo se estaba bañándose desnudo en un estanque de la casa, cuando el Marqués le asaltó y le pidió, o más bien le obligó, a que le dejara estar junto a él para bañarse juntos, lo que Íñigo por su educación de castidad que había recibido en el convento se negó. Poco acostumbrado a que nadie le llevara la contraria, lo mató a golpes acabando así con la vida de Íñigo. Arrepentido de dicho acto, el Marqués estableció que el esclavo tan amado por él debía ser enterrado en el suelo sagrado de la parroquia con una lápida lujosa y con azulejos renacentistas.

Debido a esta historia que se escuchaba por Triana del amante asesinado, se extendió el rumor que las mujeres solteras en busca de maridos, tendrían que ir a la tumba del popularmente conocido como Negro de Triana, y que dieran siete patadas con el zapato a la tumba y en poco tiempo se casarían. Es por ello que desde su descubrimiento hacia 1850, mujeres de todo el barrio se han acercado al sepulcro de Íñigo Lopes a cumplir dicho ritual, con el consiguiente daño sufrido por los azulejos. En las imágenes siguientes, se puede observar el estado actual de la lápida sepulcral.





En los años 70 del siglo XX se coloco una reja protectora para que de esta manera no dañara así la tumba de unos de los personajes más conocido en toda Triana.




A continuación del apellido Lopes, algo está borrado, como ya se ha comentado, y además, intencionadamente y no como consecuencia de las patadas...la pregunta sería, ¿pudo haber otro apellido, y otra sería ¿Quién lo borró? A buen seguro la historia real sería más interesante que esa siniestra leyenda. La cabeza es la parte más deteriorada del cuerpo, posiblemente también de una forma intencionada. Según testimonios como el de Antonio Murillo, coadjutor de la parroquia, corroboran la certeza de las patadas de costumbre, aunque también dice que posiblemente ninguna moza llegó a darle las siete patadas de rigor, porque allí estaba, al quite, El Mudo, que se había convertido en fiel vigilante y guardián de la lauda sepulcral del negro o esclavo.

Aparte de la leyenda, invita la posibilidad puede realizar un breve estudio histórico artístico del sepulcro.

En realidad no se sabe si dicha tumba es efectivamente del sirviente o de dicho Marqués, ya que ha desaparecido la palabra que prosigue al nombre “Iñigo Lopes” y no se tiene constancia de la razón de dicha pérdida aunque se piensa que fue eliminada intencionadamente por algún interesado en el desconocimiento del dato que ella ofrecía, y que ya hemos podido exponer con anterioridad, como también se ha expuesto que aparece un hombre de apariencia joven de piel oscura, con ropajes tardo medievales y de buen aspecto, con una cruz en el pecho y un gran almohadón bajo la cabeza...No aparece por tanto ningún elemento que dé a pensar que se tratara de un caballero ni de un clérigo. Tampoco existe algún elemento característico de alguna familia nobiliaria de la época, pero las ropas y la novedad de la técnica de la sepultura para dicho momento da a pensar que se trataría de un miembro de alguna familia importante de Sevilla ya fuese legitimo o no, y es que la ausencia de elementos que ayuden a su identificación hacen decantarse más por esta segunda opción. 


En relación a la cara del difunto, a pesar de ser conocido como el Negro se debe decir que Niculoso Pisano efectúa la misma técnica en toda su obra para reflejar el color de la carne humana siempre de un tenue color azulado por lo que no se puede extraer de esta que fuese un hombre de otra etnia diferente a la europea. Por último se debe indicar que algunos historiadores del arte piensan que no se encuentra en su lugar original por las diferentes marcas que muestran los azulejos en sus bordes, siendo probable su origen en el suelo y posteriormente su traslado a la pared donde hoy se sitúa…De ahí, surge una incógnita, pues no se sabe si está enterrado Íñigo López o uno de sus sirvientes negros, a quien asesinó. De ahí el nombre de la leyenda.

Ésta es la legendaria historia de aquel indio conocido como El Negro, que murió asesinado, fue enterrado como un noble y acabó recibiendo patadas de las trianeras sin novio, quién sabe si como recuerdo a ese amor no correspondido hacia el marqués, que le provocó la muerte… tal vez como consecuencia de siete patadas recibidas…en conclusión, leyendas de enamorados, que como muchas de sus historias, acaban con un final trágico y regado de la tragedia cruel, pero retraigámonos en el tiempo para culpar a la diosa Astarté, estrella de la tarde, diosa del amor apasionado, la cual huyendo de la persecución amorosa de Hércules, fundador mitológico de Sevilla, vino a refugiarse en la orilla occidental del Guadalquivir fundando Triana, y aquellos que navegan la historia del río Guadalquivir, conocen bien interesantes historias de las leyendas del amor y el desamor que sus aguas atestiguan, ahí tenemos el ejemplo de dos alfareras trianeras, Justa y Rufina, que al no sucumbir a los deseos de Diogeniano, las asesinó, o el de Florinda, la hija del conde don Julián, cuyo palacio se encontraba en la vega de Triana, y el ardor no correspondido de don Rodrigo, último rey visigodo, la convirtió para siempre en La Cava, y en mito y leyenda de España a costa de una traición…no creo que las muchachas casaderas de Triana, necesiten darle siete patadas a compás a una lauda sepulcral, para oler el aroma eterno del azahar, el simple brillo del espejo del río, es testigo directo de su belleza, y ésta, navega más allá de su imagen, justo en las profundidades del sentimiento sincero de su corazón, y sus leyendas.

Aingeru Daóiz Velarde.- 

















domingo, 24 de noviembre de 2019

LA CONJURA DE LOS NECIOS

LA CONJURA DE LOS NECIOS 


La Conjura de los necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia. Ignatius J. Really es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistral Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.




El autor, John K. Toole, consigue una crítica clase media. Logra mantener el interés del lector (incluso mayor en una segunda lectura que en la primera) con un abanico de personajes a cuál más desagradable, que podríamos también definir como un carnaval esperpéntico de marginados que sobreviven hábilmente revolcándose en el desdén de la hipócrita clase dominante, entre los que destacan Darlene la stripteaseuse de la cacatúa; Burma Jones, el quisquilloso portero negro del cabaret Noche de Alegría, regentado por la rapaz Lana Lee, quien completa sus ingresos como modelo de fotos porno; el patrullero Mancuso, el policía más incompetente de la ciudad; Myrna Minkoff, la estudiante contestataria, amiga de Ignatius; Dorian Greene, un líder de la comunidad gay; la desternillante octogenaria Miss Trixie, siempre enfurecida porque no le dan la jubilación... el propio Ignatus Reilly, la madre de éste y tantos otros personajes inolvidables.

No deja títere con cabeza y, a través de la tortuosa y enrevesada personalidad de Ignatius, da un repaso a la época que le tocó vivir en un tono de burla que contrasta con la triste visión de las vidas de los personajes retratados. No encontramos únicamente una loca y angustiosa historia de crítica social, sino que el argumento engancha desde el comienzo. Momento en el que, como dice su protagonista, Fortuna hace girar su rueda hacia abajo y nunca sabemos cuál es la desagradable sorpresa que nos depara el destino. A partir de aquí, unas situaciones enganchan con otras, al igual que lo van haciendo los personajes, y se va formando una enorme bola de nieve que terminará estallando al final de la novela.En la imagen, John Kennedy Toole.




Escrito a principios de los 60, el autor no pudo conseguir que se editara y, frustrado, en 1969, cansado de intentar la publicación en multitud de editoriales, tuvo la trágica iniciativa de inhalar los gases del tubo de escape de un coche en marcha, emulando lo que se conoce como la muerte dulce, posiblemente contrapuesta a la vida amarga, y ambas, lentas y sufridas hasta sus últimas consecuencias que enlazan, como dos hermanas del destino, al final de los tiempos de la triste realidad…

Su madre, Thelma, siguió intentando de forma insistente y sin descanso la publicación, y lo consiguió en 1980, cuando ella contaba ya con 79 años, gracias al apoyo de otro novelista, Walter Percy, en una única editorial, la Editorial Universitaria de Louisiana, que sin embargo, en muy poco tiempo, el libro alcanzó un éxito inmenso que, finalmente en 1981, logró subirse al cajón del Premio Pulitzer. Digamos que todo comenzó cuando en 1976, Walker Percy abre con desgana el manuscrito. Él es un prestigioso filósofo y escritor, y leer la obra de un don nadie que ya ha muerto no le apetece nada, pero Thelma Ducoing, la enlutada madre del autor, le ha acorralado con su perseverancia, quizá espoleada por el remordimiento, quizá por el recuerdo, o quizá, por el amor. No había resquicio para negarse. Percy, con cierta desidia, comienza a pasar las páginas, y finalmente queda rendido ante la pasión.




John Knnedy Toole, Ken, como todos lo conocían, fue el único hijo de un matrimonio mayor que ya se resignaba a no tener descendencia. Su nacimiento fue una inspiración para la sobreprotectora Thelma, su madre. Se volcó con su hijo y le proporcionó una excelente educación, pero su energía también acabaría anulándole la personalidad.

Una beca para estudiar en Nueva York le permitió a Toole escapar de su agobiante madre. Realizó un máster en Literatura Inglesa en Columbia y emprendió una carrera como docente antes de ser llamado a filas. En el ejército trabajó como profesor de inglés para soldados puertorriqueños, una tarea que combinó con la redacción de los primeros borradores de "la Conjura de los necios".

Una vez finalizada su instrucción militar, Toole regresó a su Nueva Orleans natal. Pero ya no era el mismo. se había convertido en un ávido bebedor, era excéntrico al vestir y no había ni rastro de aquel maestro extrovertido que encandilaba a los alumnos. Siempre se ha sospechado de su frustración por no conseguir publicar su obra, como hemos comentado, pero no obstante, algunos biógrafos de Toole insinúan que su probable homosexualidad, reprimida a la sombra de su autoritaria madre, fue el factor clave en su mutación y trágico desenlace.

En un arranque melancólico y, quizás, demasiado pasional, podría decirse que Toole desapareció un 20 de enero de 1969, después de una acalorada pelea con su madre, Thelma. Tras encontrar su cadáver en el coche, se hallaron también en la guantera unos recibos de gasolina que señalaban que viajó a la costa oeste, para luego cruzar el país en dirección a Midgeville, Georgia, donde visitó la tumba de Flannery O'Connor, también escritora, también hija única, y quien es considerada entre los mejores escritores estadounidenses del siglo XX; fue autora de dos novelas y 32 relatos, publicó también ensayos y reseñas. Su obra es ampliamente estudiada en el contexto de la literatura del Sur de Estados Unidos; sus personajes y el ambiente que describe son sureños, y a la vez su obra trasciende el ámbito local para crear ficciones de alcance universal. Se cree que regresaba hacia Nueva Orleans cuando paró en una carretera secundaria a las afueras de Biloxi, Mississippi. Allí encontraron su cuerpo el 26 de marzo, y en el mismo ligar de la tragedia se halló una nota de suicidio, que Thelma destruyó tras leerla. Sus comentarios acerca del contenido de la carta fueron contradictorios, y las razones por la que su madre la destruyó, también. En la imagen, Flannery O'Connor. 


La verdad es que resulta difícil catalogar la obra como una comedia, una tragedia, un ensayo o quizás, todo un drama en el que el protagonista, Ignatius, cae mal desde el principio hasta el final, pero engancha por todos los lados a pesar de la desagradable existencia que proyecta hacia los demás, e incluso él mismo, se da cuenta del rechazo de la sociedad hacia su persona, y precisamente la historia, circula en torno a la lucha contra la sociedad del momento que le tocó vivir, ésa es la razón por la que arremeta contra ella con todas sus fuerzas, una sociedad en la que se entremezclaban la corrupción, el miedo, la pobreza y la difícil lucha por la supervivencia social. 

Ciertamente, pese a un argumento muy complicado de explicar, podemos llegar en un momento dado, a imaginar que el propio autor, es el reflejo inédito del personaje de su obra, una obra que despierta sentimientos encontrados como humor, repugnancia, impotencia o la misma tristeza, y que conforme va avanzando hasta el final, van creciendo, como a la vez, crece la imagen complicada que representa el personaje en cuestión.

Ambientada, como hemos dicho, en los bajos fondos de la Nueva Orleans de la época, en un hilo argumental con situaciones cotidianas, que van enlazando a una cuadrilla de personajes esperpénticos, en una mezcla sin parangón, liderados por nuestro protagonista, como ya hemos comentado. Se da la circunstancia que, del mismo autor, podemos encontrar publicada otra obra titulada “La Bíblia de Neón”, que escribió con 16 años, y mantenía guardada en un cajón. 

Puestos a elucubrar, me gustaría dejar claro que La Conjura de los necios, desde luego, es una obra maestra, brillante a lo mejor y depende de los gustos de cada cual, universal posiblemente debido a la leyenda que lleva cosida, compleja y disparatada con total certeza al considerarse una sátira moderna, que ha entrado de la mano de la suerte o la desdicha en la historia de la literatura a base de la insistencia, pero que no se aleja para nada, de otra visión que rompe con los falsos mitos que envuelven el halo de misterio que la identifican. 

El primero de ellos, es si se puede considerar el rechazo de la obra de Toole, el motivo real del suicidio del autor, e investigando un poco, hemos podido saber que un editor llamado Robert Gottlieb un mensaje que parece ser que no fue una negación cerrada a la edición del libro, pero que Toole, decidió no enviar la obra a otra editorial, y al parecer, la razón es que la familia estaba pasando una situación económica difícil, y Toole tenía dos opciones y debía decidirse por una de las dos, algo que le resultó muy complicado, y que, sinceramente, de forma personal, mi opinión es que había decidido ser escritor, y había confiado demasiado en un libro que creía una obra maestra que a la postre lo fue, pero pudo sentir una especie de desdén el primer contacto que tuvo con una editorial, y también, posiblemente influyera el que Toole, sintiera una especio de pasión fraterna con un grupo literario de escritores estadounidenses conocido como Generación beat de la década de los cincuenta, así como al fenómeno cultural sobre el cual escribieron. Algunos elementos definitorios son el rechazo a los valores estadounidenses clásicos, el uso de drogas, una gran libertad sexual y el estudio de la filosofía oriental. Esta nueva forma de ver las cosas dejó su principal influencia y legado en la posterior contracultura o movimiento hippie.




Tampoco podemos considerar a Toole como un escritor loco, ya que por el contrario, pensamos que cuando escribió la novela o como queramos llamarle, debía estar absolutamente centrado para escribirla en tan sólo seis meses. Por otra parte, nos hacemos la pregunta de que si podemos considerar a la madre del escritor, como la única fuente fidedigna para llegar a conocer su vida, y nos resalta esta duda ya que también es conocida la complicada relación que mantenían, con un control excesivo posiblemente razonable quizás, y que la documentación aportada para prologar su obra y darle el empuje comercial necesario, sólo ha sido seleccionada por ella, Thelma, y tomó la decisión de buscar editora después de la muerte de su padre, en 1974. Además, existe otra variante, y es la existencia de una posible carta que Toole escribió a una mujer en la que le propuso matrimonio...o el amor platónico por la escritora antes mencionada Flannery O'Connor...difícil de saber.

Entramos ahora en la opinión citada anteriormente de que si cabe la posibilidad de que Ignatius Reilly, protagonista principal de la obra de Toole, fuera el espejo en el que se reflejaba el propio autor, y hemos podido saber que, fuera aparte de la anécdota de vendedor de perritos calientes, resulta que el autor, tenía un amigo íntimo llamado Bobby Byrne, que al parecer cuadra a la perfección con la del protagonista de La Conjura de los Necios, el bigote, el sobrepeso, alto, torpe, adoraba los perritos calientes, estaba obsesionado con la filosofía medieval, era un intelectual pero al mismo tenía un punto grotesco, era conocido por tirarse pedos en público...en fin, datos contrapuestos que espero que ayuden a sentir el cosquilleo del deseo a leer la obra, que en todo caso, resulta fantástica a mi parecer, de lo contrario, Ignatius Really se apoderará de sus mentes cada día por la noche antes de dormir, les recuerdo que su adaptación al cine, ha sufrido toda una maldición... 

Aingeru Daóiz Velarde.- 





BIBLIOGRAFÍA

La Conjura de los necios. John Kennedy Toole.



Una mariposa en la máquina de escribir. La vida trágica de J. K. Toole y la extraordinaria historia de La conjura de los necios. Cory MacLauchlin.

EL SECRETO DE LOARRE


EL SECRETO DE LOARRE

Verónica Martínez Amat





RESUMEN

En 1295, Diego Garcés de Tortosa es enviado a Loarre para servir como guardia en su fortaleza. Pero ahí no acaba su misión: tras los muros del insigne bastión se oculta un secreto cuya posible revelación haría tambalearse los cimientos del reino de Aragón. Su insistente búsqueda le llevará hasta oscuras conspiraciones del pasado, que todavía perduran latentes. Aun así, su empeño solo se verá alterado cuando una noble dama irrumpe en su vida, logrando que sus aspiraciones se trastornen por completo. Cuando Elvira Ximénez de Blau abandona sus tierras valencianas, viene a refugiarse al amparo hospitalario de un familiar en el Castillo de Loarre. Su anterior y despreocupada juventud queda afectada por las malas condiciones económicas en las que la muerte de sus progenitores la han sumido. Mientras la inquietud por ese incierto futuro la embarga, un encuentro casual con el aguerrido guardia de la fortaleza la hace despertar a una nueva y apasionante vida en la que comparte misterios, intrigas y una irresistible atracción por el apuesto guerrero que acaba de cruzarse en su camino…

LA AUTORA

Ganadora del I Premio de Novela corta Castillo de Loarre, en 2013,  es una novela romántica, que nadie espere encontrar una trama, donde el romanticismo no encuentre su parte fundamental, sirva esta reseña como aviso, y dicho esto, aprovecho la oportunidad para presentar a la autora, que ha tenido la deferencia de cederme el honor de presentar a su vez la Novela que nos ocupa en este artículo, y como bien conocéis, se trata de Verónica Martínez Amat, compañera en este grupo de CLÍO POR LOS LARES DE HISPANIA, de lo que este Administrador, de forma muy particular, se siente personalmente muy orgulloso…como ella misma asegura, nació y reside un pueblo del interior de la provincia de Alicante. 

Verónica Martínez Amat, licenciada en Filología Inglesa y Máster en Investigación Histórica, amén de haber realizado otros estudios relacionados con la Archivística y la Biblioteconomía. Su pasión por los libros y la lectura dice venirle desde muy niña, despertando su imaginación a nuevos mundos y aventuras que, como no podía ser de otra manera, han acabado plasmados en un papel. Más tarde, descubrió en la Historia aquella inclinación natural que le faltaba para convertirse en una escritora de novelas, y dice bien, porque no es la única novela de la que es autora, las demás, las iremos presentando conforme vayamos descubriendo su lectura… Es de hecho en acontecimientos y hechos históricos poco conocidos, o que han pasado de puntillas por los libros de Historia, donde nos dice encontrar  la inspiración para sus narraciones, cuentos y leyendas de esas épocas pretéritas que tanto le entusiasman.




Madre a la vez, juega su papel en la vida, con la pasión de escribir, lo que resulta una suerte para los apasionados por la lectura, como es mi particular caso, aunque ya el espacio para mis libros está empezando a escasear…
Aceptamos desde este humilde sitio que el espacio virtual nos brinda, para aceptar la invitación de nuestra amiga, para conocerla mediante sus escritos, y a la vez, como moneda de cambio, le pedimos que nos ayude a seguir adelante con este pequeño proyecto que iniciamos con ilusión, que no es otro que la divulgación de todo aquello que la cultura, la música y las pequeñas inquietudes particulares nos den la oportunidad de exponerlos aquí, en esto Lares donde Clio nos observa en el silencio del tiempo. Si la escritura fuera la pintura de la voz, estamos convencidos de que la lectura es vivir mil veces en la imagen de un cuadro que no muere nunca…demos pues la oportunidad de dar las pinceladas necesarias para recrear la esencia de la vida, y darle un tiro de gracia a la ignorancia.
UNA PERSONAL RESEÑA

Una historia de amor, de intriga, de misterio en la búsqueda de un secreto que, poco a poco, como emergiendo de entre las brumas, vamos viendo la claridad de la finalidad de la novela,  y el desvelo del misterio nos va dejando la sensación de buen gusto de un cocido literario con sabores tan intensos como las propias emociones de la intriga y el misterio, el suspense y la belleza, el amor en la excelencia de su momento… pero como decía Dostoyevski, todo se hace maravilloso en la bruma cuando es la incertidumbre lo que a uno le encanta…Tanto es así, que con toda probabilidad, la sensación romántica que queda al final de la lectura, es no de una novela, si no del sueño recreado de una vivencia más allá del tiempo y el espacio, donde el tiempo nos traslada a una fortaleza rodeada de historia y de leyenda a la vez, y el espacio, es la mágica luz que encuadra el ambiente y el aroma de unos momentos inciertos tras los muros, allá donde se extiende una llanura de incertidumbres, guerras, ilusiones y ardores llenos de esperanza, donde esa misma esperanza a veces no es ni realidad ni quimera, si no un hecho en la historia que da lugar a la pasión. La prosa, es como un arado magistralmente elaborado en una tierra áspera y dura, de donde soñamos con el anhelo de extraer un fruto dulce y sabroso, que sacie el hambre y el deseo de que no acabe nunca, para volverlo a saborear una y otra vez, y la doble sensación de resolver el final del último suspiro del alimento deseado, para lamer la yema de unos dedos en la remembranza acalorada del sabor de una acción de entusiasmo que se convierte casi en gula.


Aingeru Daóiz Velarde.-








domingo, 3 de noviembre de 2019

EL CASTILLO DE OTRANTO…NOVELA GÓTICA.


EL CASTILLO DE OTRANTO…NOVELA GÓTICA.






Horace Walpole (1717-1797), hijo del primer ministro británico Sir Robert Walpole, estudió en Eton y en el King’s College de Cambridge, centro que abandonó sin obtener un título. En 1747 Walpole adquiere una granja en Twickenham, a orillas del Támesis, que reforma y decora como un pequeño castillo gótico: Strawberry Hill. Durante años mantuvo una abundante correspondencia con los principales protagonistas de la política y la cultura de su tiempo, como Madame du Deffand o Sir Horace Mann. Escribió poesía, sátiras y ensayos históricos, pero la obra que le granjeó la inmortalidad fue un capricho literario titulado El castillo de Otranto (1764), publicado originalmente como si fuera la traducción de un texto italiano del siglo XVI, que inició una fecunda moda y un género literario que llega hasta nuestros días: la novela gótica.. El Castillo de Otranto comenzó a forjar el tenebroso imaginario formado por ominosos castillos provistos de lúgubres mazmorras, por una naturaleza sombría y turbulenta, y por sucesos y percances inesperados y escalofriantes. Escrita de un tirón por Horace Walpole (1717-1797) a raíz de una pesadilla –circunstancia a la que acaso debe la agilidad de su trama–, la novela tiene el interés añadido de ser una de las primeras apariciones de lo que luego se llamaría el surrealismo en la literatura.





El castillo de Otranto, cuya acción se desarrolla en la Italia medieval, narra la historia del tirano Manfred, cuya estirpe arrastra una maldición desde que su abuelo usurpara el poder del castillo a sus legítimos poseedores. Manfred trata de perpetuar su herencia casando a su débil hijo Conrad con la princesa Isabella, pero poco antes de la boda ocurre un accidente fatal de origen aparentemente mágico que frustra sus designios. A partir de este suceso, se desencadenarán una serie de misteriosos fenómenos sobrenaturales y pasiones encendidas que tendrán como escenario el asfixiante y siniestro decorado del castillo, uno de los principales “personajes” del relato: puertas chirriantes, pasadizos oscuros y criptas secretas hacen su aparición por primera vez. Había nacido la literatura de terror.


UN ATARDECER EN COMILLAS


UN ATARDECER EN COMILLAS





Una preciosa escultura preside el Cementerio de Comillas, declarado bien de interés cultural. Dicho cementerio está construido sobre una iglesia monacal de la Alta Edad Media, concretamente  del siglo XVI, que por obra y gracia de múltiples conflictos vecinales fue convirtiéndose en una ruina consolidada, el flamante cementerio de Comillas, y el Ángel preside la cúspide,  como si de un guardián perpetuo se tratase, testigos silenciosos de una pasión prohibida.






La escultura representa a “Abadón” o el Ángel del Abismo sin fondo del que habla el libro del apocalipsis,  símbolo a su pesar de la ciudad de comillas.

Mi compañía, la hermosura de un corazón al que jamás podré desvelar mi secreto, vestida de negro, pelo corto recogido con gracia, falda larga que deja asomar la elegancia de unos tobillos de ensueño, y cuya mirada triste me desgarra el alma.
Al final de la tarde, cuando el sol empieza a bostezar, busco  algún sitio alejado del cementerio donde juntos, podemos ver la magnitud del  guardián y de fondo,  el mar. Una Fotografía espectacular y sobre todo, un sitio perfecto para disfrutar de las vistas y quizá para darle vueltas a algún pensamiento, o a lo mejor, para buscar una respuesta ante el dulce sabor del silencio, ese mismo silencio que nos ensordece el alma, cómplice compañera de nuestra propia soledad, silencio sepulcral que solo es quebrado por el romper de las olas en la costa cercana.






Abadón nos observa sin fijar su mirada, consciente sabedor del destino, y de la importancia del sabor de la vida, que nos empecinamos en vivir como si nunca tuviera final, sin detenernos a degustar el placer de su caricia.



Desde lo más profundo de mi pensamiento , observo en gótico la representación de  los elementos desordenados de la esencia del hombre, casi poco dignos, dotados de escasa racionalidad y sentido, en contraposición con la magnífica esencia del amor, que a menudo el humano ser,  suele asociar al morboso y siniestro sentido animal del deseo y la brutal posesión, y pasea por mi mente  una trama que se desarrolla en la imaginación, y en la cual, me atrevo a confesar el sentimiento que me arde por dentro, ante la mirada de una lágrima que resbala por su mejilla y me ahoga la razón, en un paisaje,   cuyo único testigo mudo son los muros pétreos del cementerio, elemento arquitectónico fundamental, del que exhala una atmósfera de misterio y profecía final que marcará el devenir de una pasión reprimida, prohibida por las circunstancias de la vida, y que la persona amada, a la que me he atrevido a brindar una rosa negra, jamás llegará a conocer.


El choque brutal de la apasionada ambientación romántica, y el lúgubre paisaje de la tenebrosidad de las ruinas, me hacen mirarla a los ojos, cuyos pasadizos secretos que conducen a la profundidad de su alma, me condenan a la tortura perpetua del mudo silencio, y la cobarde conmiseración de la sufrida conformidad.


Aingeru Daóiz Velarde.-








domingo, 27 de octubre de 2019

LA HISTORIA DE UNA EMBAJADA RESCATADA DE LA MEMORIA



LA HISTORIA DE UNA EMBAJADA RESCATADA DE LA MEMORIA

La Embajada de España cerca de la Santa Sede tiene el doble honor de ser la Misión Diplomática más antigua de cuantas existen en el mundo y de mantener su residencia a través de los siglos en el mismo edificio. Hasta el siglo XV los Embajadores desempeñaban misiones temporales específicas como negociar acuerdos comerciales, tratados de paz, o fijar las estipulaciones de matrimonios entre príncipes. Es la República de Venecia el primer Estado que designa un Embajador permanente, precisamente aquí en Roma por la importancia espiritual y temporal del Papado. El Rey Católico Fernando de Aragón, por su condición de Rey de Nápoles y al ser Venecia su gran rival, establece también una Embajada permanente y designa para el cargo en 1482 al Caballero de la Orden de Santiago Don Gonzalo de Beteta, cuyos restos reposan en la Iglesia Nacional de los Españoles de Santiago y Montserrat.
Beteta inició la prestigiosa nómina de 151 Embajadores, del mundo de la diplomacia, la milicia, la nobleza, la política e incluso la Iglesia, que durante más de quinientos años han representado y defendido los intereses de nuestra patria en una misión diplomática marcada por su singularidad e importancia.



Tenemos que dirigirnos a documentos del siglo XV, para ver como se denominaba dicha Embajada, y concretamente en uno de esos documentos, de los cuales hay varios, me referiré al de  18 de septiembre de1484, que se refieren a la valoración que hicieran los Reyes Católicos ante la duda de a quién dejar en depósito los papeles de Beteta ordenando tomar ciertas medidas, ya no sólo referentes a este asunto concreto, sino que afectaban también a la propia institución de la Nación Española en Roma" de la Embajada.
"El Rey e la Reyna. Reverendo Padre Alfonso de Paradinas, obispo de Ciudad Rodrigo e demás diputados de la Nación Española en Roma. Ha llegado aquí Blas del Pino, Camarero e Secretario del honrrado cavallero e nuestro embaxador Don Gonzalo de Veteta, que santa gloria haya, e nos ha entregado vuestra atenta e cumplida carta de 29 de marzo de este año, con la qual nos participades la muerte de dicho Don Gonzalo, que decides siguió el día 27, dos días antes del despacho, refiriendo lo que havía declarado en su testamento acerca de los papeles pertenecientes a nuestro real servicio, decides que sin embargo, que dicho Don Gonzalo havía dispuesto en su testamento acerca de los papeles pertenecientes a nuestro servicio, decides que sin embargo que havía declarado que los testamentarios cuydasen de entregarlos a quien fuere nos servidos mandar, e que siendo vos. Reverendo Padre, uno de ellos, e haviendo considerado no haver en Roma persona que goze el character de nuestro criado, en quien poderlos fiar, con prudente reflexión, e para el mexor resguardo de ellos, dudaste cómo lo havíades de executar e facer, e por ende tubistes por conbeniente de juntar como juntástedes tres principales sugetos de la Nación..." Fol. 37rv.
Este es solamente un ejemplo, aunque hay más pero alargaría mucho el post donde claramente, a la Embajada se le denomina: “Embajada de la Nación Española en Roma”, simplificándolo numerosas veces con el nombre de “Nación” solamente; recuerdo que estamos hablando de 1480-84.
"Y assi se tomó por expediente por Monseñor Paradinas el juntar tres o quatro de los principales de la Nación para discurrir sobre la materia, y resolvieron que tres de los principales sugetos de la Nación fuesen con Notario a la casa de Don Gonzalo, difunto, y recogiendo todos los papeles, se pusiessen en un saco, y ligassen....., Ibid., fol. 36r.
…........... jamás de esta prerogativa e distinción, e que en juntas e funciones presidades e presidan a qualesquiera personas, estando inmediatamente al hombro izquierdo de nuestro embaxador e cardenales e otros perlados e eclesiásticos de la Nación". Fols. 40rv.
…......... para los casos graves, también nuestros embaxadores hayan de combocar a los diputados de la Nación referida, como los que representan el cuerpo entero de ellas …...,Fols. 42rv.
E en todas las consultas graves que os hicieren e para las quales os llamaren e representaredes al dicho embaxador e subcesores las necesidades de la Nación, los agravios que padeciere e la prevención del remedio, para lo qual teneredes irremisiblemente un día de cada semana entero para las audiencias de nuestra Nación e para oyr la necesidades de ella …..., Fol. 46rv.
Aparte de en castellano antiguo, también los hay en francés:
Gonzalo de Beteta est considéré comme un des premiers ambassadeurs permanents de l'histoire d'Espagne et le premier ayant assumé cette charge auprès du Saint-Siège. Son décès, survenu au cours de l'accomplissement de sa mission en 1484, donna lieu à l'intervention de la "Nación Española de Roma", chargée de la sauvegarde des intérêts royaux à Rome jusqu'à la arrivée du novel ambassadeur. Ces faits seraient manipulés historiquement et documentairement des siècles plus tard, en plein XVIIF siècle, au cours des revendications de prérogatives royales sur les églises nationales espagnoles à Rome. En s'appuyant sur un manuscrit de la Bibliothèque Menéndez y Pelayo de Santander, cet article tente d'aborder la
Parece ser que aunque ahora hay escépticos que lo discuten o niegan, en el siglo XV con los Reyes Católicos, se denominaba Nación Española, al menos eso dicen los documentos…sirvan estos como simples ejemplos.

HISTORIA DE LA EMBAJADA

En sus años iniciales (1480), los Embajadores se albergaban en palacios alquilados a cardenales o nobles romanos (Orsini, Altemps, Aldobrandini, Doria Pamphili, Urbino, De Cuppisy), hasta que en 1647, el nuevo embajador del Rey Felipe IV, Íñigo Vélez de Guevara, Conde de Oñate, adquiere por 22.000 escudos romanos el Palacio Monaldeschi, el cual había sido sede de la Embajada desde 1622, hoy conocido como Palacio de España.

La compra tuvo sus embrollos, los propietarios del Palacio, una vieja familia noble romana, la familia de los Monaldeschi, lo sacó a subasta pública, a través de un agente italiano, Bernardino Barber, el conde de Oñate, hizo una oferta por el palacio, pidiendo permiso de compra a la Congregación de Barones del estado pontificio, que tenía la potestad para aprobar la venta de palacios importantes. Posteriormente, se compraron otras cuatro casas junto al palacio para ampliar el edificio, en 1654 el rey Felipe IV envió 19.000 ducados para su mantenimiento y reparación.

El Palacio Monaldeschi, es un palacio barroco que alberga la sede de la Embajada de España ante la Santa Sede desde 1622. No alberga, por contra, la Embajada de España ante Italia, ya que esta se encuentra en la primera planta del Palacio Borghese de Roma.



La Embajada interviene en la elaboración por parte del Papa español Alejandro VI Borja de la Bula «Intercaetera», que da lugar al Tratado de Tordesillas y reparte el Nuevo Mundo entre los reinos de España y de Portugal. Después del «Saco de Roma» los Embajadores consiguen la reconciliación con el Papado, organizan la importante visita de Carlos V a Roma y logran el apoyo de los Estados Pontificios a las guerras de religión del Emperador. En la Embajada se negocia la llamada «Liga contra el Turco», la alianza entre España, los Estados Pontificios y Venecia, que permitiría derrotar en Lepanto a la flota otomana, librando a Europa de la amenaza turca.


Hay también capítulos desconocidos como el ofrecimiento que el Rey Alfonso XIII hace en mayo de 1915 al Papa Benedicto XV del Monasterio de El Escorial como residencia con extraterritorialidad para evitar los riesgos de la Primera Guerra Mundial y garantizar la libertad de su sagrado ministerio.



Los Embajadores se albergaban en palacios alquilados a cardenales o nobles romanos hasta que en 1647 el Conde de Oñate, Embajador del Rey Felipe IV, adquiere el actual edificio, cuya rehabilitación encarga al gran arquitecto Borromini quien fuera el rival de Bernini, y quien construye la maravillosa escalera de honor, una de las más armónicas de la ciudad. El Palacio de España custodia importantes obras de arte como las dos esculturas de Bernini, «El alma condenada» y «El alma beata», la magnífica colección de tapices o los cuadros de Madrazo, Vicente López, Wieldens, Mario de'Fiori, Mengs, Nattier, Palmaroli, etc.
Durante cuatro años fue residencia del pintor Velázquez, venido a Roma para adquirir obras de arte para la colección real. Aquí pintó «La fragua de Vulcano» y «La túnica de José», tomando como modelos al personal de la Embajada. Por encargo real, los Embajadores adquirieron más de dos mil pinturas de los clásicos italianos, que pasaron al Museo del Prado.




 Durante los siglos XVI, XVII y XVIII el palacio fue el centro de un mundo fastuoso, siendo escenario de los acontecimientos más brillantes de su tiempo en la ciudad de Roma, su pequeño teatro de madera fue un 20 de noviembre de 1782, escenario del estreno de Antígona de Vittorio Alfieri; durante cuatro años fue residencia del pintor Velázquez, venido a Roma para adquirir obras de arte para la colección real. Aquí pintó “La fragua de Vulcano” y “La túnica de José”.

La embajada alberga una colección de tapices gobelinos del siglo XVII, tapices de lana y seda del siglo XVIII originarios del Palacio Real de Madrid; cuadros del Museo del Prado de autores como Federico Madrazo, Vicente López, Nattier, Mengs, Mario di Fiori; numerosas esculturas donde destacan dos bustos de Gianlorenzo Bernini de 1619, "El alma beata" y "El alma condenada"...en la imagen, el Alma Beata.



El 8 de septiembre de 1857, el papa Pío IX inauguró la columna de la Inmaculada Concepción que preside la Plaza de España, plaza que lleva ese nombre en honor a la Embajada y en recuerdo de la definición del dogma de la Inmaculada del que España fue tenaz defensora durante siglos.


La Embajada esta, cerca de la Santa Sede,  y no ante la Santa Sede, como equivocadamente se la denomina. El diccionario de la Real Academia Española define la segunda acepción del término «cerca» diciendo que en lenguaje diplomático designa la «residencia de un ministro en determinada corte extranjera, y cita como ejemplo el del «Embajador cerca de la Santa Sede». Además el adverbio «cerca» recoge el antiguo privilegio de cercanía al Pontífice que tenía el Embajador del Rey católico de España frente al Embajador del Rey cristiano de Francia, eternos rivales durante esos siglos; el Embajador de España, estaba más cerca de la Santa Sede que el francés, ahora no tendría mucha importancia pero por aquel entonces, era toda una victoria para España.




EL ESCUDO DEL VESTÍBULO

En cuanto a lo referente al escudo de su vestíbulo, aclararemos lo siguiente…
Como hemos mencionado, el Palacio Monaldeschi donde se encuentra la Embajada, fue adquirido en 1647 aunque fue sede desde 1622.
La primera inversión que se hizo de mantenimiento y restauración, fue realizada en 1654, Francesco Borromini, arquitecto suizo-italiano, considerado uno de los máximos exponentes del barroco romano diseñó la ampliación del palacio y trazó la escalera principal de la embajada y el vestíbulo donde se encuentra el escudo en honor a los fundadores de la Embajada “los Reyes Católicos”, obra que continuo el arquitecto Antonio el Grande.

Entre 1827 y 1834 se introdujeron decoraciones de estilo neoclásico y pompeyano y desapareció del salón de baile y el pequeño teatro de madera.

Cualquiera que sepa un poquito de historia y sea mínimo observador, en un simple vistazo, diferenciara el escudo Católico frente al franquista; ya no digo que sepa distinguir la diferencia en sus alas, pico y en la posición de la cabeza del Aguila de San Juan, aunque es ya evidente; tampoco me atrevería a pedir, que se fijara en las columnas de Hércules que acompañan al escudo franquista y que eso lleva a que el escudo heráldico de los Católicos, sea de un tamaño más grande; sería mucho pedir, que lo pudieran diferenciar por la diferencia gráfica del yugo de Fernando y las flechas de Isabel; pero es totalmente imperdonable no darse cuenta la diferencia en la heráldica del segundo y tercer cuadrante que corresponde a Aragón y Dos Sicilias en los Reyes Católicos, y a Aragón y Navarra en el franquista.

Diferencia que hasta los inventores y nuevos fanáticos de la mal llamada Memoria Histórica, ciegos por un rencor sin sentido siguen sin diferenciar, persiguiendo y eliminando escudos anteriores al nacimiento de Franco; pero es que  en el siglo XVII, fecha de construcción del escudo en la Embajada Española ante la Santa Sede, Franco todavía no había nacido, como tampoco lo había hecho la persecución sin sentido de símbolos históricos como el Águila de San Juan y los restantes símbolos del escudo.

SU ACTUALIDAD Y ALGUNAS CURIOSIDADES

Como los palacios más exclusivos de Roma, la Embajada tiene fantasma propio, el llamado «Fray Piccolo», un antiguo capellán que siglos atrás fue muerto a espada por el Embajador castigando sus requiebros amorosos a la Embajadora. También el aventurero Casanova trabajó en la Embajada durante varios años como traductor de francés, hasta que tuvo que abandonarla abruptamente por un lío de faldas con la hija de un comerciante, pero de todo esto, hablaremos en otro post…En la imagen siguiente, busto del “Alma condenada”, de Bernini.






Entre los salones del Palacio destaca el precioso oratorio construido por Paradisi y adornado con pinturas de Constanzi y Bianchi. Bajo el altar se encuentra el cuerpo incorrupto de un joven mártir, San Letancio, miembro del grupo de mártires de Cartago cuya devoción impulsó San Agustín.
El «Privilegio del baldaquino» que preside el «Salón de los Palafreneros», rememora la presencia de un Papa el 8 de septiembre de 1857 cuando Pío IX bendijo desde el balcón de la Embajada la columna de la Inmaculada que preside la Plaza de España, a la que los Pontífices acuden cada 8 de diciembre, siendo recibidos por el Embajador.
Cabe destacar, sin duda,  la restauración de las fachadas, gracias al mecenazgo de Don Amancio Ortega, propietario de Inditex, cuya generosidad ha permitido acometer una rehabilitación urgente por el estado de deterioro del edificio, y que necesariamente debe ser ahora continuada por el Estado para recuperar esta joya y evitar el riesgo real de su ruina.




Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, la Embajada fue el centro de la vida social, política y cultural de Roma, compitiendo en prestigio con la corte del Papa. En su condición de Palacio real, cuenta con dos cámaras permanentemente preparadas para la estancia de Sus Majestades, y entre las salas de recepción hay un espectacular Salón del Trono, construido en tiempos de Carlos IV.
La Embajada lo es también ante la Soberana Orden de Malta y el Embajador de España desempeña el cargo de Gobernador de las «Obras Pías de los Establecimientos Españoles en Italia», una institución vinculada a la Iglesia que administra en Roma y Palermo los bienes fruto de donaciones de españoles para construir albergues, asilos, hospitales y sepulturas para los peregrinos.
La Embajada sigue siendo escenario de encuentros importantes que contribuyen a superar tensiones y abrir cauces de diálogo en las siempre complejas relaciones Gobierno e Iglesia. Cumple así hoy también este viejo y antiguo Palacio su función principal, nacida de su larga historia, cual es la de servir de sereno lugar de encuentro y de acuerdo, pero también, para recuperar la memoria de la historia.

Aingeru Daóiz Velarde.-

Fuentes
Corona de Aragón
Historia de España