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jueves, 2 de agosto de 2018

LAS MUJERES DE PICASSO O UN MISÓGINO ADICTO




LAS MUJERES DE PICASSO, O UN MISÓGINO ADICTO.


Mucho se ha escrito en torno a la relación de Picasso con sus mujeres…sobre todo, con aquellas que tuvieron alguna influencia en su vida, pero también tuvo algunas otras que no fueron más que un mero y fugaz trámite de desahogo en un par de noches locas de arrebato y sensualidad, o como se quiera llamar…pero en este apartado, vamos a intentar, principalmente, conocer a aquellas con las que tuvo una relación más estrecha, aunque también presentaremos algunas otras con las que tuvo una relación menor.


Con una más que demostrada fama de mujeriego, las relaciones sentimentales pasaron por su vida de una forma vertiginosa y, según los expertos, todas ellas quedaron reflejadas en sus pinturas, y aquí daremos testimonio de ellas. Su peculiar manera en el trato con las mujeres, tanto como amantes y como tema de entretenimiento, aparecen demostrada en algunas de sus más conocidas opiniones en más de una ocasión, ya que Picasso argumentó que para él sólo había dos tipos de mujeres, “las diosas y los felpudos”…y además, no es menos cierto que las necesitaba en su vida para darle un cierto sentido de musa-diosa, y cuya finalidad era el protagonismo necesario en sus pinturas, y ejemplo de esto último, lo tenemos en que en una gran parte de sus cuadros, el protagonismo es de la mujer, no cabe ninguna duda para el observador, de que en su éxito como artista, parte de este se debió a sus relaciones amorosas, las cuales influyeron notablemente en su carrera profesional, pero por mucho que Picasso necesitase que las mujeres en su vida fuesen diosas, se las arreglaba para reducirlas a felpudos de la misma manera, como veremos seguidamente…





Historias de amor y desamor, a veces confusas, dulces en ocasiones, repetitivas y herméticas siempre, amargas como la hiel, libidinosas y dramáticas como la muerte… unas historias de amor, que mantuvieron la inspiración de Picasso desde la vida bohemia del Montmartre de la Place du Tertre, en aquella antigua Casa del Trampero, rebautizada después como Bateau Lavoir, hasta el mismo día antes de su muerte, en el que estaba trabajando en un desnudo de mujer… 


Pablo Picasso preadolescente, residente por aquel entonces en La Coruña, escribía el nombre de una niña en sus cuadernos de estudios, hecho que a la familia de la niña no le gustaba, ya que era un joven que por aquel entonces consideraban sin importancia. A la niña la enviaron a estudiar a Pamplona, y aún cuatro años después de vivir en Barcelona, Pablo Picasso plasma el nombre de Ángeles en sus cuadernos de dibujo. Evidentemente esto muestra que no la olvidó tan fácilmente, y que sufría por ese primer desengaño amoroso…de hecho, muchos expertos de Picasso apuntan a que la obra La muchacha de los pies descalzos, es la joven Ángeles Méndez Gil, en la siguiente imagen.




Cuando Picasso llegó a París, a Montmartre , se instaló en 1904 en el Bateau Lavoire, que al principio una fábrica de pianos y después una cerrajería, o algo parecido, pero con el tiempo el dueño decidió convertirlo en una especie de estudios-apartamentos, con una mala construcción, humedad, carencia de luz y de gas, y en invierno se helaban las tuberías y el olor a moho impregnaba aquel laberinto de pasillos oscuros y escaleras desgastadas...El poeta Max Jacob amigo de Picasso, había bautizado como Bateau-Lavoir aquella casa de los altos de Montmartre, porque realmente se parecía a una de las barcazas del Sena en que trabajan las lavanderas. Era un ruidoso y desvencijado edificio construido con maderas,cinc y sucios vidrios, del que sobresalían las chimeneas de las estufas. El caserón apenas tenía luz y solo disponía de una fuente para todos los inquilinos. En verano un verdadero horno; en invierno, una nevera, pero de alquileres baratos que se ocuparon enseguida.




Allí pasaría el pintor malagueño sus primeros cinco años parisienses, en un ambiente bohemio…Montmartre, la hija pecadora del París de la Belle Époque, un mundo casi rural y mundano, donde rivalizaban las chicas del Can-can del Mouline Rouge, al pie de la colina, donde Germaine Aymos se hiciera famosa quitándose la ropa en la búsqueda infructuosa de una pulga…Montmartre, donde los artistas de la pintura y la poesía moderna se entregan en los brazos del alcohol y del opio, convirtiendo la noche en día, y el día, del mediodía a la noche de nuevo, en unas calles donde se pintan retratos de forasteros ladrones, mendigos artistas, pícaros callejeros, prostitutas modelos, modestas lavanderas, vendedores callejeros, costureras, buscavidas y Madeleine…con la vida entre bastidores de Le Chat Noir en el Boulevard Rochechouart, donde el vino malo tenía la fama de ser bien servido y mejor bebido por los poetas y pintores que llegaban escoltados por el guardia suizo vestido de oro de la puerta, cuya tranquera era infranqueable a los sacerdotes y militares de una Francia de la Tercera República, recién estrenada tras el fracaso del Napoleón III contra los prusianos en la batalla de Sedán…




Le Chat Noir, que sirviera de inspiración a Els Cuatre Gats de Barcelona, Le Chat Noir y Madeleine, donde un trago de vino malo hacía las veces de cena…Le Chat Noir, las calles oscuras del Montmartre, el ruido de vasos y barros de taberna, el canto de risas embriagadas de poetas y pintores, pícaros de taberna y busconas hambrientas vestidas de modelos y musas y Madeleine…Madeleine, cuya belleza frágil, delgada, casi enfermiza, dejaba embriagado a Picasso, y la pintaba después de darle a cambio lo que bastase para mal comer en la Comida Frugal y triste de un dormitorio de catre, o inmortalizando sus dotes en el periodo azul de La Planchadora…




Madeleine, la mujer de mirada triste, quedaba embarazada, para abortar después, y marcharse en el mismo sigilo con el que había llegado, y con el que había vivido dentro de los cuadros del pintor, o formado parte de aquel teatro de sombras de su vida, donde una lámpara en la noche, y una figura de mujer, dan vida juglar y comediante al anhelo de un sueño de verano, o al amparo de una fría lluvia de invierno, bajo el arrebato lascivo de una primavera eternamente carnal, o en el otoño del silencio de la soledad, y el olvido.


Hemos hablado de la historia de Madeleine, aunque realmente fue posterior a lo que contaremos a continuación, pero lo hemos considerado oportuno, para situar al lector en el ambiente, y en lo que inspira este artículo de forma principal, pero antes de comenzar la historia trágica de las mujeres de Picasso, comenzaremos contando la trágica historia de un hombre, amigo de Picasso, compañero de bohemia, y algo más…se trata de Carlos Casagemas, pintor y poeta enigmático por su final, y por el principio de la llamada “Etapa Azul” de Picasso, y enseguida conoceremos la razón…Famoso por su vida bohemia, sus borracheras y sus continuas trifulcas, Casagemas ha terminado con la etiqueta de artista maldito.


Picasso conoció a Carles Casagemas en la Taberna Els Quatre Gats en Barcelona, inspirada como ya hemos comentado por la del Chat Noir de Montmartre, allá por 1899, con aspiraciones comunes en cuanto al arte se refiere, y por lo cual, se hicieron amigos entrañables, compartiendo además estudio, y burdeles a los que frecuentaban. En 1902, viajan juntos a París, donde se unen con Manuel Pallarés, antiguo compañero de estudios de Picasso, y los tres, entablan a su vez amistad con tres modelos que posaban de forma habitual para los españoles que se dedicaban a la pintura, y pasaban por el viejo París, y cuyos nombres eran Laure Gargallo, quien con el nombre artístico de Germaine mantenía abierta la esperanza de sus necesidades, su mejor amiga Antoinette Fornerod y una amiga de ambas llamada Louise Lenoir, cuyo nombre artístico y con fines parecidos se hacía llamar Odette.


La suerte de reparto no se hizo esperar demasiado, y emparejó a Casagemas con Germaine, Pallarès con Antoinette y Picasso con Odette. Ni Odette hablaba español , aunque las otras dos amigas parece ser que sí por su oficio, ni Picasso francés, pero , es de suponer, que tampoco tenían especial interés en mantener conversaciones de vital importancia, y es que tanto el hambre como el amor, mantienen cohesionada la fábrica del mundo.


Las tres modelos se instalaron en el estudio con los pintores durante una temporada, con fines y finales que desbordan la imaginación, y fue allí donde Casagemas perdió la cabeza por el amor de Germaine, y ésta, le dio la negativa por respuesta, ya que se encontraba casada con un tal Florentin de apellido, comprensivo hasta la incomprensión, ya que le dejaba hacer lo que a su mujer mejor le pareciera, pero es que además, surgían otros problemas, Casagemas bebía en exceso, estaba enganchado a la morfina, tenía un serio problema de impotencia y para colmo de males, no era demasiado agraciado físicamente, de lo que daría prueba de ello el mismo Picasso en alguna pintura. En la imágene siguiente Carles Casagemas.





La denegación de Germaine hizo estragos en el corazón de Carles Casagemas, destrozado y sin esperanza, se hunde en un estado de depresión absoluta, con lo cual, su amigo Pablo decide llevárselo con él a Barcelona aprovechando las fiestas y celebraciones de la Navidad, y posteriormente a Málaga, con la ilusión o esperanza de que el ambiente festivo y el carácter andaluz hagan olvidar a Germaine…pero el resultado es desastroso, y Casagemas se vuelve insoportable, además de descontrolado, y Picaso decide pedir dinero a su tío para tío para comprar un pasaje que le lleve a su amigo hasta Barcelona…pronto, Casagemas retorna a París en un último intento, pero Germaine se muestra implacable, y determinada…no desea ninguna relación con el pintor. La noche siguiente, Carles Casagemas invita a una cena a modo de despedida en un Café de París… 



Era en una noche cualquiera de aquellas nocturnas sin luna de París, donde la bohemia Picassiana acostumbraba a adornar el preludio de lo que tuviera que venir después, casi siempre con el ardor del licor entre el pecho y la espalda, en un café sin nombre, y cuyo nombre no vamos a poner aquí, puesto que lo de menos es el nombre del inocente, cuando un grupo de jóvenes estaba dando el último bocado a una cena de poco galardón culinario, cuando uno de ellos, arma en mano, descerrajó un pistoletazo contra una de las chicas que allí se encontraba, sin herirla, y acto seguido, hizo lo propio en su propia sien derecha…Carles Casagemas había dejado de existir, a la vez que lo hizo su pasión por la dueña de sus pensamientos a la que dejó viva en suerte, o en deseo…posiblemente, la razón de su suicidio bien pudiera ser la homosexualidad y de los problemas sexuales del pintor catalán…Germaine no ocultaba su frustración con este hombre que la trataba como su promesa, pero que nunca llegaba a consumar la relación. Incluso una vez que ella se burló de Casagemas, éste amenazó con suicidarse, al final,  lo que se consumó fue la tragedia, y lo que veremos a continuación. En la imagen siguiente Germaine o Laure Gargallo.





Desde luego, no se encontraba en aquella cena el gran amigo de Casagemas, Pablo Picasso, con el que había compartido juergas y estudio en Barcelona, con el que se fue a París por primera vez en 1900, el mismo que le había abandonado hacía poco más de un mes durante un viaje a Málaga, harto de sus borracheras y su obsesión por Germaine, ya que se encontraba en Madrid por aquel entonces… no fue al entierro de su amigo en Montmartre, ni al funeral en Barcelona, pero regresaría a París en mayo de 1901 para su primera exposición en la capital francesa. En la imagen, La mort de Casagemas, de Picasso.



Se hospedó en el estudio de Casagemas, se deshace de Odette, y empezó a cortejar a Germaine, que sobrevivió al disparo, como hemos podido ver… La exposición en la galería Ambroise Vollard fue un éxito tanto entre la crítica, como comercial, y debido a su magnético atractivo, Pablo logró liarse con Germaine. La relación apenas duraría unos pocos meses. Tras el suicidio, lleno de dolor y culpa, Picasso inició su triste etapa azul, es decir, que daría comienzo a pintar sus cuadros en azul, como recuerdo a su malogrado amigo…posiblemente se le olvidó pintar una etapa de amarillo, por ser el amarillo el color de la traición, asocia el color y la felonía, por ser este el color de la túnica que vestía Judas cuando el prendimiento de Jesús. En las siguientes imágenes, Germain, en la etapa azul, la cual estaría presente en la vida de del artista por muchos años más…con una buena pensión.





Existe, además, una curiosidad muy interesante sobre esta historia de amor, desamor, deseo, traición y tragedia, que la hemos podido encontrar en un Cuaderno de Cultura Científica de 9 de Noviembre de 2015, presentado por un Blog de la Universidad del País Vasco, en el cual el cuadro La vie La Vida (1903) de Picasso es un claro ejemplo del complejo entramado que se puede encontrar bajo una obra preparada para observarse en dos dimensiones. Este óleo nos muestra una pareja de amantes en lo que se ha interpretado como una complejísima alegoría al amor profano o a un simbólico ciclo de la vida…en la imagen siguiente, “La vie” de Pablo Picasso (1903, 196×129 cm) y una radiografía de la misma obra. Fuente: Museo de Arte de Cleveland.




El amante es Carlos Casagemas, compañero de juventud de Picasso del que hemos hablado. Ya se ha comentado también que la muerte de este amigo impactó terriblemente a Picasso que se sumió en el conocido como periodo o etapa azul, durante el cual realizó varias obras en su honor, entre ellas la que nos ocupa. Pero tras esta imagen superficial, de por sí abierta a múltiples interpretaciones, se esconde un trasfondo muchísimo más profundo. El propio artista mencionó en una célebre conversación con el fotógrafo Brassaï que “…no basta con conocer las obras de un artista. También hay que saber cuándo las hizo, por qué, cómo y en qué circunstancias”. Pues bien, el examen científico ha demostrado ser de gran utilidad en esta misión.

La radiografía realizada en 1978 en el museo de arte de Cleveland, la que vemos en la imagen derecha, donde se encuentra el cuadro mostró un dibujo previo muy diferente al final y otras circunstancias. Se puede ver como originalmente Picasso se autorretrató en el amante y como un extraño hombre-pájaro vuela hacia la mujer, que representa la maternidad. Quizás, arrepentido por un posterior romance que Picasso tuvo con la propia Germaine, el pintor decidió volver a juntar a su amigo con su antigua amante y eliminó la connotación sexual debido a la impotencia de Casagemas, motivo también por el cual es representado con un taparrabos en la obra final. Pero esto es ya terreno de la especulación. Lo que sabemos a ciencia cierta gracias a los rayos X es que toda esta composición fue pintada encima de otra obra anterior expuesta por un jovencísimo Picasso en la Exposición Universal de Paris en 1900. En la parte inferior de la radiografía se puede observar una lámpara realizada con algún pigmento que absorbe una gran cantidad de radiación. Gracias a esta observación y girando la obra 90 grados en el sentido contrario a las agujas del reloj se puede intuir una composición que encaja con un boceto y con la descripción de contemporáneos de la obra Últimos Momentos cuya localización era desconocida. Así, además de descubrir el proceso creativo de la obra, la radiografía permitió localizar una obra que se creía perdida. No deja de ser paradójico que Picasso pintase La vida sobre una obra de temática mortuoria que le había unido a su amigo Casagemas en el viaje a París…en la imagen, cuadro últimos momentos.




Arrancada de la tierra, todavía con raíces tempranas, nace bastarda y miserable, como una de aquellas meretrices protagonistas que Víctor Hugo publicara en “Los Miserables” cuarenta años atrás, intentando buscar en un espejo arañado por el tiempo y el descalabro de la vida, la imagen en blanco y gris de Fantine...Amélie Lang, criada a duras penas por su tía, quien con la mejor de las intenciones intenta conseguirle un techo y una vida limpia y seca de los lodos de la época, se revuelve en la ponzoña de la insoportable rebeldía de su pubertad y escapa para casarse con la cruda realidad de un ser malvado y abusivo, a la imagen y semejanza de un Uriah Heep del David Copperfield de Dickens, de nombre Paul-Emile Percheron, y de quien queda embarazada… perdiendo posteriormente a la criatura, toma la decisión de abandonarlo sin ni siquiera solicitar el divorcio, para escapar a la desesperada a París, e intentar rehacer una vida todavía no encontrada, para lo cual, lo primero que se le ocurre es cambiar de nombre, y mudarse al de Fernande Olivier.


En Paris, conoció y se hizo pareja de Laurent Debienne, un escultor de Montmartre, quien la introdujo en el mundo del arte y la comenzó a emplear como modelo, prestándose además a otros artistas, en busca de pan, vino y tocino en un mundo donde la musa, además de compartir atril, compartía ropa de cama y de mesa... Era un personaje habitual en el círculo de amistades del escritor Guillaume Apollinaire, donde también hizo amistad con otro escritor como Paul Léautaud, o con otros pintores como Kees Van Dongen, pseudónimo de Cornelis Théodorus Marie van Dongen y Edmond-Marie Poullain, que aparte de ser pintor y grabador, era también Magistrado. 


Fernande caminaba preocupada por su gato extraviado en una tormenta que azotaba las calles de los altos de Montmartre, cuando se encontró con el gato, y con un Picasso que lo llevaba en el brazo, atónito por la mirada de ojos verdosos cuya luz le había llegado al corazón, y al deseo desbocado...al poco tiempo, se mudan al conocido estudio en el Bateau-Lavoir, en una época en la que comienza su etapa rosa nacida de la cercanía del Circo Medrano, motivo de inspiración en sus gentes, mutados en color y en formas de arlequín, en compañía de payasos y gentes de cuerda y acrobacia y un largo etcétera, y durante siete años viven una intensa y tumultuosa relación, marcada por los celos, y un sufrimiento negro que le perforaba el alma cuando pensaba en aquellas estampas clandestinas de Jean Angélou retratando el cuerpo desnudo de Fernande para unas postales cuyas telas de fondo que representaban distintos tipos de decorado estaban hechas por pintores conocidos de Picasso, y sufría pesadillas de infidelidad en las que veía a Fernande accediendo a las propuestas de otros hombres,que sólo él se consideraba con derecho a disfrutar...Nunca quiso aceptar las proposiciones de matrimonio hechas por el pintor. Picasso, ella y un numeroso grupo de amigos ,muchos de ellos españoles, vivían una bohemia pobre, divertida y laboriosa, en una extraña comunidad artística. Empezó a ser conocido el grupo como ‘La Banda Picasso’.




Fernande, resignada al alivio que las urgencias del sexo oprimía en el desequilibrado espíritu creador del pintor, se sometía al grado de vestir el riguroso luto de pies a cabeza en un encierro forzado de un estudio, cuando no le quitaba los zapatos y la dejaba descalza para impedir su salida...se veía el horizonte que atisbaba ya el cambio de una etapa rosa, a la etapa negra, y al que había dado a parir al artista más de sesenta cuadros inspirados en la bella Fernande, que acabaría siendo la musa de una de las Señoritas de Avignon, un cuadro que representa a unas prostitutas...Picasso recordaba en Fernande, aquel espíritu que sobresalía de mujer espléndida y capaz de sacar de la nada el alimento diario para su dueño y los amigos bohemios que le acompañaban, pero pronto, el hambre que al principio les unía, empezó a dejar de existir, y con ella, el interés de Picasso de retirarse de la vida bohemia para buscar el sosiego y la tranquilidad que el dinero facilita...en 1911, harta y cansada de Picasso, o niño precoz, como lo nombraba, al igual que lo estaba el pintor de ella y la relación, comenzó a pintar sus frustraciones. 


Fernande le fue infiel, parece ser que por una especie de apuesta, con un joven pintor boloñés, Ubaldo Oppi, y decidió espiar a Picasso, así que le pidió este último favor a su amiga Eva, quien terminó enamorándose del pintor...

En 1912 ambos se separan y ella, al estar aun legalmente casada, no recibe nada de Picasso. Al principio no lo desea, pero con el pasar de los años su situación económica decae y en contraste, tras el éxito vertiginoso del pintor, ella busca, por medios creativos hacer dinero, intentando publicar, 19 años después del fin de su relación, una biografía que narra su vida sentimental.

Picasso intenta por todos los medios detener la publicación y al final llegan a un acuerdo financiero favorable a Fernande, pero si el dinero no se reinvierte se gasta. Años después el artista le paga un millón de francos, una suma considerable para ella, no tanto para él, para así asegurarse que ella nunca publicaría nada mientras él viviese. Ferdande muere siete años antes que él, razón por la cual, la salida a la luz de sus intimidades amorosas, no tuvieron más remedio que esperar.


La relación con Eva, cuyo nombre de nacimiento fue el de Marcelle Humbert, duró muy poco tiempo, ya que moría en secreto de tuberculosis, y digo en secreto, porque la enmascaraba con una bronquitis por temor, o más bien terror a que él lo llegara a saber, ya que de saberlo, la habría dejado…mientras la inspiradora de “La mesa del arquitecto” como una naturaleza cubista muerta, escondía los pañuelos ensangrentados y se aplicaba capas de carmín para cubrir la palidez de sus mejillas, Picasso aprendía ruso de la mano de la baronesa Hélène d´Oettingen, a la vez que Eva era cada día más presa de los ataques de tos que cubrían al mismo tiempo las voces de las calles y las gentes de París que miraban con desprecio a un Picasso sano que no estaba en el frente, ya que por aquel entonces, los cielos se llenaban de sirenas nocturnas a la par que los zeppelinnes volaban sobre la ciudad del amor cercada por la Gran Guerra…En la imagen, Eva Gouel.




El cada vez más progresivo aislamiento de Picasso por la dispersión de sus amigos de bohemia, la guerra, y su creciente perturbación por el empeoramiento de la salud de Eva, destapó bajo la piel sensitiva del Picasso atento y grácil, la verdadera esencia de su interior concentrada en una crueldad sin límite hacia lo más tétrico de su personalidad…mientras tanto, en el horizonte se dibujaban cruces funerarias y monstruos con la faz descompuesta, mientras hacía oídos sordos a la piedad dejando desnuda la belleza de la ilusión interior de una mujer, que se moría en silencio en el suburbio de Auteuil, al otro lado de la ciudad. A pesar de que por los mañanas la visitaba, las largas noches de soledad necesitaba un consuelo que encontró en una vecina suya del Boulevard Raspail, de nombre Gaby Lespinasse, aunque en realidad su nombre era Gabrielle Lapeyre, que luego se convertiría en la señora Lespinasse, y cuyos sensuales desnudos en acuarela fueron titulados como “El dormitorio iluminado por la luna, “La cocina provenzal” y “El comedor provenzal”, que eran los lugares favoritos de Picasso, del dormitorio, a la cocina, y de ésta, al comedor, para volver de nuevo al dormitorio, y a la mañana siguiente, nueva visita a Eva Goel…y entre visitas y dormitorios, el tiempo se le iba acabando a Eva, pero no lo perdía en remordimientos Pablo, y tampoco es que tuviera demasiado para seguir pintado, ya que buscaba continuamente el calor del consuelo que encontraba con facilidad, aparte de Gabrille, en los corazones oscuros de Irène Lagut, otra vecina y confidente, o con Elvira Paladini, conocida también como You-You, y con la modelo más conocida del momento, Émilienne Pâquerette…finalmente, Eva Gouel apagaba la luz de sus mirada bajo el manto blanco salpicado de escarlata ante la trémula y palpitante mirada del calor de una vela, en un andurrial oscuro de París…


El estudio de Picasso, se llenó de arlequines, al tiempo que se vaciaba de nuevo su vida y que un marchante de arte le reprochara al pintor la muerte de Eva, y el aislamiento fue alargando su sombra ante un invierno especialmente frío y gris, con la única luz de la presencia de Gaby, de la que se cuidaba mucho de dar a conocer a la gente por el temor de dar nacimiento a un nuevo amor, mientras el otro se enfriaba en la tumba…empezó a pensar más en Gaby, y le solicitaba su mano, al tiempo que solicitaba también la compañía de una mulata de la Martinica, que había aliviado su soledad. Su relación con Gaby acabó pronto, y la guapa mulata de la Martinica lo dejó pocas semanas después, ya que Picasso no quería desposar su libertad y la mulata tampoco quería compartir sus malhumores, sus cóleras y sus siniestros silencios de culpabilidad…




En 1917 Picasso se fue a Roma para trabajar en el diseño de la coreografía y vestuario de una obra, y en la ciudad eterna, conoció a una bailarina rusa, de nombre Olga Klokova, por cierto, no demasiado buena bailarina, tampoco demasiado bella ni demasiado inteligente, y sin demasiadas ambiciones de casarse…Picasso, acostumbrado como estaba a no rogar en el amor, ni a cortejar el sabor del mismo, y conociendo lo que hasta ahora había pasado por sus intimidades de cama, representó todo un reto , teniendo en cuenta también la pasión que tenía por Rusia, se volcó en conquistar como fuera, y al precio que fuera, a una mujer que apenas se preocupaba por el arte más que lo imprescindible para decorar su casa, le molestaba el ambiente bohemio puesto que venía de una posición social alta, y tenía un control estricto sobre sí misma que no le permitía sentir el más mínimo arrimo al instinto carnal humano, lo que le obligaba a ir con mucha cautela. Además de todo esto, Olga era también una artista, y poseía una especie de egolatría que chocaba de frente con la de Picasso, pero ella sabía que le habían elegido para el diseño de la coreografía y los demás temas artístico-pictóricos porque era un personaje de relevante importancia, con lo cual, respondió a los cortejos de Pablo con cierta prudencia y de manera muy calculada…el caso es que la pintó, a demanda de ella, de forma naturalista, no cubista, y con mantilla, al estilo español… 




Antes de casarse, cuando fue presentada a la madre de Picasso, ésta la llevó aparte y le advirtió que ninguna mujer podría ser feliz con su hijo, porque él sólo era asequible para sí mismo…su vida se convertiría desde entonces en una especie de incongruente domesticidad en la que ni siquiera tenían un idioma en común, obligados a hablar en francés con sus respectivos acentos, y las señales de un desastre futuro eran más que previsibles cada vez, a pesar de que se soportaron durante nueve años, y tuvieron un hijo, Pablo, en medio de altercados, trifulcas, peleas y celos…


Lo que al principio deseaba Picasso era una suerte de vuelta al orden establecido, y convirtió a Olga en la musa y modelo inmortalizada con más frecuencia, como un canto a la eternidad, pero pasó por un proceso de metamorfosis total que pasaba por el Retrato de Olga sentada en un sillón iluminando la belleza la melancolía, la serenidad y el silencio de una sumisión a la aparente felicidad, hasta el abandono, como si se tratara de un cuadro desnudo colgado en la pared, como lo es el Gran desnudo en el sillón rojo, de una fuerza descomunal, y una deformidad sintetizada no ya sólo como circunstancia de la gravedad de la crisis, si no como explosión al inconformismo y al deseo de volver a sentir en sus miembros toda la fuerza y la fiereza del Minotauro devorador…en las imágenes siguientes, Retrato de Olga Koklova sentada en un sillón, y Gran desnudo en el sillón rojo.







El intenso frío de un enero, trajo el calor del deseo erótico en un encuentro inesperado a la salida de un metro de París…el Minotauro encarnado en Picasso ardía en ansias de devorar de nuevo la carne, apartando de un manotazo el tabú del pecado y alimentando a la fuerza la fogosidad del erotismo prohibido liberado en la bestia, sin tener en cuenta siquiera los tabúes impuestos ni por el matrimonio, ni por el fruto del mismo, ni por la diferencia de edad…


Marie-Thérèse, surgía de la nada con la misma vitalidad que el viento y la luz cegadora tras una oscura tiniebla, en la vida de Picasso. Llena de la energía juvenil que unos diecisiete años soportan casi a duras penas entre la voracidad por conocer, y la imprudencia de la insensatez, nacía, cegando con el color rubio de su cabello y la fastuosa mirada de su juventud, la opaca sombra del corazón de la pasión, encarcelada a la fuerza tras los robustos barrotes del decoro… unos barrotes carcelarios, hechos pedazos por una efusión sin límites ni tabúes, enardecida por el deshonesto silencio de la clandestinidad, y la reveladora sumisión infantil de una amante complaciente y discípula aventajada de la obediencia a la voluntad de la bestia… 

El Minotauro, dueño y señor del laberinto del pecado, que no ponía límites ni al decoro, ni a la más impensable imaginación, se pintaba así mismo disfrazado de cubismo en el interior de un marco, iluminado por la muda luz de un sol en el horizonte, raptando el cuerpo desnudo de su insaciable voracidad, embarcando en la nave de la lujuria en el mar de la concupiscencia, con el único testigo de las miradas incrédulas de sus víctimas, olvidadas y sumergidas para siempre en el océano creador de su propia esencia de destructor.





La época en que conoció a Marie-Thérèse Walter, fue también la misma en la que dio comienzo el nacimiento del Minotauro en sus obras, medio hombre, medio toro, morador de un laberinto subterráneo y oscuro, bestia devoradora escondida en el subconsciente de Picasso, que daba forma al collage de sus instintos, acompañado de sus atributos sexuales, víctima de su propia angustia, y de su propia culpa, de la que buscaba escapar con su frenética sexualidad, y por la que hacía pagar un alto precio, profanando con descaro el sueño de sus víctimas, o bien, dejándose llevar como un inmolado por la ceguera por la mano inocente de Marie-Thérèse, quien mostraba su inocencia al mundo llevando entre sus manos la paloma blanca, símbolo de una limpieza de alma, y en su vientre, preñada del símbolo ciego de su amor por la bestia…en la imagen siguiente, Minotauro ciego guiado por una niña en la noche.





La relación con Olga estaba en el proceso de separación de bienes, pues la de los sentimientos hacía mucho que había empezado a madurar, casi desde que diera comienzo, víctima del aburrimiento rutinario de la vida matrimonial, y empezaba a fraguar también el aburrimiento hacia Marie-Thérèse, divertida y sumisa a sus caprichos libidinosos, pero incapaz de cambiar el interior de un lienzo saturado de minotauros grises que violan con descaro el sueño de una joven semidesnuda, o del fauno Lupercus cuya epicúrea sexualidad le invita a servir como modelo posando en posturas lascivas como si del cuento de Ramón Raventós, ”El ocaso del Fauno”, se tratara, salvo que a diferencia del protagonista del cuento, no se dignó a morir de pena, si no más por el contrario, como transcripción del alma y el gusto del pintor, embelesado por la belleza, es incapaz de resistir el envite de su voracidad, y aparta el suave velo que separa la dignidad de la procacidad inmoral, para alargar su brazo y palpar la frescura del objeto de deseo.




Para Picasso, no es más que un objeto de satisfacción y uso, como ya había comentado en más de una ocasión, una vez más, habría de surgir de nuevo ese proceso de su naturaleza, que pasaba por una metamorfosis perfecta de convertir a la mujer Diosa, en felpudo…mientras Marie-Thérèse, la paloma blanca, la niña pequeña, la nueva Diosa convertida en una desgastada y aburrida moqueta daba a luz a su propia hija en cuya partida de nacimiento no constaba la identidad del padre, Picasso conocía a Dora Maar, Henriette Théodora Markovich…




Sobrecogido por su contorno… por la sombra perenne de su personalidad de mujer de alma impenetrable y proscrita de un mundo conocido hasta el momento… por la abundancia de un pelo negro surcando con descaro sus hombros y la intensa mirada de unos ojos oscuros, que observaban con inaudito desinterés el baile de una navaja, un baile afilado y peligroso jugando entre sus uñas esmaltadas de Corinto intenso, y la afilada daga clavándose en la madera de una mesa, y el desdén con el que observaba la sangre que delataba su fallo en el juego, y continuaba el mismo entre los dedos siguientes… Picasso sufrió un colapso de surrealismo innato por el que quedo embrujado, y más cuando, en su conversación en un fluido y gracioso castellano bonaerense, descubrió en Dora Maar una habilidad y una pasión especial como pintora, y sobre todo, como fotógrafa de escenas misteriosas que embelesaban con cautivadora inquietud el corazón del espectador…

Dora Maar, en aquellos momentos de su vida, atravesaba una borrascosa relación de amor odio con un filósofo de nombre Georges Bataille, con el que descubre las indulgentes caricias del sadomasoquismo y los arrebatos de la sexualidad salvaje que pone a prueba los límites de la resistencia carnal, y de los mitos más escondidos dentro del armario empotrado y oscuro de la imaginación bipolar de la fotógrafa pintora, y con un actor de nombre Louis Chavance con el que pierde todo interés por su parco potencial como suministrador del apetito de la dama…una dama que empieza a tomar posiciones en la militancia política de la izquierda, y juega con las suspicacias del retrato de vanguardia surrealista y místico que hace dudar entre la humana inquietud del temor a lo desconocido, y la valentía heroica de sostener la mirada al color en blanco y negro de una pupilas que miran más allá de lo que pueda soportar la reflexión.




Dora Maar, prisionera de una mirada, pasa pronto a convertirse en protagonista de decenas de cuadros, musa incondicional que acabaría pronto siendo arrancada de su talento ingénito y terminar sus días como un despojo humano más, convertida a una fe católica en los oscuros y fríos pasillos de un sanatorio mental, abandonada por un Picasso que trasladaba en lienzo de la Mujer que llora la cautivadora mirada y la esencia espiritual que antaño lo había cautivado, para hacerla romper en el salado sabor de unas lágrimas que descienden al infierno con la única compresión de la compañía de unas sesiones de electrochoque para paliar la efervescencia de la cruda realidad.




Dora Maar, acababa sufriendo el cambio pictórico favorito de Picasso, que empezaba pintando sus bellezas, y acababa torturando en sus cuadros la imagen de sus musas-felpudo…pero, pese a terminar sus días recluida en un hospital para enfermos de la mente, corrió quizás, mejor suerte que Marie-Thérèse, cuya vida, con el tiempo por el abandono, optaría por dar fin mediante el nudo corredizo en una soga en la soledad del garaje de su casa, cuatro años después de la muerte del mítico pintor, consciente de una vida de malquerencia cuyo fruto había sido el de una enmudecida paternidad…En palabras de Maya, nacida de Marie-Thérèse Walter y Picasso, jamás pudo superar su abandono, ni el hecho de pensar en que él estaba en la soledad de una tumba rodeado de gentes que no podrían darle lo que ella le habría dado…tanto era así, que llegó a tener guardados recortes de las uñas y pelo de Picasso durante muchos años, como pequeños trozos del hombre que nunca poseyera del todo.





Al son de la música de las traiciones, su adicción al masoquismo que le llamaba a inventar sus propios tormentos, los abandonos, las infidelidades, los caprichos, el opio al que abandonaba y volvía según su necesidad, volvía a abandonar y retornaba de nuevo igualmente con una antigua modelo que le servía a la vez de válvula de escape fácil en situaciones de desesperación sexual, nacida como María Benz, y conocida como Nusch Éluard. Picasso hizo muchos retratos en estilos y tonos muy diversos, pero en todos ellos destaca su atributo físico más notable, una densa mata de pelo negro y ensortijado, casi siempre recogido con una cinta que despejaba la frente, llegó al París de la Francia como artista teatral, varias veces descrita como una actriz de poca monta, una acróbata viajera y un "títere hipnotizadora. Conoció al poeta Paul Éluard en 1930 trabajando como modelo, se casó con él en 1934, produjo fotomontajes surrealistas y otras obras, y es el tema de "Facile", una colección de la poesía de Éluard publicada como un libro hueco grabado, ilustrado con el desnudo de la propia Nusch... 




El propio Éluard le ofrecía a su mujer a Picasso, y éste, argumentaba su lealtad como una muestra o un gesto de amistad por su parte con el único propósito de hacer feliz al poeta, y que no pensara que no le gustaba su mujer…en fin, sobran las palabras, simplemente como dato curioso, cabría añadir que Éluard fue el primer esposo de Gala, la musa de un tal Salvador Dalí…en la imagen siguiente María Benz o Nusch Éluard, en fotografía de Dora Maar.




No cabría realmente aquí el nombre y la figura de Nusch Éluard, porque no fue más que un pasatiempo sutil, como lo fueron también otras pasajeras de sus amoríos de necesidad entre una y otra relación más seria, como lo fueran la mulata de Martinica de la que ya hemos hablado, o una tal Rosemarie, de magníficos pechos que utilizaba para arrastrar a todos los componentes de una bohemia, semidesnudos, a la playa, o incluso Lee Miller, otra fotógrafa igual que Dora Maar, con quein compartía afición, y a veces le robaba la ropa de cama y la compañia…pero sirva nada más, como mera circunstancia sin importancia en la vida amorosa del pintor surrealista, y tampoco debe escandalizarnos el hecho de compartir esposas o amantes, ya que existen muchos ejemplos parecidos, y al parecer, era costumbre en las vidas de varias de las compañeras de poetas y artistas del surrealismo, cuyas cualidades fundamentales eran su belleza, su libertad y su función principal era la de convertirse en musa y someterse a los caprichos y perversidades de sus amantes, sus maridos o sus mentores…tampoco sonaría a extrañeza la tendencia de Picasso a la homosexualidad, ya que existen evidencias de ello durante su vida, pero de las que no nos vamos a referir aquí, y las dejaremos para otro apartado incluido en un artículo principal sobre su obra más representativa, y de la que Dora Maar, formara parte muy importante…El Guernica, y cuyo título es PICASSO, EL GUERNICA, O LA VERDADERA HISTORIA DE UN ÁRBOL CAÍDO, pero esto será después, en este, toca hablar de sus mujeres.


Había pasado de llenar sus bocetos de matices azulados, a pasar por su etapa rosa, para rellenar luego su etapa negra que allanaría su camino al posterior cubismo, llegar luego a llenar sus bocetos de arlequines y minotauros en el neoclasicismo, siendo cortejado por un surrealismo del que nunca se declarara acólito, para luego, en periodo de guerras, pasar al expresionismo, y posteriormente, una vez el mundo en calma chica, y ya con sus sesenta años, abordar el conocido como “Periodo Vallauris’, una etapa de su vida en la que se dedicó a diseñar platos y cerámicas mientras disfrutaba de su retiro en la Costa Azul, y ya desde éste último y tranquilo lugar en el mundo, ya anciano, en su estudio repasando las obras de los autores clásicos en el periodo final de su vida conocido como Revisión de los Clasicos, sobre los que Picasso pintaba su visión particular de los mismos…

Pero es en el momento al que nos referimos de su vida amorosa, coincidente con el final de su relación con Dora Maar, cuando Picasso pasa de pintar arlequines, a pintar minotauros, y ahora, a hacer lo mismo con gallos, como una forma de expresar una especie de centinela haciendo sonar una alarma de horror y premonición en su vida…una vida que, pese a ser agnóstico confeso, el artista malagueño pintaba cristos en los momentos difíciles de la misma, pero, repasando las palabras de la propia Arianna Stassinopoulos, mención particular y especial tiene el dibujo de un Cristo crucificado en agosto de 1938, en el que la Virgen María aparece tragando con avidez la sangre que emana del costado de su hijo muerto en la Cruz, a la vez que María Magdalena agarra de una manera lujuriosa las partes genitales del crucificado, que evidencia la misoginia y el comportamiento que tuvo con sus mujeres pasadas, y venideras, como hemos visto, y como podremos ver, y el placer que le inspiraba el enfrentamiento entre ellas, como lo hubo entre Dora Maar, y Marie-Thérèse Walter, en presencia del propio pintor, mudo y risueño durante la escena, que opta primero por desechar a Dora Maar, para darle una pírrica victoria a Marie Thérèse, y luego, hacer justamente lo que mejor sabía hacer, recuperar a una ya depresiva Dora Maar, y darle el punto final de gracia.





Mientras se encontraba comiendo en un restaurante con Dora Maar ya a punto de ser desechada, Picasso se fija instintivamente en dos mujeres jóvenes, acompañadas por un hombre, Françoise Gilot, que estaba cenando con su amiga de colegio y artista Geneviève Aliquot y con el actor de cine Alain Cuny. Picasso empieza a seducir de manera muy profesional a la joven Françoise, ya que también ella se dedicaba a la pintura, y, aunque tiene 21 años y Picasso 61, los dos inician una relación romántica y profesional, en un momento en el que Maar lucha contra la depresión…su final, ya lo hemos conocido.


En el lienzo de la vida de Picasso, se observa un mar donde yacen los cuerpos sumergidos a medias de mujer, como musas dolientes ante el torbellino de su personalidad de Fauno… toros con cuerpo de hombre desnudo en busca de Eros, rostros rotos que antaño habían sido el color de la belleza, y un horizonte oscuro y gris, que como la sombra del anochecer, va tomando cada vez más cuerpo y presencia en el interior de un marco barnizado por la lujuria y el desencanto, por el capricho y la desdicha, por la necesidad y el placer, o el celo y la triste lágrima de la soledad…


Picasso empezó a pintar a Françoise Gilot, buscando en su rostro una grieta por la que se vislumbraran la lágrimas de debilidad, pero con ella, la historia fue diferente, y ella fue quien decidió no sucumbir en sacrificio que la llevara al destierro, conocedora, después de haberle dado a dos hijos, de la furia dominadora de Picasso, y de su esencial costumbre de empezar a pintarlas demasiado frecuentemente, para empezar a la vez a olvidarlas con la misma rapidez, y a pesar de que ciertamente lo había llegado a amar, y darle, como hemos comentado, dos hijos, decidió ser la esencia que marcaba la diferencia en la vida del pintor, en el color de su pintura cubista, en el que se representaba al Minotauro de Creta, hechizando primero y devorando después el alma de sus jóvenes mujeres a cambio de inmortalizarlas en sus retratos…decidió seguir el hilo del ovillo que iba soltando a la entrada del laberinto de Dédalo, y convertirse en la mujer que dejó a Picasso para no ser otra de las que primero abandonó para después ser colgada desnuda sobre la pared, o convertida en un adefesio cubista a merced de la imaginación de todos aquellos que la contemplan previa identidad de una firma, salvo los reveladores intérpretes a sueldo que se debaten a muerte entre la fina frontera del tálamo y el hipotálamo, interpretando sus obras cubistas y las recitan como retahílas incomprensibles y visionarias, mientras que los restos de la humanidad insensible, solo somos capaces de interpretar de una forma adecuadamente adoctrinada, las escenas del falsario Guernica, y poco más. Insisto en esto de interpretar el Guernica, con la previa y aleccionadora manipulación, de un entendimiento asalariado por cierto interés político, del que ya hablaremos en un Título especial. En la imagen, Françoise Gilot pintando.




Cuando se marchó con sus hijos, en 1953, Picasso le advirtió: "Nadie deja a un hombre como yo" y ciertamente, Françoise Gilot y sus hijos pagarían un precio muy alto. En 1964, Gilot publicó “ La vida con Picasso” , un estudio muy completo y claro de la vida en primera persona sobre cómo este artista perpetuamente inventivo transformaba las ideas en obras de arte, y sobre su impetuosa energía, su espíritu travieso y su lado oscuro, siempre al acecho. Françoise Gilot también describió a Picasso como un "Barba Azul" y habló de sus constantes enredos con su sucesión de esposas, amantes, musas y modelos…el libro enfureció tanto al reservado Picasso que para castigar a Gilot cortó todo contacto con ella, con sus hijos Claude y Paloma, y se negó a verlos o hablarles hasta su muerte. 


Sin duda, Gilot fue la mujer enérgica, de inteligencia aguda y espíritu independiente que compartió una década apasionada con Picasso, desde 1943 hasta 1953, o no tan apasionada, ya que dos años antes de dejarlo, en 1951, Picasso comenzó una rápida y fulgurante relación con Geneviève Laporte mientras vivía con Françoise Gilot…la inteligencia de Gilot, pudo con Picasso, pero el tramo final de una relación en declive comenzaba a desmoronarse como si del naufragio de La Medusa se tratara, por la misma razón que la vanidad es pecado mortal e imperdonable para los dioses de la mar…cuando te conocí eras una Venus, le decía el Minotauro a Françoise, pero ahora eres un Cristo, un Cristo romántico con las costillas tan visibles que podrían ser contadas…las lágrimas amargas de Gilot no apagaban el fuego de la vanidad de la bestia insaciable y sin corazón, que años antes del desastre, ya había comenzado a olfatear el olor de otra piel de mujer, y soltaba las amarras de la balsa de La Medusa para dejarla a su suerte ante la embravecida marea, y liberarse así mismo del lastre del sacrificio…vale más ser cobarde un minuto que muerto el resto de la vida, pero el temor a la soledad le aplastaba, la fatalidad de no tener a nadie a quien exprimir le agobiaba, y miraba de reojo hacia atrás, y por primera vez, se veía a sí mismo en el lado opuesto del espejo… sólo en su estudio, se puso a dibujar a Genevieve Laporte para conjurar su miedo y su soledad. Como tantas veces había sucedido, a los pocos días apareció aquella mujer, su amor errante.




Geneviève Laporte conoció a Picasso cuando era todavía una adolescente, y ahora, con algo más de veinte años, comenzaba una relación con un hombre, 50 años mayor que ella…pero no quiso nunca instalarse con el pintor, a diferencia de otras mujeres, pues el poeta Paul Éluard, que ya hemos conocido antes, le advirtió que Picasso mataba todo lo que amaba. Sin embargo, Genevéve Laporte también soportó los anárquicos y clandestinos romances amorosos de Picasso…era la esencia del minotauro, que comenzaba otra vez a pintar mujeres con la imagen sensual de Laporte, algo más de lo necesario, incluso dibujó en sus rodillas, las cuales no se lavó, hasta que no se borraron los dibujos por el paso del tiempo…la pintaba desnuda, herótica, cubista, sencilla, sumisa, …la pintaba quizás demasiado…pero nunca se quedaba. 




El propio hijo de Picasso, Paulo, la llevaba a menudo a la cita con el pintor, y le preguntó la razón por la que no le había pedido que se fuera a vivir con el, su respuesta fue que las mujeres que no amaba se pegaban a él, y las que no amaba, desaparecían…como la balsa de La Medusa, se perdían en el abismo negro del océano, y Genivève, se escapó del naufragio antes de hundirse para siempre en las tinieblas de la desesperación, poco antes de llegar de un viaje de París, a la Costa Azul, en Vallauris, en una pastelería de los Ramie, eran los tios de una niña que él había conocido casi veinte años antes, Jacqueline Rocque.


Ahora la niña tenía casi 30 años, era divorciada, y casi sin haber dejado enfriar las sábanas, ni evaporado el perfume de la piel de Genivève, buscó de nuevo a Vénus, pero no por el amor, pues en sus palabras, él mismo diría que no se había enamorado nunca, pero se dejó vencer otra vez por la juventud, para convertirla en una rigurosa ninfa a su servicio… Jacqueline Rocque, abnegada y ciertamente dispuesta a convertirse en la secretaria, mensajera, enfermera, amante, ama de llaves e incluso esclava y carcelera del pintor. Cuando éste acepto vivir con ella, le dijo “Has entrado en sacerdocio. Me llamarás monseñor”, y se casaron seis años después de la muerte de su primera esposa, Olga, quien nunca le dio el divorcio…Jacqueline hizo que Picasso olvidara a sus hijos, a sus nietos, y toda relación con el exterior…su principal preocupación, era que Picasso engendrara otros hijos, sus cuadros, ya que ella no podía tener más. En la imagen, Jacqueline Rocque.




Para entrar en el círculo cerrado del pintor, había que pasar por Jacqueline, y ella era implacable…en 1954, vio por última vez a Dora Maar, en 1955, a Françoise y a Maya, que no llevaría nunca su apellido…en 1958 a Marie Thérèse, y a Fernande…

Se definía a sí mismo como feroz opositor a toda restricción de la libertad, pero curiosamente no fue precisamente el mismo trato el que diera a sus amantes…es justamente en esta etapa de su vida, en 1953, cuando da comienzo su etapa final, se halla entre dos fuegos: por un lado, la continua participación en convenciones internacionales e iniciativas organizadas por el Partido Comunista, por otro la frecuente reprobación de algunas de sus obras por los propios críticos o dirigentes del Partido. Una de las obras rechazadas fue el retrato conmemorativo de Stalin, realizado tras su muerte, en el cual el estadista había sido inmortalizado en una pose cruel, todo menos positiva. En la imagen, La sombra, de finales del año 1953, parece ser una reflexión del pintor sobre sí mismo y su postura ante el mundo exterior y su decisión de convertir su morada, en el silencio de un entierro en vida. 




La mansión de Notre-Dame de vie, que había adquirido para ser su vivienda y lugar de trabajo, se convirtió en una tumba escoltada por los cedros mecidos por el viento, en el más absoluto silencio de un sepulcro…un silencio roto las menos veces, por los ladridos de dos perros gigantescos del interior…Jacqueline, triunfaba en silencio, observada por Picasso, y se insinuaba en la cripta de su cuarto de baño convertido en jardín, revestido con las escenas eróticas de un fauno en el bosque, con el único deseo en su mente de que acompañara a su mujer mientras se bañaba desnuda, y la tentara ante la mirada mística del genio creador, y del alma destructora de un misógino capaz de emponzoñar y destruir a todos los que se encontraban a su alrededor…

En su aislamiento, el matrimonio permanecía unido en su desconfianza al mundo exterior, pensaban que todo el mundo tenía un precio, y bien vale el refrán que piensa el ladrón que todos son de su condición…en una búsqueda incansable y hermética de su propia realidad, acabarían encontrando la negra oscuridad, y Picasso, aislado e inmerso en su trabajo, sólo en 1962 llegó a pintar 70 veces a Jacqueline, en una fervorosa actividad nacida de la pavura y el terror que conduce directamente a la locura más atroz, no toleraba ni una breve ausencia de ella, y si por casualidad ocurría, la situación acababa con una terrible rabieta, de la que Jacqueline no osaba hacer ningún intento por defenderse.




Los retratos de Jacqueline habían iniciado una visión de aborrecimiento o aversión al cuerpo humano, casi de repugnancia, debido a factores como la decadente capacidad sexual añadida a la profunda misoginia que había sufrido siempre, y en estos momentos, sacaba a la luz sus más agresivos síntomas, que le llevaban a aislarse cada vez más, incluso de sus parientes más cercanos…sus hijos. 1963, concretamente en Navidad de ese año, sería la última vez que pasara un breve tiempo con sus hijos, en un ambiente de total y absoluta oscuridad del alma, el cariño, había sucumbido, si es que alguna vez había existido…Claude, de hecho, intentó de alguna manera quitarse la vida al escuchar a su padre decirle que hubiera deseado que estuviera muerto, y se tiró de una muralla, seguramente, sin demasiada intención de lograr su fin, pero el rechazo, era como una losa terrible que terminaba por sellar su condición. Picasso cada día, amanecía más hosco, cerrado, de mal humor.

El Minotauro, hacía tiempo que ya no caminaba con el mismo brío por el laberinto de Dédalo, pero el tributo que se había cobrado, había sido terrible…Teseo, dispuesto a acabar con los sacrificios, penetró en el infranqueable muro de Notre-Dame de vie, para personarse como la muerte, y encontrando dormido a la bestia, lo golpeó hasta quitarle la vida, pero no pudo liberar a sus víctimas condenadas al sacrificio, Poseidón, finalmente, había conseguido su oscuro propósito.

Picasso fallecería en una tarde de abril de 1973, en compañía de la soledad de Jacqueline, quien no dejó entrar ni a sus amigos de ochenta años de amistad, ante la fiera vigilancia de dos perros afganos, ni a sus hijos, Maya, Claude y Paloma, ni a quien fuera su criada durante más de cuarenta años, Inès Sassier, ni a sus nietos ni a nadie…Picasso, falleció sin dejar testamento, él mismo profetizaría que cuando muriera, sería un naufragio, y cuando un barco grande naufraga, mucha gente a su alrededor, se va al fondo con él…acertó, ya que los pleitos sobre su herencia, han sido muchos, y dolorosos para todos, incluida Jacqueline.





Dejó que sus herederos se pelearan por un legado que era ingente y millonario. Él era el mejor coleccionista de sí mismo. Conservaba obras de todas sus etapas. Marina y su hermanastro Bernard junto a la viuda Jacqueline eran los herederos legales del pintor. Pero también estaban Claude y Paloma, hijos ilegítimos de Picasso con la pintora Françoise Gilot (aún viva, a sus 93 años) y Maya, la hija de Marie-Thérèse. El proceso para repartir las obras acumuladas en sus residencias fue largo (había que hacer inventario de más de 1.800 pinturas, 1.200 esculturas, 7.000 dibujos...) y costoso, como ya hemos comentado… 

El Estado francés se quedó con muchas de las mejores piezas como pago por los impuestos. Hasta 1981, ocho años después de la muerte del pintor, no se hizo el reparto definitivo. Paulo, el torturado primogénito de Picasso, murió sólo dos años después que su padre, así que no llegó a heredar, y su nieto, Pablito, se tomo una botella de lejía un día después de la muerte de su abuelo, y acabaría muriendo tres meses después por inanición, con sus órganos internos destruidos totalmente… Una década después era la propia Jacqueline la que decidió quitarse la vida, disparándose con un revólver en la cabeza. Tenía 59 años y luchaba contra la depresión desde la muerte de Picasso… Después de superar los problemas de la herencia y todo lo que le hicieron sufrir los herederos del pintor, fundamentalmente por el comportamiento de ella en el entierro de Picasso, prohibiéndoles la asistencia, se quedó tranquila, pero le faltaba un hombre y ese hombre se llamaba Frederic Rosiff, cineasta y además gran amigo de Picasso. Pero Rosiff no la hizo caso y se fue con otra mujer, y Jacqueline no lo pudo soportar, murió alcoholizada, sola, profundamente deprimida, hastiada de ahuyentar a los herederos, especialmente su propia hija Catherine…ya hemos comentado en el artículo, las circunstancias sobre Marie-Thérèse Walter, musa, amante y madre de la segunda hija de Picasso, Maya, que se había ahorcado en 1977, y de Dora Maar, que aunque no llegó a ese extremo, su salud mental llegó a quebrarse de tal manera que llegó a someterse a una terapia de electroshock, y Olga, se volvió histérica, y con muchas deficiencias psíquicas…si vivir con Picasso, no fue fácil, tampoco lo fue sobrevivirle. 


CONCLUSIONES

También entraron en el laberinto del Minotauro Picassiano mujeres como Sylvia Plath, Virginia Wolf, Antonieta Rivas Mercado, Karoline von Günderrode o Marina Tsvetaeva, quienes también sucumbieron ante la desdicha del desengaño, la burla, la soledad más agria y la desilusión más dolorosa...sus almas rondaron perdidas por las calles cortadas del laberinto, con la única esperanza de encontrar dormido al Minotauro, y con el temor de escuchar sus bramidos cercanos, oliendo el suave perfume de sus pieles de mujer, enardecido por el deseo de poseer a la fuerza, y abandonar después sus almas en la más triste y vacía de las esperanzas mundanas...convertidas primero en musas, luego en simples trapos sucios, manchados de borrones de pintura sobrante de un desnudo cubista, al que finalmente, habían sido convertidas... 


Si cuestionar la obra de Picasso es un sacrilegio, nos prestamos a pecar si nos referimos a que el resultado de las mismas no es más que el de las miserias de los que le rodearon...Su misoginia plasmada a paletadas y brochazos en las vidas de Françoise Gilot, Dora Maar o Fernande Olivier, por poner unos ejemplos...su obsesión en el periodo final de su vida con Velázquez, culpable de sus arrebatos de silencio que desencadenaba en otros de furia y retroceso...las sentencias condenatorias hacia Olga Jojlóva, la joven Marie-Thérèse, Jacqueline Roque o Françoise Gilot , y la tristeza de la escenificación de los suicidios de Marie-Thérèse, Jacqueline y el de uno de sus nietos...o la propia transformación del arte en su más vulgar comercio visionada desde la fotografía del proceso del Guernica por Dora Maar, mientras Picasso todavía compartía el lecho con Marie-Thérèse Walter...


Así concluye el trágico legado de la vida de Picasso, que como hemos podido ver, va directamente unido al legado de su arte, en un siglo cuya visión, podríamos concluir como caótica, por ponerle quizás, un adjetivo menos doloso, tanto en la sociedad, como en la pintura, como en la literatura, como en la música… por lo menos, es nuestra visión particular, aunque también existe la excepción que confirma la regla…pero, al igual que Picasso, el siglo XX moriría para siempre, sabiendo que no había sido capaz de alcanzar su objetivo…

Seguramente, a partir de ahora, cuando observemos un retrato de mujer pintado con la originalidad de Picasso, supongo que lo veremos con diferente mirada.





Aingeru Daóiz Velarde.




BIBLIOGRAFÍA

Mi vida con Picasso. Françoise Gilot. Carlton Lake.

Picasso. Henry Gidel. Biografía.

El Señor de las palomas. Antonio D. Olano.
Picasso: creador y destructor. Arianna Stassinopoulos Huffington. Biografía.

Picasso. Retratos de familia. Oliver Widmaier Picasso.

Película “Sobrevivir a Picasso”. Año 1996. Director James Ivory.

Película “La Banda Picasso”. Año 2012. Director Fernando Colomo. 



“Picasso íntimo”. Antonio Dominguez Olano.