sábado, 17 de octubre de 2020

RAFAEL ALBERTI. EL POETA DE LOS PASEOS Y LAS PURGAS DE RETAGUARDIA

RAFAEL ALBERTI. EL POETA DE LOS PASEOS Y LAS PURGAS DE RETAGUARDIA

Este hombre que paseaba por el frente con una pistola al cinto, recitando versos y sin haber luchado jamás en la trinchera junto a quienes se jugaban la vida alentados por sus charlas. Fue uno de los responsables de la publicación El Mono Azul donde él y los otros miembros del denominado Comité de Depuración mantenían una columna llamada “A paseo”, en la que se señalaba el nombre de los intelectuales que debían ser “depurados” es decir, asesinados, por su carácter de contrarrevolucionarios. Los asesinatos de derechistas habían comenzado a destajo tras el pucherazo del 14 de abril que trajo la Republica, pero muy señaladamente tres semanas después, tras la quema de iglesias, un aciago 4 de mayo de 1931. Aquel macabro panfleto marxista se convirtió en el prefacio de los posteriores asesinatos. 



Entre las personas señaladas se encuentran Miguel de Unamuno, Pedro Muñoz Seca, Manuel García Morente, Fernando Vela, e incluso sus amigos de años anteriores Ernesto Giménez Caballero y Rafael Sánchez Mazas. Sin duda alguna, una de las grandes aportaciones del comunismo. 

Actualmente tiene calles dedicadas en docenas de municipios y es hijo predilecto de Andalucía desde que le otorgaron ese título en 1984. 







El estallido de la guerra le sorprendió en Ibiza, escondido en una cueva de las salinas, donde muy pronto se unió a las milicias desembarcadas en Pou des Lleo un 8 de agosto al mando del capitán Bayo, quienes asaltaron, profanaron y saquearon todos los templos de la isla. Huyo hacia Madrid ante el desembarco inminente de las tropas sublevadas de Franco, dejando tras de si un reguero de sangre de más de 150 almas inocentes.


Consiguió ser presentado por los comunistas españoles como un represaliado del régimen de Franco, por la sencilla razón que el Comunismo en España, necesitaba exteriorizar su derrota ante la prensa intelectual internacional, alegando que tuvo que exiliarse a París, Buenos Aires y Roma para evitar ser juzgado. Cuando la izquierda española lo tomaba como símbolo de la supuesta represión franquista contra inocentes tapaba sus crímenes durante la guerra, que ni fueron escasos ni poco llamativos, ésa, es la cruda y triste realidad. Alberti escapó de España cuando el Frente Popular perdió la guerra, y dejaba atrás una estela de terror impuesto desde su puesto de responsable de la Secretaría en la Alianza de Intelectuales Antifascistas. 


Las declaraciones de Antonio Hortelano, un sacerdote que antes de haber tomado los hábitos fue espía en los años de la Guerra Civil, dan un testimonio de la labor. Antonio Hortelano perteneció a los servicios secretos vaticanos, fue miembro del Mosad israelí, quiso ficharlo la CIA y estuvo detenido por el KGB. Parece el retrato de un 007, pero Antonio Hortelano fue un religioso redentorista, especialista en Mora y con un extraordinario recorrido evangelizador a sus espaldas. Y una historia de película, que vivió de cerca, directa o indirectamente, todos los grandes acontecimientos de los últimos tiempos y se codeó con los grandes personajes que han pasado o pasarán a la Historia. Desde Golda Meir o Moshe Dayan a Salvador Allende o monseñor Romero. Y, por supuesto, los papas de las últimas décadas. 



Alberti fue uno de esos intelectuales que animaba a los jóvenes de izquierdas a luchar en el frente mientras ellos vivían a cuerpo de rey en la retaguardia sin peligros y actuando libremente… Neruda, Vallejo y Huidobro también vivieron allí, y junto a Alberti eran parte de aquellos aguerridos intelectuales que pedían desde lujosos palacios burgueses a los jóvenes marxistas dar su vida en el frente, mientras vivían a cuerpo de rey en retaguardia, dando fiestas. 



Mientras tanto, Serrano Poncela, que era gran amigo y protector de Santiago Carrillo, firmaba las órdenes en blanco y los jefes de milicias se encargaban de poner la fecha y nombres de los ejecutados. Y como Muñoz Seca otros miles, sin pruebas ni culpa. El 27 de Noviembre de 1936 milicianos Socialistas sacan a golpes al pintor Álvaro Alcalá Galiano máximo representante del impresionismo español, quien trasladado a Paracuellos del Jarama es también fusilado por el delito de ser artista. Eran las depuraciones hacia la cultura marxista-leninista. 



Entre sus labores, cuenta Hortelano, como era frecuente que Alberti visitase las checas en las que había detenidas personas de ideología derechista, religiosos o simplemente aquellos que habían sido denunciados por quienes les guardaban rencillas. 

En esas visitas era aficionado a hacer uso del método de tortura denominado “la cabina”, que consistía en introducir al detenido en una cabina de teléfonos con las paredes metálicas electrificadas y aplicarle descargas de alta tensión hasta que confesaba o moría electrocutado…este era Rafael Alberti, por mucho que la Memoria Histórica quiera presentarnos otro cuadro.







Hay dos casos, entre los señalados por la Alianza de Intelectuales Antifascistas, de los que se tienen testimonios que inculpan al propio Alberti. El escritor Alfonso Ussía, nieto de Pedro Muñoz Seca, es una de las personas que más ha investigado sobre las circunstancias que rodearon el asesinato del dramaturgo. Alfonso Ussia habla del asunto con conocimiento de causa, ya que Pedro Muñoz Seca era su abuelo materno y por lo tanto es de suponer que lo que cuenta sobre el asesinato del dramaturgo proviene de fuentes familiares directas. En 2009, tras conocer las declaraciones de Antonio Hortelano escribía en una de sus columnas: “El hermano de Rafael Alberti, Vicente, gran amigo de Pedro Muñoz-Seca, portuense como ellos, le rogó encarecidamente que hiciera algo para sacar a don Pedro del cautiverio de la checa de San Antón y salvar su vida. No movió ni un dedo. Vicente Alberti era el íntimo amigo del hermano de Pedro Muñoz-Seca, el doctor José Muñoz-Seca, un joven y brillante pediatra con firmes convicciones republicanas. Don Pedro era monárquico y colaborador de “ABC”, además de autor teatral de indiscutible éxito. Vicente Alberti se interesó en numerosas ocasiones, acuciado por su amigo el doctor Muñoz-Seca, por el dramaturgo del Puerto de Santa María encarcelado. Se interesó ante su hermano Rafael, el gran poeta dedicado en la cómoda retaguardia de Madrid a visitar checas y prisiones. Al fin, en la primera quincena del mes de diciembre de 1936, Rafael Alberti se puso en contacto con su hermano para darle noticias de Muñoz Seca: “Los fusilamos en noviembre”.



El intelectual Manuel García Morente también publicó como la Alianza le puso en el punto de mira y tuvo que exiliarse para no correr la misma suerte que Muñoz Seca: “A poco supe confidencialmente que se había constituido… una comisión de depuración (tal era la palabra usada) al profesorado de Universidad. Esa comisión propuso la cesantía de varios catedráticos de la Facultad de Filosofía y Letras. La lista iba encabezada con mi nombre. Los comisionados consideraban urgente el sacrificio de mi persona… En virtud de la comisión llamada depuradora mi nombre iba a ser publicado como cesante y mi persona entregada a las ruines pasiones de los asesinos; hube de pensar en la necesidad de abandonar Madrid”. En la imagen, Muñoz Seca.





Desde el bando frentepopulista se le criticó siempre que se paseaba por la retaguardia luciendo una pistola de gran calibre, que lucía ostentosamente. Un arma que, como se decía en la CNT, no estuvo jamás en el frente, donde era necesaria, y que servía para impresionar a quienes en retaguardia se cruzaban con el autor de Marinero en Tierra, por lo tanto, no nos sorprende que Juan Ramón Jiménez dijese del poeta gaditano, aunque sin citarle: “cuidado con esos señoritos, imitadores de guerrilleros que exhiben por Madrid sus rifles y pistolas de juguetes vestidos con monos azules muy planchaditos”.



Un poeta que igual escribía sobre su Puerto de Santa María, que lamentaba la muerte del genocida Stalin con una serie de versos que lo enaltecían como a un padre, maestro y camarada, en un poema titulado “Redoble lento por la muerte de Stalin".



Durante la Guerra Civil Rafael Alberti escribió en el ABC de Madrid, incautado por los revolucionarios, una columna desde la que dirigía sus dardos contra personajes relevantes y que tenía el significativo título de “A paseo“, un siniestro nombre si tenemos en cuenta lo que en la España del 36 significaba que a uno le dieran “el paseo”.
Al final de la Guerra Civil Rafael Alberti y su compañera María Teresa León se exiliaron en París, viajando después a Buenos Aires y Roma. No regresó a España desde el exilio hasta el año 1977, siendo elegido Diputado por el Partido Comunista de España en las primeras elecciones democráticas, aunque pronto renunció a su acta de diputado. Alberti nunca abandonó su militancia activa en el Partido Comunista, al que se afilió a principios de los años 30. 


Nunca defendió Alberti la libertad, que era un obstáculo en el duro camino de la “emancipación de las masas”.



LA MUERTE DE GARCÍA LORCA.

Su mayor aportación a la guerra fue la participación destacada y fanática en los comités de depuración de las checas, centros de detención semiclandestinos bajo control de partidos en connivencia con instituciones republicanas, y, en concreto, en la que funcionó en el Círculo de Bellas Artes. El 23 de agosto de 1936 la Alianza de Intelectuales Antifascistas que él presidía depuró la RAE. Días antes, el 30 de julio, habían publicado un manifiesto de apoyo a la República que obligaron a firmar a numerosos intelectuales, muchos de los cuales escaparon al lado franquista o a Francia, viendo lo que les esperaba… Fue también el principal manipulador de la muerte del poeta Federico García Lorca, al que ya había definido antes como enemigo de las masas populares.

La ruptura entre ambos llegó durante la campaña electoral y las elecciones de febrero del 36 cuando venció el Frente Popular y las Izquierdas se hicieron con el Poder. El choque se produjo cuando, sin saberlo Lorca, Alberti montó un mitin en cuyo cartel figuraba entre las “figuras” de la corrida: Federico García Lorca, Rafael Alberti y José Bergamín. A Lorca le fastidió mucho que Alberti le incluyera en la terna sin habérselo consultado antes y exigió que se le tachara del cartel. “Alberti quiere comprometerme , le dijo al periodista Luis Bagaria que le preguntaba sobre los poetas del 27, y yo no quiero compromisos políticos, yo no soy de ningún partido ya lo he dicho muchas veces, yo soy comunista, falangista, anarquista, monárquico, republicano, de Izquierdas, de Derechas… pero por encima de todo yo soy español, yo soy Poeta y ¡un Poeta, pienso, no puede ser militante de un partido político!... porque está comprobado que cuando el poeta se hace militante de una ideología deja de ser poeta”. Naturalmente, estas palabras de Lorca y el romperle el “Cartel” que había planeado para un mitin organizado por el Partido Comunista molestaron a Alberti y fue causa de un enfriamiento casi total de su vieja amistad. Alberti y Lorca dejaron de hablarse, tal vez, también, porque el de Cádiz no había digerido bien los éxitos teatrales que el granadino había tenido con su trilogía trágica: “Bodas de sangre”, “Yerma” y “La casa de Bernarda Alba” y él había fracasado con “El hombre deshabitado” y “Fermín Galán” …luego volvería a fracasar con “El adefesio”, “El trébol florido” y “La gallarda”…La pregunta sería, ¿Fue Lorca señalado también por el dedo acusados de Rafael Alberti?...Hay una historia muy curiosa al respecto, que casi me producen náuseas al recordarla, pero lo voy a hacer.


28 de noviembre de 1936, Escritores Antifascista habían organizado un homenaje a las Brigadas Internacionales que ya se habían incorporado a la lucha y de momento habían conseguido frenar a las tropas de Franco en la ciudad universitaria y naturalmente allí estaban esa noche la flor y nata del PCE, los escritores afines, los mandos militares comunistas y anarquistas, el Embajador ruso y algunos altos cargos de la embajada , además de los influyentes Iliá Ehrenburg, el escritor, y el gran comisario Mijail Koltsov, el hombre de Stalin en Madrid durante la Guerra Civil española. 



Pero, no había terminado la cena, y cuando ya rusos y españoles se llenaban de Vodka, entró el joven Santiago Carrillo, que venía rodeado de su guardia pretoriana y con cara sonriente y entre saludo y saludo se dirigió a Alberti y le dijo algo al oído. Entonces Alberti pidió silencio, tocando con un tenedor la copa de cristal que tenía en las manos, levantó su voz y dijo: “Señoras y Señores, compañeros, camaradas, mi joven amigo Santiago Carrillo, Nuestro Delegado de Orden Público y Seguridad, me acaba de comunicar que hoy ha muerto uno de nuestros mayores enemigos, el católico, monárquico y fascista Pedro Muñoz Seca. ¡Son gajes de la Guerra!... el mes pasado ellos acabaron con nuestro admirado y grandísimo Federico, Federico García Lorca, y hoy le ha tocado el turno a uno de ellos. ¡Donde las dan las toman! Ahora dirán que somos unos asesinos ¿y ellos? ¿Qué son ellos? Con una diferencia, que ellos sabrán donde cayó y ha sido enterrado “su” escritor y nosotros no sabemos dónde reposan los restos del nuestro. Pero nosotros venceremos y más ahora que ya están con nosotros los Internacionales… porque la Razón y el Derecho están de nuestra parte… ¡Tampoco pierde mucho el teatro!... ¡Viva la República! ¡Viva Rusia! ¡Viva Stalin!”. 



Y aquello sí que fue ya una fiesta. No, Alberti no quiso salvar a Muñoz Seca, su paisano y vecino del Puerto de Santa María. ¡Y pudo salvarlo!, pero, insisto, ¿se puede ser más cínico?... Cuando el granadino fue asesinado llevaban varios meses sin hablarse.




CONCLUSIONES



Cierto es que hay gente equivocada en todas las profesiones, y Rafael Alberti era un equivocado ingrato, pero además, correspondido y premiado por una ingrata razón, la de cómplice acusador de los crímenes del comunismo durante la Guerra Civil, y sin duda alguna, forma parte de uno de esos muchos los criminales exonerados por el espíritu de la concordia en la Transición de 1978…Es curioso, porque según sus propias palabras al regresar, dijo “ Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta”. Alberti retorcía una vez más la verdad: fueron sus víctimas, ganadoras de la guerra civil, quienes le ofrecieron el perdón con la mano abierta y la concordia. Así era este personaje, hoy blanqueado por socialistas y comunistas, exonerado gracias a la ley de amnistía por la concordia de todos, decretada por Adolfo Suarez, permitiendo su retorno de aquel cómodo exilio en la Unión Soviética junto a la criminal "Pasionaria". Una miseria histórica más, de esta repugnante y decadente Democracia…La mentira y el engaño tienen fecha de caducidad, al final, todo se descubre, al mismo tiempo que muere la confianza, la verdad, es que no sabría decir bien qué resulta más justificable, si la estupidez embaucadora, o el despropósito de la simpleza. La falsedad, suele anidar el árbol de la hipocresía, y Alberti era un ave muy acostumbrada, como el polluelo del Cuco, a anidar en nidos ajenos a la sinceridad, y era además muy amigo del fariseísmo.


Aingeru Daóiz Velarde.-  

 

 

 

 





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