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viernes, 12 de septiembre de 2014

BOLÍVAR Y LOS INICIOS DE UNA DESDICHA

Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios y Blanco, nació el 24 de julio de 1783 en Caracas, hijo de dos importantes linajes criollos de origen español, destinado a manejar la administración de las cuantiosas propiedades de la familia, pero, de forma inesperada, pronto se cebó la desgracia en su vida, ya que a los tres años murió su padre, y a los nueve, su madre, que nunca le demostró demasiado cariño. Después de la muerte de doña Concepción Palacios y Blanco, su madre, el niño Simón Bolívar quedó bajo la protección de las negras esclavas Hipólita y Matea, el no nombrarlas aquí sería injusto, y hay que decir que la primera, lo amamantaba y velaba por su salud y bienestar, mientras que Matea lo cuidaba, se encargaba de su crianza, educación y compartía con él los momentos más hermosos de su niñez y adolescencia. Años más tarde, recordaba el cariño que siempre sintió por Hipólita, a quien llegó a considerar "su madre y su padre". En la siguiente imagen. María concepción Palacios, madre de Bolívar.





 El pequeño simón, quedó al cuidado de su abuelo materno, don Feliciano Palacios.   Huérfano prometedor de una riqueza muy considerable, heredero de extensas plantaciones, esclavos y casas, ni tuvo una feliz infancia, ni una educación adecuada, aunque luego él, se obstinara en decir lo contrario,  además de que la rebeldía de su carácter  desobediente formó en él una barrera difícil de superar.
Su abuelo murió un año después de la muerte de su madre, en 1793, dejando a Simón bajo la tutoría de su tío don Esteban, pero aquel mismo año, su tío, tuvo que ir a Madrid para ocupar un puesto en el Tribunal de la Correduría de Cuentas, recayendo la tutela en don Carlos Palacios, otro tío de Simón, solterón empedernido, de mal carácter y en plena ruina por la mala administración de sus bienes.

A los doce años, se escapó de casa de su abuelo  en la que residía junto a su tío,  a la de una hermana, y conllevó un pleito judicial que concluyó finalmente con el forzado traslado a casa de quien, por fortuna, se preocuparía de la educación del joven Simón, un hombre que desde un principio se dio cuenta de las necesidades del pequeño en un ambiente y trato que era diferente al hasta entonces recibido. Pero como ya hemos dicho anteriormente, su carácter rebelde le volvería a inducir a la fuga, una vez más, recayendo finalmente la tutela en su tío Carlos Palacios, a petición del pequeño Simón.

 Simón Rodríguez se encargó de que al joven Bolívar le despertara la curiosidad por aprender, aunque si bien es cierto que esta relación no debe ser considerada más que un mito que es necesario clarificar, al igual que la que mantendría con el que fuera considerado padre de las letras de América, Andrés Bello.

 La relación maestro-discípulo en esa época, de Simón Rodríguez, ha sido también parte del fabulario tejido alrededor de la figura de Bolívar, y  forma parte de la teatralidad ritual que tanto influyó en el alma del “Libertador”. Tanto es así, que se habla de que Rodríguez cultivaba su mente hablando al niño de un mundo de ideas y sentimientos nuevos, y poco a poco le fue presentando en forma simple los principios ilustrados. Le habó de la democracia, del liberalismo, del radicalismo, a la vez que le incitaba a desarrollar su gusto por la naturaleza…lo cierto, es que parece demasiada materia en tan poco tiempo para influir de forma tan determinante en la mente del joven Simón, con una infancia difícil, posiblemente por la soledad en que la vivió.

 Más allá de la dulce nostalgia proferida por Bolívar en su cartas desde el Perú en 1825, sobre Simón Rodríguez (Robinson) y Bello, además de ser un producto natural de la añoranza de su infancia caraqueña, sus palabras eran nada más que una forma pragmática de encontrarles lugar en la administración pública de la república grancolombiana a sus coterráneos más próximos, existencialmente hablando, ya que Ambos, Simón Rodríguez y Bello, se encontraban  en situaciones económicas difíciles.   pero sigamos hablando de Simón Rodriguez y Andrés Bello.


 Nada menos que el primero, “Robinson”, el amanuense de su abuelo Palacios y Sojo, fue un soñador errante, un romántico, escritor, ensayista y posiblemente, de los primeros pensadores de América como tal, y ferviente seguidor de las ideas de Jean-Jacques Rousseau . Fue un personaje curioso que apenas tenía trece años más que el pequeño mantuano (criollo perteneciente a la aristocracia local), nacido en una humilde familia de Caracas. Estuvo empleado como secretario en la casa de don Feliciano Palacios, abuelo del pequeño Bolívar, habiendo sido antes maestro en Caracas, donde había presentado un plan de reforma escolar que fue rechazado. Se ha escrito mucho sobre las ideas revolucionarias que Simón Rodríguez imbuyó en el futuro libertador, y aunque lo cierto es que la enseñanza de Rodríguez sobre Simón Bolívar duró exactamente dos meses, desde el 13 de agosto, al 15 de octubre de 1795, aunque también es verdad que posteriormente se volverían a ver en Europa. Tuvo que huir tras Su participación en la Conspiración de Gual y España en contra de la corona española en 1797, adoptando el nombre de Samuel Robinson.
En la imagen siguiente, Simón Rodríguez, “Robinson”.
 




El segundo, Bello, su contemporáneo, y, cómo no decirlo, la mente más clara del humanismo americano del siglo XIX. Andrés Bello, a pesar de su cultura y educación no tuvo una buena relación con Bolívar, incluso cuando El Libertador murió Bello no cambió su opinión sobre él. Y no fue el único, varios maestros de Bolívar tiraron la toalla, como se dice vulgarmente, en lo relacionado con la instrucción del padre de la patria, y la consideración que tenían sobre Bolívar en su infancia y juventud, era de un niño mal criado, Se llevaban apenas tres años en diferencia de edad.     Bello Es considerado uno de los intelectuales más importantes de la historia latinoamericana.  Sus contribuciones se dieron en campos como la filología, la literatura, la traducción de obras clásicas, la política, el derecho y la educación.  Bello fue fundador y el primer rector de la Universidad de Chile, en 1843. Viajó con Simón Bolívar a Inglaterra, como veremos más adelante,  en donde fueron enviados como diplomáticos de la nueva nación de Venezuela, con el objetivo de conseguir el apoyo británico a la consolidación de la independencia.  Debido a la situación política de entonces, no logran su cometido, por lo que Bolívar regresa a Venezuela para asumir el liderazgo de las batallas que se libraban en los demás países de la región.  Bello se queda en Londres por casi veinte años, para más tarde trasladarse a Chile.  Adoptó la nacionalidad chilena y fue senador y redactor del primer Código Civil de ese país. Publicó una gramática española que se considera uno de los mayores aportes a nuestro idioma desde América Latina. En la siguiente imagen, Andrés Bello.



Por otro lado, Bolívar se jacta de que aquellos dos hayan sido maestros suyos, se puede decir que la instrucción en Caracas se desarrollaba desde el Colegio de los Jesuitas, pasando por las escuelas locales municipales, las episcopales, las que dependían de los religiosos, y claro está, las privadas y el Seminario de Santa Rosa, hasta alcanzar la Universidad, pero a falta de un elemento definitivo para dibujar el estilo o el nivel de la formación primaria de Bolívar, el mismo Libertador en la famosa carta a Santander, quien había criticado su educación,  expone:
                                 
… no es cierto que mi educación fue muy descuidada, puesto que mi madre y mis tutores hicieron cuanto era posible porque yo aprendiese; me buscaron maestros de primer orden en mi país. Robinson, que Vd. conoce, fue mi maestro de primeras letras y gramática; de bellas letras y geografía, nuestro famoso Bello; se puso una academia de matemáticas sólo para mí por el padre Andujar, que estimó mucho el barón de Humboldt. Después me mandaron a Europa a continuar mis matemáticas en la academia de San Fernando; y aprendía los idiomas extranjeros con maestros selectos de Madrid; todo bajo la dirección del sabio marqués del Ustariz, en cuya casa vivía…
                                                                    
Tras la muerte de  su abuelo, pocos años después,  en 1799, Bolívar fue enviado a estudiar a Madrid, y con 15 años de edad.  Zarpa Simón Bolívar de La Guaira el 19 de enero de 1799, en el navío “San Idelfonso”, un navío de línea de 74 cañones, que posteriormente combatió en Trafalgar,  y llegará a España en mayo del mismo año. Dicha travesía tuvo el siguiente itinerario: Veracruz, ciudad de México, La Habana, Santoña y finalmente, Madrid. Desde finales de febrero de 1800 vive Bolívar en casa del marqués de Uztáriz, y es, según el mismo Bolívar, quien guió sabiamente sus primeras letras.

El marqués de Uztáriz, caraqueño como su nuevo discípulo, es una figura que determinará la suerte intelectual de Bolívar en Madrid, que aunque muy joven se acomodará obsequioso de cara a la gran oportunidad de recibir el verbo muy corrido y experimentado en la política dieciochesca española del marqués, y es importante saber quién fue este Uztáriz, debido a la importancia que tuvo con el joven Bolívar.

http://navegandoenelrecuerdo.blogspot.com.es/

En el próximo capítulo sobre el Libertador, trataremos del título BOLÍVAR Y EL MARQUÉS DE USTÁRIZ.



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