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domingo, 20 de marzo de 2016

TRATADO DE CORBEIL Y LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA






TRATADO DE CORBEIL Y LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA










Sobre el Tratado de Corbeil, no se habla en las Instituciones pro-independentistas catalanas, y, raíz de todo este problema, es el pago de impuestos, como lo ha sido siempre, pues sabido es que ya desde el Rey Jaime I siempre se tenían problemas con los Condados Catalanes porque no querían pagar impuestos. Ya entonces, parece ser, que el problema era el mismo que ahora, la reticencia en el pago de impuestos, añadiendo a nuestra era, una especie de odio enfermizo al resto de España, y un total y absoluto desprecio a todo lo que ésta representa. «Ludovicus, Dei gratia Francorum Rex…” “Jacobum eadem gratia illustrem Regem Aragone…”“...quod nos dicebamus comitatum Barchinone, Urgelli, Bisuldune, Rosilione, Empurdano, Ceritanie et Confluentis, Gironde et Eusone cum eorum pertinenciis de regno Francie et de feudis nostris esse” “Et idem Rex Aragone ex adverso dicebat se jus habere in Carcassona et Carcasses, in Rede et Redensi…” “pro ipso Rege Aragone et nomine et vice ipsius deffinimus, quittamus, cedimus et omnino remmittimus quicquid juris et possesionis vel quasi habebamus siquid habebamus vel habere poteramus… in predictis comitatibus Barchinone et Urgelli Bisuldune, Rossillone, Empurdane, Ceritanie, Confluente, Gerundense et Ausone….” “…in Carcasona, ...in Rede, …in Laurago, …in Termense, …in Menerba, …in Fonolleto, …in Petra pertusa, …in comitatu Amilliavi et Guialdane, et in Naumaso …et in comitau Tholose»


Se trata de un documento interesante y transcendente. Pone de relieve una irrefutable realidad histórica que derriba estrepitosamente la mentira estrafalaria de los ahora llamados “países catalanes”, o lo que viene a ser lo mismo, el recelo persecutorio del mal interpretado nacionalismo territorial por parte de aquéllos que lo alimentan con unas pretensiones que no tienen en cuenta los factores determinantes no ya sólo de la identidad, si no de la historia real, y el estatus de sus propios con-ciudadanos.




Los 8 condados de la Marca Hispánica tuvieron plena jurisdicción como reducto fronterizo hasta el siglo XV, La única excepción fue el Condado de Barcelona que, por el matrimonio del Conde Ramón Berenguer IV en 1137 con Dª Petronila de Aragón, Barcelona quedó entonces incorporado a la Corona de Aragón pero sin variar su condición de condado. Los 7 restantes condados (Besalú, Vallespir, Peralada, Ausona, Ampurias, Urgel y Cerdanya) mantuvieron su independencia hasta 1521, cuando el Rey de España Carlos I nombró Virrey de Cataluña al Arzobispo de Tarragona, don Pedro Folch de Cardona. Por lo tanto Cataluña no existió como región hasta esa fecha y, por lo tanto, no pudo actuar nunca antes como entidad histórica unificada. El mismo D. Francisco Canals Vidal, catedrático de Metafísica de la Universidad de Barcelona, en una Conferencia pronunciada por él, en el Club Siglo XXI; Madrid, 1988, recordemos que dijo que «en el año 987 de nuestra era, Catalunya no existía. No tenía ese nombre, no había aparecido aún la lengua catalana, y tan sólo había perdidos al nordeste de la península ibérica, una serie de pequeños condados: Ausona, Gerona, Besalú, Barcelona, que dependían, sin unidad jurídica ni histórica entre sí, del rey de Francia unos, y del conde de Tolosa otros: Urgell, Ribagorza, Pallars… Todos ellos eran producto de las conquistas de los francos a los moros, siendo en principio bien constitutivos de la ‘marca gotia’ y después de la "Marca Hispánica" Nunca se les denominó ‘marca catalana’ y hasta 1258, fecha del Tratado de Corbell entre Luis de Francia y Jaime de Aragón, subsistió un vasallaje, al menos nominal, entre ellos y Francia». Mapa de la Corona de Aragón al final del siglo XII.








Más aún, el Reino de Aragón estaba integrado por los territorios que hoy lo forman, más todo lo que es la actual provincia de Lérida, más una franja grande del río Ebro hasta el mar, que incluía a Tortosa como ciudad costera. Por lo tanto, podríamos decir que las ciudades importantes del Reino de Aragón eran Jaca (la primera capital que tuvo cuando aún era Condado), Huesca, Lérida, Zaragoza, Tortosa y Teruel. Todo eso era el territorio auténtico del reino cuya corona tenía don Jaime "el Conquistador".


Durante toda la Edad Media Cataluña era una “Marca Hispanica” tributaria de los reyes carolingios hasta que en dicho Tratado de Corbeil, en 1258, entre San Luis Rey de Francia y Jaime I el Conquistador, acordaron que los condados del sur de los Pirineos tributarían a la Corona de Aragón y los condados del norte de Francia, por esta razón el citado Tratado se inicia con estas palabras: ”Es universalmente conocido que existen desavenencias entre el señor rey de Francia y el señor rey de Aragón, de las Mallorcas, y de Valencia, conde de Barcelona y Urgel, señor de Montpellier; por lo que el señor rey de Francia dice que los condados de Barcelona, Besalú, Urgel, etc. son feudos suyos; y el señor rey de Aragón dice que tiene derechos en Carcasona, Tolosa, Narbona, etc.” En la imagen, Jaime I el Conquistador.








Según el ordenamiento político internacional y su jurisprudencia, la actual Cataluña era territorio francés y así fue hasta el 16 de julio de 1258. Podemos observar los documentos de mapas de la época del siglo XIV como por ejemplo los que se encuentran numerados y archivados en la Biblioteca Apostólica Vaticana, en la Biblioteca Británica, en la Biblioteca Príncipe Corsini de Florencia, en la Biblioteca Nacional de París, en la Biblioteca Palatina de Parma , en la Ambrosiana de Milán, en la Biblioteca Nacional de Nápoles, en el Museo Correr de Venecia, en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, en la Biblioteca Estatal de Baviera en Múnich, en el Museo Topkapu Sarayi, Estambul, en el Museo Marítimo, Barcelona, en Biblioteca Nacional Central, Florencia, en la Biblioteca Guarnacciana, Volterra, en el Archivo de Estado, Florencia, en la Universidad de Berlín, en la Biblioteca Estense, Módena, en el Museo Marítimo Nacional, Greenwich, en la Biblioteca Newberry, Chicago, en la Biblioteca James Ford Bell, Minneapolis, en la Hispanic Society, Nueva York, en la Universidad Universitaria, Bolonia, en la Biblioteca Pública, Génova, en la Sociedad Geográfica Italiana, en la Biblioteca Universitaria, Bolonia, en los Archivos Departamentales de la Gironde, Burdeos, en la Unviersidad de Yale, en la Biblioteca Hungtinton, San Marino(California)... lo que hoy conocemos como Cataluña, era en realidad la Corona de Aragón, y no otra cosa, ni existía Cataluña, y además, no hay ninguna referencia a Cataluña...como entidad jurídica propia.


Se deduce que los condados de la parte española estaban mejor relacionados con Aragón y que los del sur de Francia, con el rey francés. Siguiendo consejos de “hombres buenos” el rey francés (Luis IX) cede a Jaime los condados de la parte española y el aragonés cede a Luis sus derechos en la parte francesa. Este es en síntesis el Tratado de Corbeil. Su importancia histórica transcendente es que se firma 29 años después de la reconquista de Mallorca y 20 de la de Valencia.


Ante este hecho contrastado internacionalmente caen por su base muchas falsedades que se enseñan en libros de texto, tales como por ejemplo la conquista de Mallorca por la corona Catalano-Aragonesa, que no ha existido nunca, ya que Cataluña no existía entonces, y además, siendo imposible que una Cataluña, inexistente política, jurídica, y hasta geográficamente tuviera lengua propia. ¿Cómo pudo dar la lengua catalana a Mallorca y Valencia? …


Pero…¿quién es el primordial partícipe de esta serie de afirmaciones que han llevado al engaño y a la que los nacionalismos identitarios catalanes se aferran con tanta pasión?...las crónicas de un tal Ramón Muntaner…


En sus crónicas Ramón Múntaner, dice textualmente: Que él dice la verdad, y sólo la verdad, que no escribe ni relata nada que no haya vivido, ni hechos en que no haya participado personalmente. Sus relatos fantasiosos comienzan en 1204, falsa fecha en que Ramón Múntaner dice que nació Jaime I.


Cuando nació Jaime I en 1208, a Ramón Múntaner le faltaban 57 años para nacer, con lo cual, difícilmente pudo ser testigo verídico de este acontecimiento, además, al conquistar el reino de Mallorca en 1229, a Ramón Múntaner le faltaban 36 años para nacer, con lo que participar en esta conquista le debió resultar complicado, y resulta también que al conquistar el Reino de Valencia en 1238, a Ramón Múntaner le faltaban 27 años para nacer, por lo que tampoco pudo participar ni ser testigo de nada, y además de todo esto, al conquistar el reino de Murcia en 1266, Ramón Múntaner tenía solo 1 año, por lo que tampoco pudo ser testigo. Al escribir sus Crónicas, en 1325 Ramón Múntaner tenia 60 años, edad muy avanzada y en plena senectud, por aquellos años el promedio de vida era de uno 30 y pocos años.


La gran crónica de Ramón Muntaner no pasa de ser un conjunto de aventuras noveladas por un escritor con una gran capacidad de invención, que intentó hacerse pasar por cronista, a sabiendas de era sabedor que unas gran parte de lo que escribía era falso e inventado, como la parte en que se refiere a su etapa con los Almoigávares, y apoyamos esta afirmación animando a la lectura del libro "Yo, Berenguer de Rocafort, caudillo almogávar”, donde el escritor, descendiente de los Rocafort ya deja a Muntaner como un vil mentiroso.


Ramón Muntaner nació en el año 1265 en Peralada y murió en el año 1336 en Ibiza. Según él mismo reconoce, no empezó a escribir su “crónica” hasta que contaba con la edad de 60 años, es decir, en 1325. Para esa época, llegar a los 60 años era todo un logro, y equivaldría a llegar hoy en día a los 95-100 años o, posiblemente, más. Es por eso que dudamos de que una persona de la edad de Muntaner, en una época donde llegar a los 60 años era una quimera por las condiciones de vida que sufría la gente, estuviera en plenitud de luces, y más un soldado con el cuerpo machacado por los viajes, luchas y penurias vividos.En la imagen siguiente Ramón Muntaner.








Muntaner, en su crónica, al principio, nos relata que no contará nada que no haya visto y nada que no haya vivido, que no cuenta las cosas de oído. Su crónica recoge desde el nacimiento de Jaime I hasta la coronación de Alfonso IV. 


Data la conquista de Murcia en 1238, cuando fue entre 1265-1266, o dice que Mallorca y Valencia y Murcia fueron repoblabas “per bona gent de cathalans y parlen lo bell cathalanesc”. Alguien tan fantasioso no puede ser tomado en serio, y los pancatalanistas lo toman en serio, y se basan en su crónica para decir que Mallorca y Valencia fueron repobladas por catalanes y que hablaban el bell cathalanesc, y que por ello todos son catalanes y hablan de la realidad dels Paisos Catalans...


De Menorca dice que fue repoblada “per bona gent de cathalans, e axí ho feu segurament…” y la gente se lo creyó ciegamente creyendo en lo que el argumentaba como SEGURAMENTE...demostrando que carece de datos sobre la repoblación pero cree que por todo se ha repoblado, y que Menorca también tocaba ser repoblada....surgen aquí una serie de preguntas y alguna reflexión... ¿por qué toman en serio a Muntaner cuando está demostrado que fue un novelista fantasioso? ¿Por qué creen lo que escribió cuando la mitad es una sarta de mentiras injustificables? Si hasta Ferrán Soldevila comenta en su obra “Les Quatre Grans Cròniques” que la obra de Muntaner está llena de fantasías y que es admirable su poder de invención. El problema es que mezcla mentiras con verdades, y llega un momento en que la necesidad de argumentar el nacionalismo hace que se crea en argumentos más propios de fábulas y cuentos soñados que de realidades históricas…pero sigamos con el Tratado de Corbeil.

Después del Tratado, Jaime comenzó su labor legisladora comenzando por la moneda (1 de agosto, 1258. Jaime I legisla sobre la moneda de Barcelona), acercando políticamente los condados ya oficialmente feudatarios suyos.. Con el tiempo todo el territorio se llamó Cataluña.


¿Qué lengua hablaban? Obviamente, el occitano, provenzal o lemosín propio del sur de Francia y condados de la Marca Hispánica. La lengua catalana se llamó oficialmente “llemosí” o provenzal, hasta la segunda mitad del siglo XIX, que además de dividía en siete variantes que carecían de gramática…Conociendo esto, se puede comprender la razón por la cual los historiadores pancatalanistas silencian siempre que pueden la verdad del Tratado de Corbeil.


El Tratado de Corbeil fue un acuerdo firmado en Corbeil (actualmente Corbeil-Essonnes en el departamento francés de Essonne, cerca de París) el 11 de mayo de 1258, la verdadera fecha de la diada catalana. Nada que ver ni nada que objetar a los buenos catalanes españoles que tanto bien han hecho por nuestra historia nacional, que han sido muchos, y a los que llevamos en nuestro corazón.


Mediante dicho acuerdo quedaron establecidas las fronteras entre el Reino de Aragón y el Reino de Francia: los feudos situados al Norte de los Pirineos para Francia, los del Sur para Aragón. Por virtud de este Tratado de Corbeil los condados de Pallars, Urgel, Gerona, Barcelona y Osona, hasta entonces vasallos del rey francés, pasaron a ser propiedad legal del rey aragonés. En contrapartida, el rey francés gobernaría toda la Occitania en tanto el Ducado de Provenza recaería en su hermano menor, Carlos de Anjou-Capeto. El principal propósito de este tratado era evitar la expansión aragonesa en Francia y obligar a Jaime I a luchar contra los musulmanes para obtener nuevos territorio. Era el precio impuesto por Francia como vencedora de la cruzada contra los cath-arios, es necesario conocer que las divisiones internas de los godos dieron lugar a dos facciones: los hispano-godos del Reino de Toledo, de religión católica, y los godo-alanos (o cath-alaunos) de Narbona, partidarios de mantenerse arrianos (cath-arrios o catharos). 


Pero quedaba un problema pendiente: Don Jaime era el heredero de su tío, Nuño Sánchez, Señor del Rosellón y Cerdeña. Don Nuño había acogido en sus posesiones a la nobleza cath-alauna, huída de los territorios tomados por el rey de Francia en la Marca de Gothia. Un pueblo sin estado y sin un territorio propio en el que asentarse constituía una fuente inagotable de conflictos, por lo que Jaime I decidió conquistar a los musulmanes el Reino de Mallorca y otorgárselo a la nobleza cath-alauna como consta en el Llibre de Repartimets.


Desde este instante, la historia de los cathalaunos es la historia del Reino de Mallorca y de los condados del Rosellón y de la isla de Cerdeña. Constituye un gravísimo error confundirla con la de los condados de Barcelona, Gerona, Osona, Urgel o Pallars que, jurídicamente, jamás dejaron de ser feudos del Reino de Aragón ni siquiera cuando se constituyó el Principado de Gerona como autonomía catalana, pues el príncipe gobernaba por delegación del rey de Aragón. Cuando se planteó la conquista de Mallorca, los nobles aragoneses, liderados por el conde de Sástago, ya llevaban muy avanzada la invasión de la taifa de Valencia. El soberano decidió apechugar con ambas. Contaba con la ayuda de los ginobeses (burgundios) y de los pisanos (ostrogodos), por lo que no tardó en alcanzar el triunfo tanto en Mallorca como en Valencia. De ese modo, Jaime I pasó de gobernar un reino a regir una corona, la Corona de Aragón, compuesta por los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca, distintos e independientes entre sí pero con un soberano común. El objetivo de Jaime I era constituir un imperio con los tres reinos. Para ello preveía otorgar un reino a cada uno de sus hijos varones. El mayor, Alfonso de Aragón y Castilla, heredaría Aragón y el imperio sobre las posesiones de sus hermanos; Pedro de Aragón y Hungría, el segundo, heredaría Mallorca y Jaime de Aragón y Hungría, el tercero, heredaría Valencia. La negativa del papa a reconocerle la potestad imperial, sumada a la prematura muerte del infante Alfonso, lo obligaron a rectificar y a dejar los reinos de Aragón y Valencia a su segundo hijo, futuro Pedro III el Grande, y el reino de Mallorca con los Condados del Rosellón y Cerdeña al tercero, Jaime II de Mallorca. De ese modo hacía a Pedro señor de los aragoneses y a Jaime señor de los cathalaunos. La decisión provocó el enfado de su principal noble, Blasco de Alagón, que como conquistador de Valencia contaba con regir dicho estado tras la muerte del primogénito. 






Con respecto al Tratado de Corbeil, cabe decir que su importancia ha sido silenciada por los historiadores catalanistas que siete siglos más tarde desarrollarían el mito de los Condes-Reyes con el que pretendían denominar a los monarcas aragoneses. Tanto es así, que hasta hoy en día ha sido imposible conseguir en España una copia de este Tratado , ya que el original correspondiente a Jaime I no se conserva, por lo que ha sido necesario dirigirse a Les Archives Nationales de París para obtener una copia digitalizada del documento J1589 que en el Tresor des Chartes se conserva un ejemplar de este. No deja de sorprender la gran importancia que se le atribuye en Francia, según las propias palabras del propio conservador del Archivo, en contraste con la indiferencia y el olvido que recibe de España.



Fuera del contexto sobre el mencionado Tratado, obviado por el nacionalismo catalán, se habla de un padre de la patria catalana, en la cual el nacionalismo catalán elucubra uno de sus más queridos embustes, se trata de la independencia de la patria catalana en tiempos de Wifredo el Velloso (Gufre el Pilós en catalán) o el Conde Borrell, en el caso del primero, que es en el que más nos vamos a extender, cabe decir que es como si yo, en mi pueblo, declaro que es independiente, y lo hago de facto, que en la terminología latina quiere significar sin reconocimiento legal o formal. Una persona, o personas, pueden estar desempeñando un cargo ya por que se produzca un vacío de poder o un golpe de estado, y lo hacen mediante esta manera, y sus actos consecuentes no tienen ni tuvieron en el caso de este Wifredo el Velloso, ninguna legitimidad legal, NUNCA ha sido independiente, al menos no como Cataluña, aunque quizás antes de la conquista romana constituyeron una tribu independiente, como la mayor parte de las tribus que dominaban la Península. Después de eso vinieron los visigodos, los musulmanes y el Imperio Franco, que los utilizó como "escudo" (marca Franca y posteriormente marca Hispánica). Tras el devenir de dicho imperio Cataluña disfrutó de un periodo en el que no se sabía muy bien a quién pertenecía, ostentando el título de Condado. Poco a poco el poder del Conde de Barcelona se fue fragmentando y el territorio catalán se dividió en varios señoríos feudales, siendo el Conde Ramón de Berenguer la principal cabeza visible, hasta la implementación de Cataluña en la Corona Aragonesa, no Catalano-Aragonesa. Que no a existido nunca. Tiempo después de dicha anexión Cataluña pasó de ser un Condado a un Principado, que no se debe confundir o relacionar en modo alguno con el príncipe heredero de un reino (en la época el heredero a la Corona de Aragón recibía el título de Duque de Gerona o príncipe de Gerona), y que convertía a Cataluña en una división administrativa de la corona aragonesa.



Este personaje, Wifredo el Velloso, como había tantos condes y tantos reyes la gente les ponía apodos para no liarse, le salían pelos donde nunca se le vieran a ningún ser humano, de ahí su apodo, jamás gozó de este estátus, ni siquiera en la propia Cataluña donde gobernaba, es decir, no tenía el reconocimiento legal, ni siquiera, de sus propios conciudadanos, pero, hay que tener en cuenta el contexto en el que se vivía en aquellos años, que no era otro que la invasión musulmana, y la gente del pueblo, se refugiaba donde estaba el poder de las armas, como es natural. Este personaje, de origen visigodo, descendiente de la casa condal de Carcasona, cuya familia mayor conservó el condado de esa ciudad, la menor, integrada por Sunifredo de Barcelona (padre de Wilfredo) y su hermano Suñer de Ampurias, pasó a Cataluña, donde personificarían la lealtad a Carlos el Calvo y sus descendientes. En la imagen, Wilfredo el Velloso.










Wifredo, supo aprovechar las dificultades por las que atravesaba la monarquía franca en esos años para fortalecer su posición al frente de los condados, y se aprovechó de una manera no demasiado ortodoxa, y consolidar su independencia de facto, que ya he explicado antes lo que significaba. Así, se convirtió en el último conde nombrado directamente por un rey franco, pues, tras su muerte, sus hijos se convirtieron en herederos.


Wilfredo el Velloso no se independizó del Imperio Franco a la muerte de Carlos el Calvo, cuyo territorio seguía bajo "jurisdicción" carolingia. A la muerte de Wilfredo el Velloso el condado catalán se fragmentó en varios condados al mando de cada uno de sus hijos, es decir, La unión de condados lograda por Wifredo el Velloso no le sobrevivió. Tras su muerte, los hijos de Wifredo repartieron su herencia como si de bienes privados se tratase. Y no fue hasta el conde Borrell II que se eliminó el yugo franco, cuando éste se negó a rendir pleitesía a la nueva dinastía de los Capetos. Es necesario recordar que aunque Carlos el Calvo le reconoció el derecho a la sucesión nunca le reconoció el derecho a la independencia y, puesto que estaba ligado por lazos de parentesco a los monarcas francos(por ser hijo de Wifredo I) no se enfrentó a sus superiores francos y siguió sometido al rey franco de Aquitania y con buenas relaciones : los francos no le hubieran permitido separarse de Francia.


Los historiadores románticos y, sobre todo, los inspirados por el nacionalismo, han fabulado desde el siglo XIX hasta nuestros días para conseguir dotar de cierta oficialidad a su proyecto político. De este modo se ha hecho de aquel lejano conde el padre de Cataluña y artífice de su independencia Jorge Pujol ha hablado de él en numerosas ocasiones como el «fundador de la nación catalana». Pero Wifredo ni siquiera gobernó nada denominado Cataluña, cuyo nombre se remonta a algo más de trescientos años después (por cierto no para toda Cataluña) ni fue independiente, pues el mando lo ejerció en nombre del rey franco, del cual fue vasallo. No obstante, la disolución del reino carolingio fue permitiendo, sobre todo tras la capitular de Quierzy de 877, la heredabilidad de algunos de sus dominios, lo que daría origen al feudalismo. Wifredo fue el primer conde hereditario de Barcelona y, por lo tanto, el fundador de la dinastía condal barcelonesa.



Wifredo el Velloso (840 - 897) al que los catalanes llaman, Guifré el Pelós, fue visigodo, y por lo tanto hispano, pues así se denominaban a sí mismos los primeros pobladores que crearon la Marca pirenaica o Marca hispánica. Por otra parte, Wifredo fue el último conde designado por la monarquía francesa. Algunos de los condados de la zona noreste de España ni siquiera existían, y la dependencia francesa de esos territorios, era muy marcada.


Algunos historiadores catalanes, han convertido a Wifredo en un héroe forjador de la independencia de Cataluña, pero lo cierto es que esta idea, popularizada durante la Renaixença por el dramaturgo Serafín Pitarra, pseudónimo de Frederic Soler i Hubert , con su frase, Fills de Guifré el Pilós, aixo vol dir catalans (Hijos de Wifredo el Velloso, eso quiere decir catalanes), es del todo falsa, pues lo cierto es que Wifredo no fue el fundador de la Nación catalana, no tuvo ni la menor conciencia de ello. Al respecto, el historiador catalán J. M. Salrach, afirma; “La concepción que Wifredo tuvo sobre sus dominios no pasó de la que experimenta el nuevo propietario sobre unos bienes recogidos y heredados, y de los cuales dispondrá libremente, como si de bienes personales se tratase”.


De todos modos, está muy extendida por Cataluña la leyenda del origen de las cuatro barras de la bandera catalana, pues durante muchísimos años se dio verosimilitud a una leyenda del historiador catalán Muntaner según la cual:"En el siglo IX, el Rey Francés Carlos el Calvo, conmovido ante las heridas sufridas en combate de su servidor Wifredo el Velloso matando romanos, y ante la demanda de Wifredo a su rey de que le diera un escudo de armas, introdujo el rey cuatro dedos de su mano en las heridas de Wifredo y, manchadas sus yemas en sangre, dibujo en el escudo de Wifredo cuatro rayas rojas, dándoselos como enseña a él y a sus descendientes. Es en esta historia donde se apoyan los historiadores catalanes para atribuir a su comunidad la paternidad de la bandera cuatribarrada. En la imagen: Muerte del Conde Wifredo el Velloso / Mort del Comte Guifré el Pilós, del autor Pablo Antonio Béjar Novella. Óleo sobre tabla / Pintura de Historia / 1895. Castillo de Santa Florentina / Castell de Santa Florentina. Canet de Mar / Barcelona.








Fue muerto hacia 897 por el caudillo moro Lop ben Mohamed, señor de Lérida, tras lo que fue enterrado en el monasterio de Ripoll. Uno de los episodios más repetidos de la vida de Wifredo el Velloso es, paradójicamente, uno que nunca tuvo lugar: el relativo al nacimiento de la bandera cuatribarrada. Se trata de la hermosa leyenda sobre las barras de sangre dibujadas por el rey franco Carlos el Calvo en el escudo de Wifredo como premio por su muerte en lucha contra los normandos, nacida en el siglo XVII, durante los bélicos tiempos -que acabarían con la desmembración de la Cataluña norpirenaica- en los que la Marca Hispánica de tiempos carolingios era utilizada por los franceses para justificar la anexión de Cataluña a Francia.


Pero ni consta la participación de Wifredo en la lucha contra los normandos en 873, cuando ni siquiera sería conde de Barcelona, ni Carlos el Calvo fue contemporáneo de Wifredo, ya que había muerto 20 años antes… Además, en el siglo IX no existían las banderas ni los escudos heráldicos, introducidos en Europa por los cruzados en el siglo XII. Por último, el primer rey aragonés del que se conoce la utilización de las cuatro barras, como seña de Aragón, es Alfonso II (1162-1196).


En el caso del Conde Borrel (Borrell II para ser más exactos), pasa exactamente lo mismo. Lo más parecido a una independencia fue cuando en 987, tras la muerte del último rey carolingio, el conde de Barcelona, Borrell II, se fue desligando de su vasallaje con los monarcas francos, sobre todo cuando no acudieron en su ayuda en sus enfrentamientos con los árabes. Pero mientras el condado de Barcelona rompía, otros igual de catalanes como Urgell, Besalú o Cerdanya, mantuvieron el vínculo.


Pese a esto, la efemérides fue utilizada por el Govern de la Generalitat de CiU para celebrar entre 1987 y 1988 el Millenari de la Independència de Catalunya, cuyo acto central contó incluso con la presencia de los reyes Juan Carlos y Sofía. Paradójicamente, centenares de independentistas protestaron por la invitación a los monarcas, lo que causó incidentes, detenidos y una campaña de atentados reivindicada por la organización terrorista Terra Lliure…pero no interesa por un momento dar a conocer la historia de este Wilfredo el Velloso, y la leyenda que lo acompaña.


LA LEYENDA APÓCRIFA DEL ESCUDO DE CATALUÑA

Uno de los documentos utilizados para preparar este capítulo ha sido un informe elaborado en 1822 por el académico de la historia Juan Sans y Barutell acerca de los antecedentes del antiguo blasón del condado de Barcelona, las célebres barras rojas y amarillas. La tradición popular y a la vez romántica pretende explicar el origen de tan legendario escudo en un enfrentamiento entre los normandos y el Ejército carolingio, ayudado por los hombres de Wifredo, quien resultó herido en la batalla. Enterado el rey franco Carlos el Calvo del suceso, pronto se apresuró a visitarle en su tienda de campaña para preocuparse de su estado de salud. Cuenta la tradición que en señal de agradecimiento por la defensa del territorio y por haberse expuesto a la muerte, untó sus dedos en una de las heridas del noble y marco cuatro barras de sangre en el escudo dorado: “Estas cuatro gloriosas barras –dijo el rey– serán en adelante, esforzado conde, vuestras armas, y de todos vuestros descendientes; armas, que tomadas de la misma sangre que habéis derramado en mi servicio serán las más gloriosas que jamás haya tenido noble alguno”. La crónica no precisa ni fecha ni lugar.

Hasta aquí la leyenda y la fábula que al parecer salió del escritorio de uno de sus primeros biógrafos, Bernat Boades, personaje que difícilmente pudo encontrar rastros escritos de aquel episodio de sangre en historias anteriores sobre los reyes de Aragón y Cataluña como las recogidas por el monje de Ripoll, el primero que recopiló toda la información de Wifredo a finales del siglo XII, o las aparecidas en las crónicas oficiales de Jaime el Conquistador y Pedro el Ceremonioso.

Ni en aquellas fechas del siglo IX se tenía constancia de armas en escudos y banderas –establecidas probablemente a fines del XI o principios del XII–, ni Carlos el Calvo gobernaba ya el imperio carolingio pues había fallecido el año 877 en Avrieux, en los Alpes, y los acontecimientos debieron tener lugar hacia el año 878 o años más tarde cuando Wifredo ya ostentaba el título de conde de Barcelona.

Otras fuentes aseguran que el monarca de la historia no fue Carlos el Calvo sino su hijo Luis el Tartamudo (846-879) o tal vez Carlos el Gordo (881-887), monarca cobarde marcado por la debilidad de carácter y salud, cuyo mandato estuvo alterado por las invasiones normandas que asediaron París y que en vez de entrar en combate con los revoltosos, prefirió negociar las condiciones para que abandonaran su propósito. Cuentan que les compró la retirada a cambio de cierta cantidad de dinero y que les autorizó a saquear la región de Borgoña de vuelta a casa. Es posible que entre los nobles que acudieron al socorro de París estuvieran los hombres de Wifredo porque aquellas invasiones tuvieron lugar en noviembre de 885 y se repitieron a lo largo de dos inviernos.


Muchos han sido los estudios referidos a este romántico episodio y pocos los que han podido demostrar la certeza de los datos que dieron origen a esta historia, incluso el debate ha ido más allá de lo puramente histórico y se ha desviado por otros caminos para conocer quien fue el primer personaje que falseó la pretendida cuna del escudo catalán. De todos los candidatos aparecidos en los escritos consultados han sido señalados con el dedo acusador de la patraña el citado Boades y el valenciano Pere Antón Beuter, quien incorporó en su Crónica General de España (Valencia, 1552) esta leyenda copiada de un episodio parecido que tuvo como protagonistas a Fernando el Católico y a un caballero andaluz. Lo cierto es que la historia fue copiada, adornada y hasta deformada por múltiples copistas y literatos que la adaptaron a sus personajes y escritos.

 Ciertos son los hechos siguientes: las invasiones normandas en tierras francas y los nombres de los posibles personajes, el conde Wifredo y los reyes francos Carlos y Luis; todo lo demás es producto de la fábula y la imaginación, más propia de una novela histórica de ficción que de un ensayo riguroso, lo cierto, es que la senyera no la pintó Wifredo el Velloso con su sangre, y en realidad era el emblema medieval de la casa de la Corona de Aragón, otorgado por el Papa a sus vasallos: cuatro barras doradas sobre fondo rojo”. Recordemos que el rojo y el amarillo son los colores de Roma. “El medievalista catalán Martí de Riquer refutó la leyenda atribuyéndola a la “manía de buscar orígenes místicos en la heráldica” y, en concreto, a una crónica de 1555 del valenciano Pere Antón Beuter, que a su vez se habría inspirado en otro relato del castellano Hernán Mexia”. La primera evidencia documentada de la señera se remonta a mucho después, al año 1150 , cuando los condados catalanes ya se habían unido al reino de Aragón.

EL CONDE PELOSO

No está claro el motivo que animó a los historiadores a nombrar al conde Wifredo con el seudónimo de velloso. Las hipótesis de trabajo han sido múltiples y variadas pero todas, absolutamente todas, chocan con el peso del tiempo y la falta de documentación precisa después de la pérdida del archivo de Ripoll por culpa de un incendio (1835) donde se almacenaba el saber de la Cataluña prerrománica y de sus primeros condes. Los autores que se han preocupado por estudiar la vida de Wifredo han pretendido explicar, más con la lógica de la lengua que con la certeza de las pruebas documentales, el origen del mote y la mayoría han llegado a la misma conclusión. El conde franco debió ser un personaje de abundante pelo en múltiples partes del cuerpo, especialmente en cara, manos y pecho, e incluso en zonas inverosímiles como la planta de los pies tal como lo recordó en su momento Rovira i Virgili en su biografía Guifré I citando a uno de sus primeros biógrafos, Bernat Boades:“És curiós de citar el detall que trobem en Bernat Boades, que diu que el lloc on Guifré tenia el senyal del pèl era la planta dels peus”. Traducido, dice :(Es curioso encontrar el detalle que encontramos en Bernat Boades, que dice que el lugar don Wilfredo tenía la señal del pelo era en la planta de los pies).


Otros, en cambio, argumentan que el nombre piloso podría tratarse de un título medieval derivado de los términos latinos “comes pilosus” que hacían referencia al señor de unas tierras boscosas, poco pobladas e improductivas como fueron al principio los primeros territorios condales repoblados, las tierras de Osona-Vic y Cardona.


De todas formas, el mismo Rovira i Virgili indica que en su momento se hizo una traducción equivocada de Pilós por Velloso [peludo], cuando lo correcto hubiera sido Peloso, de pelo y no de vello. En la historia medieval española muchos fueron los reyes de abundante barba y hermosa cabellera pero ninguno fue llamado velloso o peludo, en todo caso pelirrojo por el color del pelo como fue el caso del emperador germánico Federico I Barbarroja (1152-1190). Por lo tanto es lógico pensar que el cuerpo de Wifredo debió tener algún rasgo llamativo por su singularidad relacionado con el pelo. Tal vez una mecha en un lugar poco común o una mata en una parte infrecuente, y hay quien argumenta que en la planta de los pies, pero resulta una incógnita imposible de desvelar a estas alturas de la historia cuando la memoria escrita fue pasto de las llamas, sin descartar, por supuesto, la abundancia de vello en todo el cuerpo.


LA MUERTE DE WILFREDO

La política expansionista del conde velloso no gustó nada a los musulmanes que se sintieron amenazados con la ampliación de la raya fronteriza cristiana al sur del Llobregat. Las tierras de Solsona, Cardona, Berga, Manresa y Montserrat eran las posiciones más avanzadas del condado de Barcelona y constituían una provocación para el gobernador árabe de la zona, Ismail ibn Musa de Lérida, quien rechazó un ataque de Wifredo con gran derramamiento de sangre según las crónicas árabes. A pesar de estar integrados en el Imperio carolingio, los condados catalanes eran soberanos para rechazar las aceifas musulmanas y no recibían ayudas de la corona franca para reforzar la frontera sur del imperio ni para combatir con más refuerzos.


Los hombres de Wifredo defendían la Marca Hispánica con sus propios medios hasta que en una de esas peligrosas incursiones los sarracenos llegaron a las puertas de Barcelona. Los cristianos pudieron rechazar el ataque de los enemigos, que huyeron hasta las tierras de Balaguer (Lérida); en cambio el conde Wifredo recibió una profunda herida que le provocó la muerte el 11 de agosto de 897. Su cuerpo fue enterrado en el monasterio de Santa María de Ripoll que él mismo había fundado y donde descansarían en el futuro los restos de otros condes. Su cuerpo fue depositado delante de la puerta del antiguo dormitorio de los monjes según las referencias de un códice del siglo xii. Años más tarde compartiría tumba y silencio con su hijo Radulfo. El abandono provocado por la primera desamortización (1835) acabó con las ricas inscripciones del sepulcro.


El actual monumento funerario, situado en un extremo del crucero, se inauguró el 11 de agosto de 1982 coincidiendo con la fecha de su muerte. No están claras las notas sobre el verdadero lugar donde murió el conde Wifredo. Todos los apuntes indican que fue en la Ciudad Condal pero hay testimonios contrarios. Por ejemplo, en el Vall d’Ora, en la comarca barcelonesa de Solsonès, encontramos un monolito que recuerda el lugar preciso donde cayó herido de muerte el Velloso. Al parecer el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes tuvo lugar a orillas del río Aigua d’Ora, municipio de Navès, zona fronteriza en el siglo IX. En la imagen, monumento a Wilfredo el Velloso, en la zona mencionada.










RECORDANDO ALGUNAS CITAS






En el año 1893, según creo, Francisco de Asís Cambó y Batlle, más conocido como Francesc Cambó, comenzó su tarea de predicar el catalanismo por las tierras de Cataluña, más allá de donde no llegan las palabras llegará el corazón, decía. Posteriormente, en sus Memorias, él mismo diría: “En su conjunto, el catalanismo era una cosa mísera cuando, en 1893, inicié en él mi actuación. Organizamos excursiones por los pueblos del Penedés y del Vallés, donde había algún catalanista aislado, no creo que hiciéramos grandes conquistas: los payeses que nos escuchaban no llegaban a tomarnos en serio. Aquel era un tiempo en el que el catalanismo tenía todo el carácter de una secta religiosa. Puede decirse que todos los catalanistas se conoicían entre sí.”


También decía en sus memorias, acordándose de todo el capital de muchos españoles proveniente de las colonias en busca de un proteccionismo más seguro, y digo del capital español, invertido en gran parte en industria: “Diversos hechos ayudaron a la rápida difusión del catalanismo. La pérdida de las colonias, después de una sucesión de desastres, provocó un inmenso desprestigio del Estado. El rápido enriquecimiento de Cataluña, fomentado por el gran número de capitales que se repatriaban de las colonias perdidas, dio a los catalanes el orgullo de las riquezas improvisadas, cosa que les hizo propicios a la acción de nuestra propaganda dirigida a deprimir el Estado español y a exaltar las virtudes y merecimientos de la Cataluña pasada, presente y futura.”


Desde luego, sí tenía razón, pues fue la Cataluña futura, más concretamente el catalanismo más radical, quien por mediación de los hijos de esos emigrados, nacidos ya en Cataluña, herederos de esas industrias y capitales invertidos, quienes ayudaron a fomentar ese ideal, pero con el trabajo de los buenos catalanes, que nada tenían que ver con esto.


También añadiré otra de sus citas en las memorias, que prefiero analizar al final: "Hay dos maneras seguras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable."


Las palabras de Cambó, fueron corroboradas por su acólito Josep Pla i Casadevall, quien diría con respecto a aquella cruzada pro-catalanista: Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos. En cada comarca había aproximadamente un catalanista: era generalmente un hombre distinguido que tenía fama de chalado.


Llama la atención esta situación particular que apuntan estos dos ilustres catalanes teniendo en cuenta que el nacionalismo catalán se aferra como a un clavo ardiente el ideal de que España ha sido siempre y es una nación opresora contra Cataluña, cuando la historia de Cataluña, siempre ha estado unida a la historia de España, es por esta razón por la que se pretende cambiar, añadiendo no ya mentiras inventadas, si no vaguedades inciertas sin ningún tipo de justificación ni rigor. Ya he comentado anteriormente el tema de la cuatribarrada, y su relación con Wilfredo el Velloso o el peludo, como quiera llamarse.


En su momento, los romanos, creadores del término “Hispania” siempre incluyeron dentro de los límites territoriales de Hispania la que ya muy avanzada la Edad Media, sería Cataluña, siendo Tarraco, capital de una de esas hispanias romanas, y exactamente igual sucedió después con los visigodos, cuya capital, reinando Ataúlfo, se estableció primero en Barcelona, para trasladarla después al centro de la Península, concretamente a Toledo. Un gran historiador de ésa época, Isidoro de Sevilla, entre otros, hablan de una nación llamada España, de raíces romanas y cristianas, y esas raices y ese sentimiento, no se rompió posteriormente con la invasión musulmana (que por cierto, todavía continúa) dándose entonces a la resistencia contra el invasor musulmán (ahora eso ya no se dá, pues es políticamente incorrecto).


Como también se ha comentado anteriormente, en el tema de Wifredo el Velloso, los francos, en un intento de protegerse de la invasión islámica se apoderaron de unos territorios del sur de los Pirineos a los que denominaros Marca Hispánica, no aparece la marca Cataluña o catalana, sin menospreciar a nadie, pues Cataluña es o por lo menos lo ha sido, un orgullo para España, como se verá más adelante. Los monarcas francos tenían bien claro que aquel territorio era España, de ahí el nombre de Marca Hispánica, y que algún iluminado querrá ver como término meramente territorializado de una manera globalizadora dentro de un contexto coyuntural de acoso. En 815, poco después de la creación del condado de Barcelona como frontera entre el reino de los francos y los musulmanes, Ludovico Pío, o Luis el Piadoso, como se quiera llamar, rey de Aquitania y soberano de Septimania, promulgo un precepto destinado a los habitantes del condado de Barcelona y y otros subalternos el que se habla de forma literal de “españoles” y dice algo de mucho interés sobre los habitantes de lo que actualmente se llama Cataluña: Muchos españoles, no pudiendo soportar el yugo de los infieles y las crueldades que éstos ejercen sobre los cristianos, han abandonado todos sus bienes en aquel país y han venido a buscar asilo en nuestra Septimania o en aquella parte de España que nos obedece.


En este documento ni aparecen la palabra Cataluña, ni la palabra catalanes, pues no existían, y sí se hace mención a los españoles y España.

EL MITO DE LA CONFEDERACIÓN CATALANO-ARAGONESA


La familia de los condes de Barcelona, vasallos del reino franco, fueron de origen extranjero hasta el año 1096 exceptuando a Berenguer III que se caso con una hija de don Rodrigo Díaz de Vivar (Cid Campeador) En primeras nupcias ,María Rodríguez, (María Rodríguez o Díaz) Casó en segundas nupcias con Dulce de Provenza o de Rouergue. De su unión nació Berenguela de Barcelona (1108), que fue luego esposa del rey Alfonso VII de Castilla. Esta puede ser una razón más del nacionalismo catalán, no ya para adjudicarse Baleares, Valencia etc,etc, si no Castilla, pues les pertenece por derechos sucesorios de índole histórica y tal y tal y tal, me permito una pequeña sonrisa malévola para no aburrir, es una broma, claro, aunque nunca se sabe de qué forma puede ser utilizado.




En 1137, Berenguer IV rompió con esa tradición, y se casó con la princesa Petronila de Aragón, así pues, el condado de Barcelona, que no era Cataluña, ni era una nación catalana, ni tenían ninguna intención de serlo, volvía a integrarse en el proceso de reconstrucción y Reconquista de una España a punto de desintegrarse por la invasión islámica y lo hacía no como parte de una confederación catalo-aragonesa, como inventan los nacionalistas que ya conocemos, pues en ningún momento aparece este nombre en ninguna fuente histórica, sino como parte de la corona de Aragón, que tanto molesta. En la imagen siguiente, Petronila I de Aragón, condesa de Barcelona.








Algunos ejemplos, por citar sólo algunos, que la conciencia de que Cataluña era tan solo una parte de España y no una nación independiente podemos encontrarla en los reyes que ejercieron su soberanía sobre ella, como Jaime I en el Concilio de Lyon después de haber ofrecido sus hombres y su flota para emprender una cruzada, diciendo aquello de “Barones, ya podemos marcharnos, hoy a lo menos, hemos dejado bien puesto el honor de España”, igual lo hizo su hijo, Pedro III, y de la misma forma lo hizo también Alfonso X de Castilla contra los moros en Murcia, “para salvar a España”. Además, hay que aclarar que la fórmula utilizada por Don Jaime en sus documentos desde el 28 de septiembre de 1238 es :” Nos, Jaime , por la gracia de Dios, Rey de Aragón, de Valencia de Mallorca, Conde de Barcelona y Señor de Montpellier”….es decir, el vínculo entre los diversos reinos, condados y señoríos era la Corona –“unión real” (y no una confederación catalano-argonesa), y buena prueba de ello es la fórmula que Jaime I, tras su entrada triunfal en Valencia el 28 de septiembre de 1238, emplearía en sus decretos las palabras que acabamos de ver…¿Alguien puede explicar dónde está la susodicha confederación cuando el condado de Barcelona aparece en penúltimo lugar?


Pese a quien le pese, el vínculo que unía a los diversos reinos, condados y señoríos era la Corona, es decir, la “unión real” y no una confederación catalano-aragonesa. ¿Cuántas veces habrá que repetirlo? ¿Hasta cuándo se va a tolerar la manipulación de la Historia? Y otra pregunta que surge es…”sirve de algo vivir en una mentira, o es que la costumbre de la mentira se ha convertido en algo inherente en el nacionalismo catalán?...


La única referencia que utiliza el nacionalismo catalán para autodenominarse “Principat” la toman del matrimonio del conde catalán Ramón Berenguer IV con la hija de Ramiro II , el Monje, Rey de Aragón ,la princesa aragonesa Petronila , pero resulta que no es más que una referencia falsificada…En los documentos que contienen los pactos para el matrimonio de la futura reina argonesa , doña Petronila, con el Conde de Barcelona se lee lo siguiente:


El primero, el 11 de agosto de 1137, RAMIRO II DE ARAGÓN CONCIERTA EL CASAMIENTO DE SU HIJA PETRONILA CON EL CONDE RAMÓN BERENGUER IV DE BARCELONA. Los llamados “esponsales” (digo llamados porque fueron algo más que simples esponsales) se firmaron en Barbastro. (Petronila, tenía un año; Ramón Berenguer, la superaba en más de veinte). Este es el texto completo:


Yo Ramiro, por la gracia de Dios, rey de los aragoneses, TE DOY A TI, conde y marqués de los barceloneses, COMO ESPOSA, a mi hija, CON LA INTEGRIDAD DEL REINO DE LOS ARAGONESES, como mi padre Sancho o mis hermanos Pedro y Alfonso mejor hubieron y tuvieron, ambos y los demás hombres de su estirpe. DEJANDO A SALVO, LOS USOS Y COSTUMBRES QUE MI PADRE SANCHO Y MI HERMANO PEDRO TUVIERON EN SU REINO. Y te encomiendo a todos los hombres de dicho reino, bajo homenaje y juramento, que te sean fieles en tu vida y en tu cuerpo y en todos tus miembros, y que se mantengan sin fraude ni decepción, y que te sean fieles de todo el reino pretitulado, y de todos y de todas las pertenencias del reino, SALVO LA FIDELIDAD A MÍ Y A MI HIJA. Todo lo antes escrito, yo el citado Ramón, lo hago a ti, Raimundo, conde y marqués de los barceloneses, DE MODO QUE, si mi dicha hija muriese y tu fueras superstite (la sobrevivieras) tengas, libre e inmutablemente la donación de dicho reino, sin ningún impedimento, DESPUÉS DE MI MUERTE. ENTRETANTO ESTO SUCEDA, si estando yo vivo, quisiera hacerte algún aumento o entrega de honores y “municiones” de dicho reino, permanecerá bajo la fidelidad dicha, firme e inmóvil; Y YO EL DICHO REY RAMIRO SEA REY, SEÑOR Y PADRE, EN DICHO REINO Y EN TODOS TUS CONDADOS, MIENTRAS ME PLACIERA (quisiera). (Vease, ACA, Cancillería Real, Pergamino nº 86 duplicado de Ramón Berenguer IV).


Pero sigue, ya que el mismo 11 de agosto de 1137, RAMIRO II, COMPLEMENTA EL DOCUMENTO ANTERIOR. Su texto en la parte dispositiva dice: Yo Ramiro, hijo del rey Sancho, rey de los aragoneses, doy a ti Ramón, conde barcelonés, mi reino de Aragón, con mi hija, todo íntegramente, como lo dividió el rey Sancho el Mayor, abuelo de mi padre; y como lo dividí con el rey García Ramírez de los navarros, en Pamplona, exceptuadas las tenencias que el sobredicho rey Sancho (el Mayor) dio al rey Ramiro, mi abuelo, en Navarra…ESTO TE DOY Y CONCEDO A LOS HIJOS TUYOS QUE FUESEN DE GENERACIÓN DE MI HIJA, por los siglos de los siglos. Tú, en cambio, convienes conmigo, en palabra de verdad, y pones tus manos entre mis manos, QUE NO ENAJENES, ni hagas enajenar, este reino que te doy, durante la vida de los hijos de mi hija…Y que durante TODA MI VIDA ME TENGAS COMO PADRE Y SEÑOR…AUNQUE TE ENTREGUE EL REINO, SIN EMBARGO NO RENUNCIO A MI DIGNIDAD. (Véase, UBIETO, Creación y desarrollo de la Corona de Aragón, Zaragoza, Anubar, 1987, p. 144/5).

Pero, no contento con lo anterior, el 27 de agosto de 1137, RAMIRO II, COMPLEMENTA LOS DOS DOCUMENTOS ANTERIORES. Su texto dice: 5 Este es el “donativo” que hace don Ramiro, rey de los aragoneses, al ilustre Ramón, conde de los barceloneses. Le dona y confirma y lauda que DESDE AQUEL MISMO DÍA en que le dio a su hija, con su “honor” encomendando el homenaje de sus hombres, cerca de Barbastro, todo aquello que el rey hubiese dado o concedido a otro, sería nulo y no tendría rectitud de estabilidad. Del mismo modo le da y aprueba firmemente que DESDE ESE DÍA, en adelante, no dará ni confirmará a nadie sin el consejo y buena voluntad del conde. Y que si lo hace será nulo y sin estabilidad. Este “donativo” lo hizo el rey Ramiro, con el consejo y voluntad de sus nobles…en el castillo de AYERBE (Véase, ACA, Cancillería Real, Pergamino nº 87 de Ramón Berenguer)..


Finalmente, el 13 de noviembre de 1137, RAMIRO II COMUNICA A SUS SÚBDITOS LOS DOCUMENTOS ANTERIORES, y les dice: Es por todos conocido que yo, Ramiro, por la gracia de Dios rey de Aragón entregué a mi hija a Ramón SIMUL CUM OMNI REGNI MEI HONOR, (JUNTAMENTE CON EL HONOR DE REINO), Ahora también, con libre voluntad y fuerte amor de corazón, quiero, ordeno y mando a todos mis hombres, caballeros, clérigos y peones, que los castillos y fortificaciones y todos los honores que tengan y posean en adelante por el mismo conde Ramón como rey, deben tener y poseer, y que le guarden fidelidad y obediencia en todas las cosas así como a rey. Y para que sobre esto nada pueda ser pensado o maquinado por nadie, le dono, otorgo y concedo todo aquello que me había reservado en aquella misma carta de donación que le había hecho inicialmente, al entregarle a mi hija. Yo, Ramiro, rey de Aragón, le dono y otorgo todo lo arriba mencionado a Ramón, conde de Barcelona, y se lo ratifico firmemente, a fin que todo lo que ahora le doy y lo que ya tenía LO RETENGA PERPETUAMENTE A MI SERVICIO Y FIDELIDAD… Todas las cosas arriba mencionadas las otorgo y ratifico firmemente como mejor las tuvo alguna vez mi hermano Alfonso (el Batallador), y para que las tenga todas perpetuamente, BAJO LA FIDELIDAD DEBIDA A MI PERSONA…En El Castellar, ZARAGOZA…(Véase, ACA, Cancillería Real, Pergamino nº 85, de Ramón Berenguer IV). En la imagen, el conde Ramón Berenguer IV.







Por lo tanto en ningún momento el rey Ramiro II le otorga al conde la dignidad de Rey . Ramón Berenguer fue conde “consorte” de la princesa Petronila , nunca fue Rey ni príncipe, y mucho menos, Confederación. Por otro lado , el invento de “principado” surge a partir del reinado de Pedro el Ceremonioso que en 1350 promulgó una pragmática sobre “el nuevo sistema cronológico .. aplicable a todos los lugares del Principado de Cataluña..” ( Hª de España ” Menendez Pidal ,. Tomo XIV . Prólogo) . A partir de entonces el nacionalcatalanismo usa dicha denominación, pero es un título sin “príncipe”. Una anomalía jurídica sin entidad efectiva . Un título de papel porque jamás ese inventado “principado” ha estado más que en los escritos fantásticos de los historiadores nacionalcatalanistas…¿Cuáles son los motivos y razones?...

Vamos a suponer que Petronila fallece antes de casarse, ¿Quién entiende que sobreviviendo Ramón Berenguer, será rey de Aragón cuando fallezca Ramiro? Nadie. Al referirse el documento a los hijos, es condición INDISPENSABLE. A partir de la boda, había que estar a la expectativa de acontecimientos. Y naturalmente, el primero era que el matrimonio Petronila-Ramón Berenguer tuviera o no tuviera hijos, porque esa era la RAZÓN FUNDAMENTAL DE LOS ESPONSALES. En la imagen siguiente, retratos de la reina Petronila de Aragón y el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, óleo de 1634 (Museo del Prado), copia de un original de Filippo Ariosto de 1586.








Por lo tanto, debemos concluir que La Corona de Aragón no puede ser calificada como confederación catalano-aragonesa porque, en primer lugar, fue el Condado de Barcelona, y no reino, ni principado, el que se integró en el Reino de Aragón a través del matrimonio de Ramón Berenguer IVcon Petronila, hija de Ramiro II El Monje Ramiro II cedió a Ramón Berenguer el reino, o sea, la función real y el gobierno pero no el título, ya que Ramiro no abdicó. Conservó el título de rey que, a su muerte (1154), heredó su hija Petronila. En aquellos años, las mujeres tenían vedada la función real pero no así la transmisión del título real y, por ello, haciendo uso de tal derecho, Petronila cedió en vida (1164) el título de rey a su hijo Alfonso II (1157-1196), dos años después de la muerte de su esposo. Los herederos de Ramón Belenguer IV adoptaron los títulos de rey de Aragón y conde de Barcelona, con lo cual el último título queda en segundo plano y prácticamente postergado. En el reino de Alfonso II el título del condado de Barcelona (no ya el de Cataluña, que no significa nada entre los títulos de los reyes) pasa a segundo lugar, y en los reinados sucesivos cada nuevo reino que se añade a la Corona le hace retroceder un puesto más. Así, Jaime I lo ostentará como cuarto título, ya que era rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia y conde de Barcelona.


El mito nace con el ensayo de ANTONIO DE BOFARULL Y BROCÁ, de largo título, “LA CONFEDERACION CATALANO ARAGONESA. REALIZADA EN EL PERÍODO MÁS NOTABLE DEL GOBIERNO SOBERANO DEL CONDE DE BARCELONA, RAMÓN BERENGUER IV: ESTUDIO HISTÓRICO, CRÍTICO Y DOCUMENTADO, PREMIADO POR UNANIMIDAD EN EL CERTAMEN ABIERTO EN 15 DE DICIEMBRE DE 1869 POR EL ATENEO CATALÁN”, (Barcelona, Luis Tasso, 1872)…estos Bofarull, porque hay dos, tienen un largo historial en manipular la historia, como veremos,más adelante con otro de los Bofarull…en la imagen, Antonio Bofarull y Brocá.



EL ORIGEN DE CATALUÑA

La opinión más extendida entre los investigadores, lingüistas e historiadores hace referencia a la abundancia de fortalezas. Así, Cataluña procedería de castlà, derivación de castellanus o castlanus-nias, país de los castellanos, los vigilantes de los castillos, recintos repartidos a lo largo de la raya fronteriza (Cardona, Peratallada, Mur). Aquel castlà era el encargado de defender el castillo con su guarnición de caballeros guerreros.


El Castlá era un personaje asalariado que vivía de las rentas del noble a través de una relación de servicios de vasallaje y feudo que recibía en metálico anualmente. El caballero o cavaler, gente desahogada que su economía le permitía mantener un caballo y servir al conde, recibía unas seis o siete onzas de oro mientras el castlà podía ganar hasta cuarenta monedas. Con estos pagos quedaba garantizada la lealtad de los vasallos.


La importancia de estos defensores del orden iría en aumento hasta alcanzar una situación social tan sobresaliente que terminarían por incorporarse a la estructura nobiliaria. El castillo era símbolo de poder y opresión a través del cual los señores ejercían una fuerte dictadura contra los bienes de los payeses, quienes debían entregarles los excedentes de las cosechas a cambio de protección y seguridad. Al frente del castillo estaba el vicario, tercer cargo en el escalafón social del condado después del conde y el vizconde, que disfrutaba de un amplio territorio de gestión y debía vivir bien gracias a las rentas y servicios generados por los labradores vinculados a la fortaleza. Al igual que los condes, los vicarios lucharon por perpetuar a sus familiares al frente del castillo. 


El nombre de Cataluña aparece por primera vez en un texto extranjero del siglo XII que relata una expedición a Mallorca. Más tarde, en las actas de Ramón Berenguer IV, empezó a utilizarse el término a partir de 1149 y unos años después se empleó con más frecuencia con la finalidad de diferenciar su patrimonio con respecto al del Reino de Aragón. Aquí, es conveniente aclarar la cuestión, y es que la primera vez que se menciona el nombre de Cataluña es en Italia, por medio de un Arcediano de Pisa, de nombre Euricus, el cual, escribe, en fecha imprecisa, un libro titulado "Liber Majolichinus de Gestis Pisanorum ilusribus" en el que se narra las gestas de la expedición a Mallorca en los años 1114 y 1115; en él se refiere entre otras cosas a las hazañas del jefe de la expedición, Ramón Berenguer III, al que cita con diversos títulos: "Catelánicus heros", "Dux Catelanensis"... y menciona igualmente la palabra "Catalania" o "Cathelania", Con lo cual, podemos concluir que el origen de la palabra está en Italia como consecuencia de una adulteración de la palabra Lacetania, tal y como consta en el manuscrito que narra hechos de 1114 y 1115 pero, es de bien suponer que fue escrito muchos años más tarde.


En consecuencia, la palabra “Lacetani” no paso a “Catelani” por una evolución lingüística, sino que fue un error del autor. A principios del siglo XII el Condado de Barcelona era bastante conocido. Dicho condado no incluía toda la Marca Hispánica; su núcleo central lo formaba el territorio ocupado anteriormente por la tribu íbera de los lacetanis. Un italiano culto recordó aquella denominación y así se le ocurrió resucitar el gentilicio de “Lacetani”, pero en el escrito apareció la metátesis “Catelani”. Joan Coromines compara esta metátesis con otros manuscritos medievales que al hablar de los lacetanos escriben “Katelanoi” en unos y “Kastellanoi” en otros.

Por otra parte hay que tener en cuenta que la penetración de dichos términos y adjetivos no ocurrió inmediatamente, y se puede afirmar con total seguridad que aun en tiempos de Ramón Berenguer IV era bien desconocido el nombre de lo que hoy conocemos como “Cataluña".

Hay quien pueda pensar que en resumidas cuentas, pueda haber una cierta inclinación a que se trate, pues, de una expresión diplomática referida a la cancillería para explicar que Cataluña es una región con rasgos históricos distintos, con su propia lengua, legislación y tal vez con un sentimiento de identidad colectivo y una conciencia de grupo. 

En cambio, otras versiones citan –como posible origen de la palabra– a un pueblo bárbaro, quizá godo o alano, de nombre catalauni, asentado desde tiempos lejanos en el nordeste peninsular. Otra referencia (siglo XIV) recuerda la figura de un héroe local, de nombre Oter Catalo, como padre etimológico de la palabra.


También existe documentación en que la palabra Cataluña aparece en tiempos de D. Pedro II (1196- 1213). En un documento relacionado con la Paz de Dios; en el se puede leer: “Haec est pax quam dominus Petrus…constituit per totam Cataloniam, videlicet a Salsis usque ad Ilerdam”, (Esta paz que el Señor Pedro constituye por toda Cataluña, evidentemente del Salces sin interrupción a Lérida), pero, ahora bien, cabría preguntarse en qué concepto lo nombra, es decir, no se trata de buscar contradicciones al escrito, si no más bien aclaraciones que no cubran la realidad, o la cambien de sentido, me refiero a que es posible que se trate de una zona, no una identidad jurídica propia, donde se habla un dialecto o si se quiere, una lengua común, es decir, que su significado sea, según tenemos entendido , tierra de castillos". El mismo significado que los cronistas árabes le dieron a Castilla (Al-Quila), habitantes de lo que hoy se conoce como Barcelona, así, en la página de la Generalitat se puede leer:


"El nombre de Cataluña -de etimología incierta, aunque probablemente derivado de "tierra de castillos"- se empieza a utilizar a mediados del siglo XII para designar el conjunto de condados que formaban la Marca Hispánica".




Tras las necesidades defensivas de la Marca se levantaron muchas fortificaciones. Sus guardas eran los castellanos que en el bajo latín medieval tomaría el nombre de castlanus de cuya voz surgen las formas catalanas castlà, catlà y carlà. De éstas formas, los extranjeros que pasaban por sus tierras habrían comenzado a nombrar así a los habitantes y su territorio (català, Catalonia, Catalaunia), estas opiniones son en las que toma Marcelo Capdeferro en su libro Otra Historia de Cataluña, ya que es consecuente aclarar que Capdeferro escribió en 1967 una Historia de Cataluña plagada de errores y distorsiones por haber bebido de fuentes románticas no muy rigurosas en el relato de los hechos pasados. Años después, en un ejercicio de honradez intelectual difícil de encontrar hoy en día, el propio Capdeferro decidió escribir Otra historia de Cataluña pero, como el propio autor dice: «Escrita sin romanticismo, sin fanatismo, sin apasionamiento, con carencia total de miras políticas, causa frecuente de ofuscación del pensamiento. Porque el pasado fue como fue, no como nos gustaría que hubiera sido». 

Las mismas opiniones son tomadas en cuenta por don Ricardo de la Cierva en su magistral obra Historia Total de España. 

Nos apoyamos en la tesis de que catalanes eran los habitantes de la zona nombrada, por una sencilla razón, y es que al final del siglo XIII (cuando el rey de Francia renunció a sus derechos sobre Barcelona), por una división meramente administrativa es cuando el rey de Aragón dispuso que Lérida también podía acudir a las Cortes de Barcelona ( CORTES DE BARCELONA, NO DE CATALUÑA) pero sin dejar de formar parte de las Cortes de Aragón. Esa independencia que tenía Lérida se debe a que en ella estaba la única Universidad de la Corona de Aragón y, siendo ciudad universitaria, convenía que estuviera en las Cortes de Zaragoza y de Barcelona.


Ya en el siglo XIV, protestaron de que se les confundiera como catalanes, puesto que ellos no lo eran. Y está la famosa contestación de Pedro IV, (cuya carta hoy existente está fechada en 22 de mayo de 1337), en la que el rey se dirige al municipio de Lérida asegurándoles que no pertenecen al condado de Barcelona. Prueba rotunda de que los leridanos no querían que se les tuviera por catalanes ni estar sometidos a Barcelona, y he aquí la posible confusión, que por una parte creo que intencionada, y es que se llegara a confundir el término catalán, como el dialecto provenzal que se hablaba en Barcelona, al que también se le denominaba barseloní, es decir, que hablaban un dialecto común, no que tenían una entidad jurídica y administrativa propia:


Dialectos del Provenzal:


* Creissent * Bais Auvemhat * Lemosin *Auvemhat


* Brageiragués * Vivaroaupenc * Gavaldanés * Cisalpin 


* Legadocian * Gascon * Tolosenc * Nissard


* Mompelhierenc * Provençau * Flamand * Wallon


* Chlimi * Picard * Cauchois * Normand


* Jersiais * Bretan * Gallo * Angevin


* Orléanais * Champenois * Lorrain * Francique


* Alsacien * Tourageau * Berrichon * Franccomtois


* Bourguignon * Poitevin * Saintongeais * Forécien


* Jurassien * Romand * Lyonnais * Savoyard


* Dauphinois * Auvergnat * Provençal-Alpin *Béamais


*Basque * Langaedocian * Barseloni o Catalán * Corse

En tiempos del Rey Jaime I (1213- 1276) es ya frecuente el nombre de Cataluña; en el "Llibre dels feyts del rei en Jacme" o “Crónica de Jaime I” la palabra Cataluña aparece con mucha frecuencia.


Así Ferran Soldevilla en su libro Història de Catalunya, se refiere a las constituciones de “Paz y Tregua” de 1173 que Alfonso II manda instituir la paz y la tregua “en dicha tierra mía, de Salses hasta Tortosa y Lérida con sus términos” Y añade: “es decir, dentro de los límites de lo que más tarde será comprendido con el nombre de Cataluña”. Reconociendo así, que aun en 1173 no existía Cataluña como tal.

En la siguiente imagen, manuscrito de Petronila, reina de Aragón y condesa de Barcelona «aragonensis regina et barchinonensis comitissa» dona a su hijo Alfonso y a toda su descendencia —a quien en su testamento su marido llamaba Ramón— todo el reino íntegro «dono [...] tibi, dilecto filio meo Ildefonso, regi aragonensi et comiti barchinonensi, qui in testamento eiusdem viri mei vocaris Raimundus, et omni posteriotati tue omne regnum integriter», en documento fechado en Barcelona, a 18 de junio de 1164. Archivo de la Corona de Aragón. Barcelona. Cancelleria reial. Liber Feudorum Maior, ff. 10c-11a. Apud Miguel Rosell, 1945, nº 17. Texto digitalizado por la Universidad Jaime I, doc. 3º, 1164, juny 18. Barcelona. No se dice nada ni se nombra nada sobre Cataluña.






MANIPULANDO LA HISTORIA QUE CONVIENE


Aquí me permito un inciso, para tratar de repetir sin ser obstinado, la desvinculación de iure del condado respecto a la monarquía francesa fue obtenida en el tratado de Corbeil (1258) por el rey Jaime I, que por entonces era rey de Aragón, de Valencia y de Mallorca, así como conde de Barcelona. Según este tratado, Jaime I renunciaba a sus derechos sobre los territorios situados más al norte del Rosellón, Conflent y Cerdaña, mientras que el rey de Francia, Luis IX, renunciaba a estos condados y a los de más al sur, entre ellos el de Barcelona, cosa que nos limitamos a recordar, pues ya lo hemos visto anteriormente.


La desvinculación De iure, es una locución latina, que significa literalmente «de derecho», esto es, con reconocimiento jurídico, legalmente. Se opone a de facto, que significa «de hecho», que es lo que hizo el tal Wilfredo el Velloso, Baluarte de la independencia de Cataluña, según algunos pseudo-sabios-historiócratas. Por ejemplo, un país puede ser independiente de iure con reconocimiento de Naciones Unidas y del resto de países, pero en la práctica es un estado satélite, es decir, su independencia puede ser ficticia y sus mecanismos de poder están dominados completamente por otro país. Un gobierno de iure está investido con todas las garantías jurídicas, pero puede ser incapaz de ejercer sus poderes legítimos porque un gobierno de facto los ha usurpado. No parece ser que sea España quien intente usurpar de facto la soberanía de nadie, es más bien al contrario, y a los hechos me remito, ya que para poder entender, sólo hay que saber ver, leer y comprender, y no obcecarse en interpretar designios históricos que nunca te han sido otorgados. Yo, como español, me siento orgulloso de los valientes catalanes que nos han acompañado a lo largo y ancho de nuestra historia, los que combatieron en la guerra civil de principios del siglo XVIII, que la fiebre enfermiza del catalanismo independentista quiere presentar falsamente como un conflicto independentista catalán, cuando en realidad fue un enfrentamiento dinástico, la Guerra de Sucesión Española de 1701, convirtiendo a Rafael Casanova i Comes como un icono nacionalista, cuando no pretendía la independencia de la nación catalana, si no la defensa del pretendiente austriaco frente al borbónico, ¿su culpa?, ser la máxima autoridad militar y política de Cataluña durante el sitio borbónico de Barcelona. Nos estamos refiriendo a la Guerra de Sucesión Española. Precisamente esta última fecha se ha convertido en el icono del nacionalismo catalán. La Guerra de Sucesión fue un conflicto entre los partidarios de Felipe V, de la dinastía borbónica, y Carlos III, de los Austrias, para ocupar el trono español. En ningún caso fue un enfrentamiento entre Cataluña y el resto de España, ya que en los dos territorios había partidarios de ambos contendientes. Felipe V juró las constituciones locales y otorgó privilegios. Las instituciones catalanas apostaron por Carlos después, ante el temor de un estado borbónico centralizado. En la imagen, Felipe V de Borbón.








Tras retirar Carlos su candidatura, los catalanes no pensaron en crear un estado independiente, ya que eran soberanistas y respetaban el poder real. Y, contra lo que se afirma, Rafael de Casanova, el conseller en cap al que se homenajea en la Diada, no murió en el asalto a Barcelona el 11 de septiembre de 1714, sino que fue herido. Después se le amnistió y continuó con su oficio de abogado.


Los Decretos de Nueva Planta, promulgados por Felipe V, están considerados como el origen de los males de Cataluña en los últimos 400 años. Se suprimieron las instituciones catalanas y se prohibió el uso del catalán en la Real Audiencia de Cataluña, el organismo que administraba e impartía justicia. El pueblo continuó hablando catalán sin que nadie lo prohibiese e incluso se usaba en los pleitos civiles, ya que seguía vigente el derecho civil propio. Además, la supresión de los aranceles internos favoreció el surgimiento de la próspera burguesía catalana, además, no olvidemos que fue precisamente un catalán, el Marqués de Castelldosrius el embajador de España que reconoció a Felipe V como soberano. 




El Ayuntamiento de Barcelona tuvo que modificar la guía editada en 2010 en inglés Welcome to Barcelona, dirigida a empresarios y profesionales llegados a la ciudad, en la que afirmaba que el 11 de septiembre se «conmemora la derrota de los catalanes ante las tropas de Felipe V, lo que provocó la pérdida de su independencia». La Monarquía suprimió las seis universidades existentes, pero creó la Universidad de Cervera, localidad que había apoyado al Borbón. Coincidiendo con el auge del independentismo, el ayuntamiento de esta localidad, gobernada por CiU, quiso limpiar su imagen y, por eso, lanzó una campaña en la que argumentaba que, tras la guerra, falsearon en Madrid su respaldo a Felipe V para conseguir fondos para reconstruir la ciudad.

Como el resto de los españoles, los catalanes también resistieron al invasor francés en el Bruch y en el asedio de Gerona, y no deja de ser significativo que una de las heroínas españolas más significativas de la Guerra de la Independencia fuera la catalana Agustina de Aragón.


Como el resto de los españoles, también los catalanes combatieron en 1859 en Marruecos, a las órdenes de un General catalán llamado Prim. 


Como el resto de los españoles, los catalanes sufrieron también el desastre de 1898. Cuatro de los últimos 33 soldados de Filipinas fueron catalanes. Como el resto de los españoles, en suma, sufrieron las alegrías y tristezas de la Historia de España, sin excluir la Guerra Civil de 1936 en cuyos dos bandos participaron, sin olvidar al Tercio de Monserrat, que encuadrado en el Ejército Nacional, dejó su sangre en la Batalla del Ebro. Pero, claro está, que la mente enferma del nacionalismo catalán se obstinará una y otra vez en cambiar la historia a su antojo, y olvidar lo que le interese olvidar para su propio beneficio egocéntrico. 


Historiadores catalanes como Ribera de Perpejá, incluso el propio Ramón Muntaner, Bernat Desclot entre otros, han dejado bien claro que Cataluña, no era ni ha sido nunca otra cosa que España. Nada de esto puede extrañar, si se tiene en cuenta que guerreros tan catalanes como los almogávares se lanzaban al combate gritando no Cataluña, sino "¡Aragón! ¡Aragón!"…Pero no puedo dejar de lado y en el olvido las pretensiones falsificadoras de aquellos pseudo-historiadores pillados in-fraganti como por ejemplo un tal Bofarull, y es que los historiadores catalanes, cuando tratan de sus relaciones históricas con otras regiones, tienen el complejo de inferioridad que les proporciona el hecho de no haber existido nunca el reino de Cataluña y sí el condado de Barcelona. No llegamos a entender la razón, ya que precisamente de honor, está llena la historia de España engrandecida de grandes personajes catalanes, como es innegable y sería de necios negar.

No obstante, no han sido pocos los que se han dedicado a manipular, distorsionar y falsificar documentos, sobre todo a partir de 1848, cuando Próspero de Bofarull y Mascaró, dirigía el Archivo de la Corona de Aragón, sede en Barcelona. Fue en 1856, cuando Bofarull publicó el volumen 11, de una colección en la que pretendía transcribir y analizar incunables obrantes en el Archivo de su dirección, correspondiente al Llibre del Repartiment del Regne de Valencia (Registros de Cancillería 5, 6, y 7). En la imagen, Próspero Bofarull y Mascaró.




Bofarull se dedicó a tachar, rayar, eliminar y suprimir datos contenidos en el ‘Llibre de Repartiment’, que manipuló de forma que le sirviera a sus intereses romanticistas, expansionistas y colonialistas catalanas. En el Registro 5, se observaron asientos sobreescritos por unas rayas, trazadas sobre el texto, que dificultan la lectura de lo anulado. Otros están cruzados por dos líneas en aspa, siendo más fácil transcribirlos. 


Luego, el investigador doctor y catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valencia, Antonio Ubieto Arteta, se fue al libro de Bofarull y se percató de que de los seis primeros asientos eliminó los números 1, 2, 4 y 6, lo que suponía cargarse el 66 por ciento del documento. Curiosamente, los suprimidos correspondían a donaciones hechas a navarros y aragoneses, y a ningún catalán. De esta manera, a Bofarull, al final, le pudieron cuadrar las cuentas y, eliminados los no catalanes, resultó que la mayoría de los que fueron con Jaime I a Valencia eran catalanes. Uno de los que fue arrastrado al engaño y en su obra transmitió la bola fue don Teodoro Llorente, quien con Bofarull, dice que al repartir el botín Jaime I en Valencia dio 1.018 casas a los catalanes y 597 a los aragoneses, dando a entender que fueron mayoría catalanes los que acompañaban al monarca aragonés en la reconquista del Reino Moro de Valencia, lo cual es falso, pues Bofarull para que le cuadraran las cuentas catalanistas se puso a tachar como un loco numerosos asientos correspondientes a navarros y aragoneses.

La catedrática de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, la valenciana Amparo Cabanes, (‘Geografía y repoblación’. Alicante 1984) es la que mejor ha estudiado el ‘Llibre de Repartiment’, y le salió que a aragoneses les dio 620 casas, a catalanes 383 casas y a franceses 80 casas, siendo imposible identificar los titulares de otras 800 casas.

Se trata de unas 2.000 personas llegadas de fuera a una ciudad en la que había unos 20.000 moros, en un reino en el que vivían algo más de 200.000 personas, lo que viene a ser solamente un 10% del censo de la ciudad, con lo cual, hierra a propósito Bofarull argumentando que la mayoría de la población era de origen catalán. ¿Consecuencias? Entre otras, que el valenciano no provendría del catalán, sino que sería la lengua que encontraron en esas tierras los repobladores. Y que lo de los Països Catalans es un cuento. Y que se cae la Gran Catalunya soñada por el nacionalismo y consellers de la Generalitat, haciendo misa y doctrina de un falsario como Bofarull, quien por cierto también se inventó lo de “confederación” para no decir “Corona de Aragón”…


En 1714 no hubo ninguna guerra catalana-española, que Cataluña no participó en ninguna derrota bélica. Fue una guerra entre dos candidatos a la Corona de España, vacante desde la muerte de Carlos II sin descendencia: entre un candidato de la dinastía de los Borbones (de Francia) y otro de la de Austria (de tierras germánicas). En todos los territorios de la Corona de España hubo austracistas y borbónicos: por ejemplo, Madrid, Alcalá y Toledo lucharon en el mismo bando que Barcelona. Los catalanes que luchaban contra los borbones (no contra los castellanos) no querían en absoluto la independencia, sino que luchaban para que el candidato austríaco se convirtiera en titular de la corona española, y no el pretendiente francés, que era Felipe de Anjou.

Antes de 1700 Catalunya no era independiente, sino que era un territorio con instituciones propias integrado dentro de la Corona Española desde hacía siglos. Aquel año, el rey Carlos II, murió sin descendencia y se inició una guerra de Sucesión al trono (no de Secesión soberanista) entre dos candidatos: Felipe de Anjou -francés- y Carlos de Habsburgo -alemán-. En todos los territorios de la Corona hubo seguidores de uno y otro candidato. Las instituciones catalanas primero juraron fidelidad a Felipe de Anjou (Cortes de 14 de enero de 1702, en Barcelona), pero después una flota anglo-holandesa a favor de Carlos desembarcó en el río Besós (el 25 de agosto de 1705) y conquistó Barcelona ante la indiferencia de la población. El 16 de octubre las instituciones catalanas reconocieron a Carlos como rey de España. 


Finalmente, la guerra acabó con la renuncia de Carlos al trono (pues había sido elegido Emperador del Sacro Imperio) y Felipe V no tuvo oposición: amnistió a los dirigentes de la revuelta austracista, pero abolió las instituciones catalanas, creando un estado centralista a imitación de la Francia de aquel momento. Cabe recordar que las instituciones del s.XVIII eran estamentales, propias del feudalismo: representaban a la aristocracia, burguesía y alto clero. Defendían, por lo tanto, los intereses de estos. No existía un Parlamento como el que conocemos hoy en día, ya que soberanía nacional y popular son conceptos posteriores, no conocidos en el momento de los hechos.


No fue, como intentan venderlo, una guerra de secesión, sino de sucesión: ningún bando aspiró nunca a romper la unidad dinástica entre Castilla y Aragón, ni la separación de Cataluña…el mito de la Diada es una mentira más que la manipulación y el adoctrinamiento han generalizado ante la mirada pasiva del interés político por permanecer mudo mientras su bolsillo se va llenando de papel moneda ajeno… el mismo que le sirve en bandeja la burguesía catalana, que es fundamentalmente una burguesía proteccionista: Acude a Madrid para que suban los aranceles y con eso poder tener el monopolio del mercado español para sus productos. Por ejemplo, la industria textil catalana se desarrolla gracias a los aranceles que nos obligan a pagar al resto de los españoles, comprando unos productos que podemos comprar más baratos en el extranjero. Pero, tenemos que comprárselos a ellos porque forman parte de España. En Cataluña no ha habido empresarios de verdad, arriesgados e innovadores como, por ejemplo, en el norte de Italia donde se creó la FIAT y otras empresas líderes del automóvil, arriesgando estas burguesías su capital. En Cataluña la burguesía se limitó, por ejemplo, a esperar a que Franco decidiera, con capital público, crear la SEAT, filial de la FIAT e instalarla en Barcelona. La burguesía catalana arriesgó e innovó muy poco a diferencia de otras burguesías europeas.


Todas las intervenciones catalanas en la política nacional han sido interesadas y nefastas : Cambó en la etapa de Primo de Rivera, ya que es en Cataluña donde hay que buscar los orígenes inmediatos del golpe de Primo de Rivera. Fue allí donde la burguesía creó la atmósfera histérica que rodeó a Primo de Rivera con la aureola de “Salvador” y colocó su rebelión, la disolución en el seno de la I República, las agitaciones de la II, la traición a sus aliados en la Guerra Civil, la permisividad y connivencia del franquismo con ellos y el constante acoso en la actual democracia, manipulando el poder político en la mal llamada Transición Democrática que en realidad fue un verdadero desastre dejando el poder en manos de los políticos en detrimento de los técnicos con el fin de alimentar sus pretensiones de un nacionalismo imaginario convertido en un fetiche político que amamanta las grandes frustraciones personales y colectivas de sus componentes con el dinero de los demás, en una locura de adoctrinamiento sin límites ni justicia. En la imagen, Francisco Cambó.




El odio hacia España ha sido inoculado por el nacionalismo catalán de una forma casi enfermiza, cuyo adoctrinamiento ha sido alimentado a través de mitos, leyendas y mentiras de toda índole sin justificación alguna, y si odiados son los españoles, más odiados son los catalanes que no comulgan con sus ideas, produciéndose una especie de apartheid que en muchos casos se ha hecho tan insostenible que una gran cantidad de catalanes han tenido que abandonar su tierra debido a la terrible presión que han tenido que soportar.

No se trata aquí de desprestigiar a los tan ilustres catalanes que tanto bien han hecho por España en todas y cada una de sus facetas dentro de la historia no ya de España, si no del mundo, y yo, como español, me siento orgulloso de ellos, me siento orgulloso de mi Cataluña, y eso, no me lo puede quitar nadie.

Podríamos hablar de otras dos fechas importantes en el imaginario independentista se encuadran en la Segunda República.


El 14 de abril de 1931, después de ganar las elecciones municipales españolas, el presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, Francesc Macià, proclamó la República Catalana «dentro de una federación de repúblicas ibéricas», horas antes de que en Madrid se alzase la bandera tricolor. La actitud de Macià preocupó al gobierno provisional español, que pretendía evitar sublevaciones militares. Por eso, el 17 de abril, enviaron a tres ministros a Barcelona para reconducir la situación.


El 6 de octubre de 1934, Lluís Companys, sucesor de Macià, volvió a proclamar de forma unilateral el «Estado Catalán de la República Federal Española» coincidiendo con la Revolución de Asturias y con el inicio del gobierno de la derecha en España. Hubo enfrentamientos entre grupos armados leales a la Generalitat y el Ejército, ya que el Ejecutivo declaró el Estado de Guerra. La aventura nacionalista duró unas horas, hasta que los dirigentes catalanes se rindieron. Companys fue encarcelado junto a otros cargos y se suspendió el gobierno catalán.

En cuanto a la cita de Cambó que dice:"Hay dos maneras seguras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable." Posiblemente tuviera razón, puesto que tan desastroso sería para Cataluña su independencia basada en sus propias mentiras, pidiendo lo imposible, como desastroso retrasar lo inevitable de nuestra común convivencia en la historia que durante tantos siglos nos ha unido, y aquí cito una frase de Santayana que tanto me gusta, “Los que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo”…pero digo yo, que en caso de ser así, me encantaría repetir la historia al lado de todos aquellos grandes catalanes que la hicieron posible, ya que nadie más español, que un catalán…esa es la única verdad, otra cuestión y otro tema sería analizar con autores y citas contrastadas si el nacionalismo catalán se podría considerar con base a una racismo, teniendo en cuenta que los orígenes del pensamiento racial catalán arrancan de la década de 1880, en plena Renaixença, con la aparición de los primeros estudios etnográficos y raciológicos de Sampere i Miquel, J. M. Batista i Roca y especialmente Pompeu Gener. Para el historiador, Joan- Lluís Marfany, uno de los mejores conocedores de este periodo, el catalanismo no se aparta de la pauta marcada por el resto de nacionalismo de finales del XIX, «el racismo los impregna a todos, como impregna toda la cultura de la época»…pero esta es otra historia de la que no queremos ni pensar, y nos reiteramos en nuestra postura de que los catalanes, son hermanos destacados de nuestra nación española, y no pueden ser considerados de otra forma si no españoles en origen y principios…toda idea en contra, resulta absurda, y toda iniciativa en contra, también…ningún español, sea de donde sea, puede y debe permitir el menosprecio de otro español nacido en Cataluña, pero al mismo tiempo, tampoco se debe tolerar la mentira y la manipulación. Cataluña es grande en sí misma, Cataluña no necesita que se invente su historia Cataluña no necesita que se adultere su trayectoria ni que se manche con manipulaciones su glorioso pasado, como parte de la Corona de Aragón, primero, y como parte de España después…Aquí tenemos algunos ejemplos, pero solamente unos pocos, pero hay más, muchos más… Es casi interminable la lista de personajes históricos catalanes del mundo de la cultura, de la política, héroes de guerra, etc.. que han protagonizado a lo largo de 500 años y de forma más que relevante hechos y acciones que han dejado una profunda huella en la historia del conjunto de la nación española. Y es que es indignante y muy penoso como el catalanismo intentando borrar, maquillar, obviar u omitir toda la verdadera historia catalana, ha conseguido que muchos catalanes no tengan ni idea de su verdadera identidad, y estando éstos engañados por la mentira nacionalista, están mancillando sin saberlo la memoria de sus antepasados.










Aingeru Daóiz Velarde.-






BIBLIOGRAFÍA


El Tratado de Corbeil.


Mentiras de la Historia. César Vidal.


Otra Historia de Cataluña. Marcelo Capdeferro.

Francisco caja. La raza catalana: El núcleo doctrinal del catalanismo.